Efímero
Capitulo I. “Me pasan cosas”
Solo
basta un momento, un parpadeo, un descuido para que tu vida cambie en un
instante. Eso lo he aprendido a la mala. Mi madre, tan joven tan bella y tan
amorosa… un instante bastó para perder todo eso cuando se interpuso entre el
automóvil que iba directo hacia mí y ocasionara su muerte instantánea. Un
parpadeó y mi padre ya no estaba frente a mi sino yéndose al lado de otra
persona, abandonándome con mis abuelos porque simplemente no pudo perdonarme el
hecho que por mi culpa mi madre haya muerto. Un segundo de vacilación me costó
el estar encerrado en el correccional de menores. Solo un día bastó para
aceptar que estaba enamorado de otro chico.
Sucedió
en el instituto. Tenía diecisiete años. Fue una tarde de noviembre, era domingo
y podíamos salir a donde quisiéramos (si contábamos con el permiso de los
padres, en mi caso, de mis abuelos). No me uní a la salida de mis compañeros.
Estaba bastante cansado de escuchar las mismas conversaciones de Calum, siempre
hablando de su novia. Que un día sí la quiera y al otro día la odiaba. También
estaba harto del repentino interés de Abigail hacia mí. Su presencia era peor
que la lepra. Que no sé cómo sería eso, pero supongo que es algo horrible.
Necesitaba
estar a solas, reflexionar en lo que haría de mi futuro. Un año más y ya sería
mayor de edad, también entraría a la universidad. Me fui al único lugar en
donde me sentía realmente tranquilo y libre. El parque abandonado. Estaba a
unas cuantas cuadras del instituto. Un tiempo atrás era muy popular, familias
venían a pasar su tiempo libre, pero un incidente un año atrás hizo que todo el
atractivo del parque se esfumara. Ya nadie venía. O casi nadie…
No
me sorprendió encontrarme a Ashton Irwin, él también suele visitar este parque.
Por alguna extraña –y a mi parecer, retorcida– razón le encantaba estar frente
a ese lago, alimentando a los patos. A los cuales, según tenía entendido, les temía.
-Hola,
Michael – me saludó – bienvenido.
Tomó
un poco más del alimento que traía en una bolsa y lo arrojó al lago, sin
siquiera molestarse en girar para comprar que, efectivamente, era yo quien
había llegado hasta su lado. Había algo en él que me desconcertaba y no era
precisamente su mirada multicolor (sus iris eran de color entre avellana y
verde), sus pies descalzos (¡Porqué demonios estaba descalzo!), sus enormes
manos o su sonrisa ganadora de premios acompañada de hoyuelos.
Por
una milésima de segundo me olvidé a qué iba a ese lugar y eso bastó para caer
en desgracia. Tal vez exagero, pero así lo siento ahora mismo.
-¿Por
qué lo haces?
En
verdad quería saberlo, ¿Por qué esa actitud masoquista hacia esas criaturas que
le causan pavor? ¿Por qué el caminar descalzo? ¿Por qué sus manos son enormes?
Él
me envió su mirada multicolor, era la primera vez que me veía directamente. Dio
un par de pasos y ya estaba a un palmo de mí. “Muévete” me decía una y otra vez –no toleraba el contacto físico en
ese entonces– y aun así, no me moví. Tal vez fue esa mirada multicolor, quizás
las diminutas pecas que adornaban sus mejillas, probablemente esa sonrisa
ladeada. No lo sé. Él me dio un suave apretón en mi mano derecha, solo tardó un
segundo en hacer esa acción.
Segundo
en el cual mi corazón latió más rápido de lo necesario, en mi estómago hubo una
lucha de pirañas (o esa fue me impresión), sentí un calorcito desconocido en
mis mejillas, incluso me sentí mareado.
-¿Y
por qué no?
Se
giró y volvió a alimentar a los patos.
Y
ahí me quedé, parado como un idiota, incluso minutos después de que él se
fuera. No pude quitarme esa mirada multicolor de la mente.
Ese
día hubo algo que no supe explicarme, algo que me cambió, que me hizo sentir
diferente, no ser yo mismo. Y detestaba no ser yo.
Los
días siguientes fueron los más horribles de mi vida. Me pasaban cosas que no comprendía,
él estaba en todo lo que pensaba, soñé despierto con su mirada. En una ocasión
él venía caminando (descalzo) hacia mi dirección y entré en pánico. Me metí en
el aula más cercana para evitarlo. Esa acción me costó una detención con el
profesor Vargas, todo por haberme negado a salir del aula y así encontrarme
con… él.
Me
sentí frustrado, nada tenía sentido. Anterior a ese incidente podía andar como
si nada pero ahora con solo verlo me sentía asustado, temeroso, huía
literalmente de él. Evitaba estar cerca de esa mirada hazel porque no quería
sentirme como lo hice ese día, y aun así, me sentía igual o peor… por no
mirarlo.
Al
parque abandonado dejé de ir, ese lugar estaba maldito. ¡Fue el causante de
todo!
-…
a Ashton… - mi cerebro se conectó a la realidad al escuchar a Calum.
-¡No!
– Abigail rompió a carcajadas - ¿Hemmings y Ashton? Entonces, ¿son novios o
algo así?
-¡¿Qué?!
– todas las miradas se posaron en mí, me sentí extraño, fingí demencia y así
lentamente las miradas de mis amigos dejaron de verme.
-Bryan
está de testigo – Calum siguió con la conversación.
-Entonces,
Hemmings y Ashton irán juntos al baile de fin de año, wow.
Gruñí.
Mi
odio hacia él aumentó. No solo bastó con traicionarme ese día. La razón por la
que el parque fue cerrado fue porque un par de idiotas fueron a experimentar
con fuegos pirotécnicos. La cosa se puso fea y el parque terminó incendiado.
Ese par de idiotas fuimos Hemmings y yo. La idea original fue de él. Un minuto
le bastó para convencerme que sería “genial” probar el producto que recién le
habían regalado por navidad. Ese chistecito nos costó tres meses de servicio
social y un antecedente en la correccional de menores.
Estúpido,
Hemmings.
No
solo bastó embarrarme en su estupidez, sino que ahora invita a Ashton al baile,
seguramente quiere que le envíe esa mirada multicolor tal como lo hizo conmigo.
-¿Estas
bien, Mike? – parpadeé un par de veces, Calum se encontraba frente a mí,
ninguna señal de los demás.
-¿Sabes?
Si no te conociera diría que al fin sucedió “eso”.
-¿”Eso”?
– fruncí el ceño.
Él
sonrió y se fue dejándome más confundido.
Fui
el último en salir de la cafetería, con las manos en los bolsillos pensando en
lo que podría significar “eso”, que según Calum, ya me había pasado, no tardé
mucho en descifrarlo, solo bastó un segundo de distracción para chocar con
alguien… y no cualquier “alguien”. Era él.
Estaba
frente a mí, con su mirada multicolor, con las mismas pecas, con sus enormes
manos, con los mismos pies descalzos - ¿mismos pies descalzos? Estoy grave – ahí
estaba él.
-Lo
siento – sonrió con hoyuelos en sus mejillas.
Me
quedé mudo, me faltó la respiración y aun así, mi corazón palpitó rápidamente,
las pirañas volvieron por el segundo raund. Él ya se había ido y seguí ahí de
pie, como idiota, nuevamente.
Jamás
me detuve a pensar en mi orientación sexual. Hasta ese entonces, había tenido
solo un par de besos con Abigail y fue porque ella me lo pidió. Y solo eso. No
me había interesado nadie. Hasta ese momento. Cuando me topé con su mirada
multicolor, con sus diminutas pecas, con sus pies descalzos, con su sonrisa con
hoyuelos. Entonces lo comprendí, supe qué era lo que me ocurría. Él era el
culpable, él era el responsable de lo que me ocurría.
Él
me disparó sin piedad con su flecha enamorada*
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Nota:
Hace referencia a la canción "Mi chica adorada" de Chiquititas.
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