jueves, 22 de septiembre de 2016

Capitulo uno. Me pasan Cosas



Efímero

Capitulo I. “Me pasan cosas”



Solo basta un momento, un parpadeo, un descuido para que tu vida cambie en un instante. Eso lo he aprendido a la mala. Mi madre, tan joven tan bella y tan amorosa… un instante bastó para perder todo eso cuando se interpuso entre el automóvil que iba directo hacia mí y ocasionara su muerte instantánea. Un parpadeó y mi padre ya no estaba frente a mi sino yéndose al lado de otra persona, abandonándome con mis abuelos porque simplemente no pudo perdonarme el hecho que por mi culpa mi madre haya muerto. Un segundo de vacilación me costó el estar encerrado en el correccional de menores. Solo un día bastó para aceptar que estaba enamorado de otro chico.

Sucedió en el instituto. Tenía diecisiete años. Fue una tarde de noviembre, era domingo y podíamos salir a donde quisiéramos (si contábamos con el permiso de los padres, en mi caso, de mis abuelos). No me uní a la salida de mis compañeros. Estaba bastante cansado de escuchar las mismas conversaciones de Calum, siempre hablando de su novia. Que un día sí la quiera y al otro día la odiaba. También estaba harto del repentino interés de Abigail hacia mí. Su presencia era peor que la lepra. Que no sé cómo sería eso, pero supongo que es algo horrible.

Necesitaba estar a solas, reflexionar en lo que haría de mi futuro. Un año más y ya sería mayor de edad, también entraría a la universidad. Me fui al único lugar en donde me sentía realmente tranquilo y libre. El parque abandonado. Estaba a unas cuantas cuadras del instituto. Un tiempo atrás era muy popular, familias venían a pasar su tiempo libre, pero un incidente un año atrás hizo que todo el atractivo del parque se esfumara. Ya nadie venía. O casi nadie…

No me sorprendió encontrarme a Ashton Irwin, él también suele visitar este parque. Por alguna extraña –y a mi parecer, retorcida– razón le encantaba estar frente a ese lago, alimentando a los patos. A los cuales, según tenía entendido, les temía.

-Hola, Michael – me saludó – bienvenido.

Tomó un poco más del alimento que traía en una bolsa y lo arrojó al lago, sin siquiera molestarse en girar para comprar que, efectivamente, era yo quien había llegado hasta su lado. Había algo en él que me desconcertaba y no era precisamente su mirada multicolor (sus iris eran de color entre avellana y verde), sus pies descalzos (¡Porqué demonios estaba descalzo!), sus enormes manos o su sonrisa ganadora de premios acompañada de hoyuelos.

Por una milésima de segundo me olvidé a qué iba a ese lugar y eso bastó para caer en desgracia. Tal vez exagero, pero así lo siento ahora mismo.

-¿Por qué lo haces?

En verdad quería saberlo, ¿Por qué esa actitud masoquista hacia esas criaturas que le causan pavor? ¿Por qué el caminar descalzo? ¿Por qué sus manos son enormes?

Él me envió su mirada multicolor, era la primera vez que me veía directamente. Dio un par de pasos y ya estaba a un palmo de mí. “Muévete” me decía una y otra vez –no toleraba el contacto físico en ese entonces– y aun así, no me moví. Tal vez fue esa mirada multicolor, quizás las diminutas pecas que adornaban sus mejillas, probablemente esa sonrisa ladeada. No lo sé. Él me dio un suave apretón en mi mano derecha, solo tardó un segundo en hacer esa acción.

Segundo en el cual mi corazón latió más rápido de lo necesario, en mi estómago hubo una lucha de pirañas (o esa fue me impresión), sentí un calorcito desconocido en mis mejillas, incluso me sentí mareado.

-¿Y por qué no?

Se giró y volvió a alimentar a los patos.

Y ahí me quedé, parado como un idiota, incluso minutos después de que él se fuera. No pude quitarme esa mirada multicolor de la mente.

Ese día hubo algo que no supe explicarme, algo que me cambió, que me hizo sentir diferente, no ser yo mismo. Y detestaba no ser yo.

Los días siguientes fueron los más horribles de mi vida. Me pasaban cosas que no comprendía, él estaba en todo lo que pensaba, soñé despierto con su mirada. En una ocasión él venía caminando (descalzo) hacia mi dirección y entré en pánico. Me metí en el aula más cercana para evitarlo. Esa acción me costó una detención con el profesor Vargas, todo por haberme negado a salir del aula y así encontrarme con… él.

Me sentí frustrado, nada tenía sentido. Anterior a ese incidente podía andar como si nada pero ahora con solo verlo me sentía asustado, temeroso, huía literalmente de él. Evitaba estar cerca de esa mirada hazel porque no quería sentirme como lo hice ese día, y aun así, me sentía igual o peor… por no mirarlo.

Al parque abandonado dejé de ir, ese lugar estaba maldito. ¡Fue el causante de todo!

-… a Ashton… - mi cerebro se conectó a la realidad al escuchar a Calum.

-¡No! – Abigail rompió a carcajadas - ¿Hemmings y Ashton? Entonces, ¿son novios o algo así?

-¡¿Qué?! – todas las miradas se posaron en mí, me sentí extraño, fingí demencia y así lentamente las miradas de mis amigos dejaron de verme.

-Bryan está de testigo – Calum siguió con la conversación.

-Entonces, Hemmings y Ashton irán juntos al baile de fin de año, wow.

Gruñí.

Mi odio hacia él aumentó. No solo bastó con traicionarme ese día. La razón por la que el parque fue cerrado fue porque un par de idiotas fueron a experimentar con fuegos pirotécnicos. La cosa se puso fea y el parque terminó incendiado. Ese par de idiotas fuimos Hemmings y yo. La idea original fue de él. Un minuto le bastó para convencerme que sería “genial” probar el producto que recién le habían regalado por navidad. Ese chistecito nos costó tres meses de servicio social y un antecedente en la correccional de menores.

Estúpido, Hemmings.

No solo bastó embarrarme en su estupidez, sino que ahora invita a Ashton al baile, seguramente quiere que le envíe esa mirada multicolor tal como lo hizo conmigo.

-¿Estas bien, Mike? – parpadeé un par de veces, Calum se encontraba frente a mí, ninguna señal de los demás.

-¿Sabes? Si no te conociera diría que al fin sucedió “eso”.

-¿”Eso”? – fruncí el ceño.

Él sonrió y se fue dejándome más confundido.

Fui el último en salir de la cafetería, con las manos en los bolsillos pensando en lo que podría significar “eso”, que según Calum, ya me había pasado, no tardé mucho en descifrarlo, solo bastó un segundo de distracción para chocar con alguien… y no cualquier “alguien”. Era él.

Estaba frente a mí, con su mirada multicolor, con las mismas pecas, con sus enormes manos, con los mismos pies descalzos - ¿mismos pies descalzos? Estoy grave – ahí estaba él.

-Lo siento – sonrió con hoyuelos en sus mejillas.    

Me quedé mudo, me faltó la respiración y aun así, mi corazón palpitó rápidamente, las pirañas volvieron por el segundo raund. Él ya se había ido y seguí ahí de pie, como idiota, nuevamente.

Jamás me detuve a pensar en mi orientación sexual. Hasta ese entonces, había tenido solo un par de besos con Abigail y fue porque ella me lo pidió. Y solo eso. No me había interesado nadie. Hasta ese momento. Cuando me topé con su mirada multicolor, con sus diminutas pecas, con sus pies descalzos, con su sonrisa con hoyuelos. Entonces lo comprendí, supe qué era lo que me ocurría. Él era el culpable, él era el responsable de lo que me ocurría.

Él me disparó sin piedad con su flecha enamorada*

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Nota: 
Hace referencia a la canción "Mi chica adorada" de Chiquititas.



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