El videochat
McGee disfrutaba de la situación, sino fuera cierto en
estos momentos estaría enojado y no sonriendo.
-¡Ni siquiera dije algo! – se quejó Tony. Ziva disimuló
una sonrisa. Y McGee sonrió internamente.
Tenía que aceptarlo, esa situación la disfrutaba en demasía
por muchas razones. La principal y más importante: alejar a Tony de las
mujeres… y hombres. El agente tenía que aceptar que sentía algo más que empatía
por su compañero de trabajo, lo había escondido en lo más profundo de su ser
durante mucho tiempo hasta aquel momento en el que el agente McCadden apareció
nuevamente en la vida de Tony.
Odiaba a ese tipo, tenía tantas cosas en común con Tony
y eso lo hacía sentirse deprimido. Se alegró enormemente cuando DiNozzo lo sacó
de su vida. Su felicidad no duró mucho, en pocos días el castaño tenía un nuevo
plan de conquista a través de un videochat.
McGee agradecía que uno de los efectos de su compañero fuera
el narcisismo. Siempre anunciando lo afortunado que era y lo que haría para
tener más conquistas. Tim se las ingeniaba para arruinar cada uno éstos.
Obviamente, el videochat incluido.
Lo que comenzó a disfrutar de pronto ya no lo hacía.
Podía ver a Tony deprimido todo el tiempo, su confianza en sí mismo disminuía
al grado de afectar mínimamente su trabajo. Eso fue lo último que pudo
soportar. Una tarde, en la cual DiNozzo le preguntó si había algo mal en él, Tim
no soportó la culpa.
-Lo siento, Tony. Tengo que confesarte algo – se
encontraban en el auto, vigilando al sospechoso.
-¿Me dirás que no valgo la pena y por eso nadie quiere
siquiera escuchar un “hola” de mi parte? – Tony tenía la mirada perdida hacia
el frente – Ni siquiera me dan la oportunidad de hablar, ven mi rostro y
cierran la página…
-Tony…
-¿Qué? – el agente lo vio fijamente.
-Programé tu computadora para que en cuanto entraras a
las entrevistas, éstas duraran menos de cinco segundos.
-¿Que tú hiciste qué? – Tony frunció el ceño.
-Lo siento, Tony.
-¿Por qué hiciste eso, prubie? – lo fulminó con la mirada.
-Porque… porque – McGee no le diría la verdad. No
soportaría la burla y sobre todo el rechazo de Tony - ¡Tony! ¡El sospechoso se
va!
-Esto no queda aquí, McGee – advirtió.
Ambos salieron detrás del sospechoso, tuvieron que
correr para alcanzarlo. Después de cinco minutos de carrera lograron
capturarlo.
El resto de la tarde, DiNozzo le aplicó la regla del hielo a su compañero, estaba
enfadado por la broma pesada que le había hecho, ¿Cómo se atrevía a inmiscuirse
en su vida de esa manera? Él no tenía la culpa que McGee no pudiera conseguir
citas como él lo hacía.
Tony volvió a entrar al sitio del chat – aprovechando
que su jefe no estaba y McGee había desbloqueado el sitio –. Ziva observó de
hito en hito a los dos agentes. DiNozzo sonreía abiertamente chateando con una
excelente propuesta, mientras McGee remataba con el teclado del ordenador. La
agente rodó los ojos.
-¡Es suficiente! – les gritó. Ambos agentes fruncieron
el ceño.
Dejen de hacerse los idiotas, es evidente que se
gustan, dejen de sus jueguitos tontos y…
-¿Estás borracha? – McGee preguntó.
-Me voy – anunció Tony – tengo una cita dentro de dos
horas.
-¡Qué novedad! – ironizó Tim.
-¿Escuchaste algo, Ziva? – ignoró. Agarró sus cosas y
salió de la oficina. La muchacha resopló.
-McGee…
-No estoy de humor – el agente también salió de la
oficina.
Ziva se dejó caer en la silla.
-¿Te das por vencida tan fácilmente, Ziva? – interrogó
Gibbs.
-¿Sabes lo que hay entre Tony y Tim?
-Todo el departamento lo sabe – Ziva parpadeó un par de
veces – el problema aquí es cómo manejar el asunto.
-¿Intervendrás?
-Sino lo hago, ambos comprometerán las misiones por sus
indiferencias.
-¿Cómo lo harás? – quiso saber.
Gibbs sonrió maliciosamente.
-Regla número 1.
Ziva alzó una ceja en son de duda.
*****
Tony detuvo su auto en las afueras del restaurante en
donde tenía su cita. Vio de reojo a su cita, quien ya estaba sentada en la mesa
de reserva. Vestía un sexy vestido entallado, resaltando sus dotes femeninos.
El cabello era rubio y lo tenía recogido con un prendedor. A simple vista era
la cita realmente sexy. Todo lo que un hombre cualquiera desearía. Sin embargo;
Tony no era cualquiera. Cuando se trataba de chicas era muy exigente. Debían de
cumplir ciertos requisitos para merecer una gran cita con Anthony DiNozzo. Y
esa mujer que lo esperaba, superaba sus estándares. Era completamente perfecta.
-¿Qué estás haciendo Anthony DiNozzo? – se preguntó a
sí mismo mientras negaba con la cabeza.
Ziva tenía razón. ¡Maldición! Sí que la tenía. La razón
por la que buscaba cada vez mujeres con buenos atributos era para poder olvidar
a su compañero de trabajo, McGee.
Había algo en ese agente que lo hacía perder los
estribos. Desde sus torpezas hasta sus conceptos complejos de informática que
sólo él mismo y Abby entendían.
Sabía que entre él y McGee no podía haber nada, eran
tan diferentes que tarde o temprano no solo podían perder una relación sino una
amistad que Tony considera como la única sincera que había tenido desde sus
tiempos de la universidad.
No. No podía arriesgar a McGee a tal situación, era
mejor alejarse de él. Por eso acudía a las citas por chats, coqueteaba con algunas
agentes, oficiales, sheriff o con quien le tocara trabajar. Lo mejor era
alejarse de McGee.
Su celular sonó. Tony frunció el ceño al ver que la
pantallita aparecía el nombre “Gibbs”.
*****
McGee se encontraba tumbado bocabajo en su cama
mientras repetía una y otra vez lo idiota que era. ¿Cómo pudo haber hecho algo así?
Esta vez se había propasado y con suerte Tony le hablaría nuevamente en 10 años.
-Tonto, tonto, tonto… - se dio contra la almohada.
En esos momentos, Tony estaría en su cita con una mujer
sexy y después de la cena seguramente irían al departamento de la chica a
concluir su gran cita con una sección de sexo.
Tim sintió vibrar su celular, alzó una ceja al
reconocer el número.
Al día siguiente, Tim se dirigió directamente hacia la
sala de interrogatorios. Gibbs le había ordenado interrogar a un sospechoso. En
cuanto entró a la sala y no vio a ningún sospechoso supo que algo no andaba
bien.
-Soy el agente especial Anthony DiNozzo… - el recién
llegado frunció el ceño - ¿Qué haces aquí?
-Voy a interrogar al sospechoso – respondió McGee.
-No, Gibbs me man… oh, esto me huele a…- se giró
rápidamente hacia la salida, la puerta estaba cerrada con llave – genial.
-¿Qué? ¿Qué pasa? – el castaño avanzó hacia la salida.
-Gibbs nos tendió una trampa – confesó el mayor – buen
truco jefe – aplaudió – ahora déjanos salir – se dirigió hacia el espejo.
Del otro lado de la sala, Abby entró con una caja de
palomitas.
-¿Me he perdido de algo? – le preguntó al mayor.
-Has llegado justo a tiempo – respondió Ziva por él.
-Genial – Abby les ofreció palomitas.
-No te escuchó – expresó McGee.
-Claro que me escuchó – gruñó – esto es tu culpa McGee.
-¿Mía? – Frunció el ceño - ¿Quién es el que se pone a
buscar citas en internet? ¿Quién es el que se la pasa todo el tiempo hablando
de su vida personal en lugar de trabajar?
Tony se cruzó de brazos, ceñudo.
-El único culpable eres tú, Tony – McGee se sentó, también
cruzándose de brazos.
Tony lo fulminó con la mirada.
-Esto es mejor que las novelas que pasan por el cable –
Abby sonrió.
-¿Mucho drama? – sugirió Ziva.
-Romance gay – a la gótica le brillaron los ojos. Ziva
alzó una ceja. Definitivamente nunca terminaría de entender a Abby Schiuto.
-¿Qué es lo que quiere, jefe? – Se rindió Tony, mirando
al espejo - ¿una disculpa?
Se dirigió hacia McGee.
-No es necesario – se apresuró a decir el novato.
-Tú eres el que se debe disculpar, no yo – Tony gruñó.
-Yo no tengo nada que decir – McGee se puso en pose de
negación – yo no he hecho nada malo.
-¿No? – Tony sonrió - ¿y qué fue lo que hiciste ayer
con mi ordenador?
-¡Tú le dijiste a todas las del departamento de
informática que era gay!
-¿Y? ¿Acaso no lo eres? – Tim se puso sonrojó.
-Eres un idiota, Tony – lo fulminó con la mirada – Tan
infantil… vas a quedarte soltero toda tu vida. Ni una mujer se interesará en
ti.
-¡Bien, bien! No me interesan las mujeres – confesó
enojado. McGee frunció el ceño. Descruzó los brazos.
-¿Qué dijiste? – interrogó.
-Nada – respondió, ceñudo.
-No te interesan las mujeres, eso has dicho – aclaró.
-Si escuchaste perfectamente para que preguntas –
gruñó.
-¿Quién te interesa, Tony? – Con el corazón en la mano,
y esperando tener suerte, McGee guardó esperanza.
-Nadie – le dio la espalda.
-¡Vamos, McGee! No te des por vencido – animó Abby
desde el otro lado del espejo.
Gibbs sonrió.
-Tony es muy terco, no creo que logre algo – reconoció
Ziva.
-Si hay alguien que puede hacerlo hablar, ese es Tim –
aseguró Abby.
-Tony… - el aludido le hizo una señal de silencio. Si
iban hablar sobre sus sentimientos no quería público.
-Boss… -
llamó.
Gibbs del otro lado del espejo comprendió.
-Fuera de aquí – ordenó.
-¿Qué? Comienza lo bueno, Gibbs – Abby se quejó.
El mayor les lanzó su mirada asesina. Ambas chicas no replicaron,
salieron del lugar, seguidas de Gibbs.
Tony suspiró largamente. Era el momento de decirlo. Se
enfrentó a McGee.
-McGee… Tim – se corrigió, el castaño lo miró fijamente
– eres un completo desastre.
-¿Qué? – parpadeó, confundido.
-Eres el novato más desastroso y el más comprometido
que he conocido – confesó – eres un nerd aburrido y gracioso, todo al mismo
tiempo.
-Si vas a seguir ofendiéndome…
-Déjame terminar – Tony estaba serio – con todos tus
defectos y virtudes, hay algo en ti que no he podido descifrar.
-¿Qué-qué cosa? – el novato podía sentir el corazón
bombardear sangre a todo lo que daba.
Tony se acercó, se acuclilló delante de él.
-¿Qué es lo que me hace quererte?
McGee abrió los ojos de par en par.
-Ya está – Tony lo miró fijamente – le he dicho – se
levantó.
Tim no despegó la mirada de la de Tony.
-¿También eres gay? – parpadeó.
DiNozzo rodó los ojos.
-¿De todo lo que te dije eso es lo que se te ocurre
preguntarme? – Tony se dio a golpes contra la pared.
McGee lo tomó de la mano, Tony se giró para estar
frente a él.
-También te quiero Tony – confesó.
DiNozzo lo miraba a los ojos. Tim no perdió el tiempo
en miradas, hizo lo que desde hace mucho tiempo había querido hacer. Besarlo.
*****
Abby se dejó caer en el escritorio de Tony.
-Ahora no
sabremos lo que pasará – se quejó.
-Probablemente Tony esté estrangulando a McGee –
aseguró Ziva.
-Ya son novios – expresó Gibbs.
-¿Cómo puedes asegurar una cosa así? – Abby se levantó,
con las manos en la cintura.
-Porque los estoy viendo – el mayor señaló hacia el
pasillo que conducía a la sala de interrogatorios.
DiNozzo y McGee venían tomados de la mano sonriendo
como nunca los habían visto sonreír.
-Gibbs, definitivamente eres todo un cupido – Abby le guiñó
un ojo.
El mayor frunció el ceño.
-¿Acaso no hay trabajo qué hacer? – gritó, cuando la
feliz parejita llegó con ellos.
Todos se movilizaron para hacer lo que tenían
pendiente. Gibbs echó un vistazo hacia sus agentes. Tony sonreía mientras hacía
algunas llamadas y McGee tenía un brillo especial en sus ojos mientras tecleaba
en la computadora.
-Cupido… - susurró, sonriendo.
FIN
17 OCTUBRE 2013
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