Obsesión
Capitulo Catorce:
El Pacto Mágico
Blaise estaba en una especie de shock por lo recién ocurrido,
vio cómo su Bilius salía del salón detrás de la directora, y luego a Morseferth
enviándole una sonrisa de autosuficiencia de manera cómplice.
-Maldito Morseferth… – murmuró con profundo odio.
Justo en esos momentos Theo se sentó frente a él.
-Ron no lo hizo, estuve en la oficina del profesor
hoy, además lo conocemos bien, él jamás haría eso.
-Es verdad – coincidió Draco, sentándose a un lado de
Theo – no creo que Ron lo haya robado.
-Eso lo sé – dejó salir fastidiado – sé que Bilius no
lo hizo, no tienen por qué decirme nada – y sin más el Slytherin salió del aula
dejando a sus amigos sorprendidos.
-¿Por qué tengo la sensación de que Blaise nos está ocultando
algo? – preguntó con el ceño fruncido el rubio.
-Porque lo es – confirmó Nott – y lo viene haciendo
desde hace tiempo, yo creía que eran alucinaciones mías, ya sabes, porque no dormía
y eso, pero después de mi incidente, lo pude ver más claro.
-Entonces, Blaise…
-No estoy muy seguro – dejó salir sinceramente –
además, necesito otra opinión para lo que estoy pensando.
-Si tus pensamientos involucran al profesor Morseferth,
Ron y Blaise – opinó Draco – creo que pensamos algo parecido.
-Draco… - Theo miró directamente a su amigo rubio – descubrí
algo en la oficina del profesor y creo que no es buena señal.
-¿Qué descubriste? – preguntó bruscamente el rubio.
-No te lo puedo decir aquí, nos vemos en la hora del
descanso en nuestra habitación.
-Bien – confirmó no muy convencido el menor de los
Malfoy.
-Chicos – llamó Harry al llegar a su lado – sé lo que
parece, pero Ron no…
-Lo sabemos – le reconfortó Draco dándole un casto
beso en los labios, ganándose una sonrisa sincera del ojiverde.
[…]
[Blaise Zabini]
¡Maldito Morseferth!
Voy directamente a su oficina, esto no se va a quedar
así.
-¡Morseferth! – grito en cuanto estuve dentro de ésta,
pero no veo a nadie.
Pateo el cesto de basura que está cerca del
escritorio, esparciendo todo su contenido en la oficina del idiota de Francis.
Camino de un lado a otro de manera desesperante ¿Cuándo piensa venir? Detengo
mi caminata cuando observo algo peculiarmente familiar, camino hasta donde hay un
pedazo de fotografía tirada en el suelo (al parecer estaba en el cesto que
patee un momento atrás) y la contemplo detenidamente, hay un chico rubio
sonriéndome arrogantemente…
-¡Es Draco…! - murmuro algo desconcertado.
¿Qué demonios hace un pedazo de foto de Draco aquí?
¡Un momento! conozco esta foto, si mal no lo recuerdo, Draco llevaba esta misma
ropa cuando nos la tomamos saliendo de la primera reunión de la Orden del Fénix
¿Dónde quedó la otra parte? Y, ¿cómo demonios llegó esta foto aquí? solo
existen tres copias de esta foto, la de Draco, la Theo y la mía.
-Sabía que te encontraría aquí – reconozco esa voz al
instante.
-¡Usted! – Gruño lanzándome hasta donde está
Morseferth - ¡¿Por qué demonios inculpó a Bilius?!
-No sé de qué me hablas – dice descaradamente.
-¡Sabe muy bien de lo que hablo! – le reclamo,
empujándolo con fuerza.
-Blaise…
Su tono de voz es peligrosa y en menos de un segundo
me veo contra la pared, Francis me tiene atrapado, estoy de espaldas a él
tratando de zafarme, pero es inútil.
-Te dije muy bien qué era lo que pasaría si me
desobedecías, ¿cierto? – me dice soltándome, me doy la vuelta lentamente – en
estos momentos McGonagall está hablando con el idiota de tu Bilius, pero al
final está mi decisión, si yo quiero, queda libre solo con un simple castigo, y
si no (que es lo más probable) quedará expulsado, sin ninguna oportunidad de encontrar
algún trabajo decente porque yo mismo me encargaré de que no lo consiga – lo dice
tan complaciente el idiota, sé que puede hacer todo eso que dice y mucho más,
también sé que es lo que quiere que haga. La pregunta es ¿yo quiero hacerlo?
Claro que no, pero esa respuesta no es ninguna opción.
-Haré lo que sea, pero no haga que lo expulsen, por
favor, se lo juro estaré aquí todas las veces que quiera, a la hora que quiera
y me dejaré hacer lo que sea, pero deje en paz a mis amigos, a Bilius, a mi
madre – prácticamente se lo estoy suplicando ¿Qué más quiere?
-Eso no es suficiente, ya me habías dicho eso antes y
no lo cumpliste, me estás dando solo tu palabra y eso sinceramente ya perdió valor
– Hay un brillo de maldad pura en sus ojos.
-¡No haré ningún maldito Juramento Inquebrantable! –
le reclamo desconforme y temo que se enoje y haga expulsar a Bilius.
-No, por supuesto que no, esto es algo mucho mejor. Haremos
un ‘Pacto Mágico’.
[…]
Cuando Draco entró a su habitación, no encontró a
nadie. Se estaba poniendo nervioso ¿Qué encontraría Theo en las habitaciones
del profesor? Él también tenía sus propias hipótesis y ninguna le agradaba.
-Blaise, ¿en qué andas metido? – dejó salir
preocupado, sentándose en su cama. Se escucharon algunos pasos y en seguida
Theodore entró a la habitación.
-Aún no sale Ron de con McGonagall – comunicó en
cuanto se sentó en la orilla de su propia cama – y no encontré a Blaise…
-Yo tampoco – coincidió Draco – se me ocurre un lugar,
pero…
-A mí también: la oficina de Morseferth – dejó salir
el castaño mordiéndose el labio inferior.
-¿Crees que el profesor lo tenga amenazado o algo así?
– expresó su sospecha sin miramientos.
-Sospecho que algo hay entre ellos y no es nada bueno
– dijo Theo preocupado – ¿Recuerdas todas esas veces que Francis iba a mitad de
las clases y lo sacaba de ellas?
-Sí, también en las rondas de prefectos varias veces
se lo llevó.
-Y en las horas de los descansos – concluyó Theo –
pero, para ¿qué?
-No lo sé – dijo sinceramente.
-¿Crees que Ron sabe algo? – preguntó Theo
distraídamente.
-Quizás… - ambos se sumieron en un mudo silencio – Y, ¿qué
fue lo que encontraste en la oficina de Morseferth? – preguntó, rompiendo el
silencio.
-Esto – le respondió Theo dándole su libro de DCAO, el
rubio enarcó una ceja en son de duda – ábrelo.
Draco abrió el libro con el ceño ligeramente fruncido,
cuando lo hizo se encontró con una foto que él conocía perfectamente, solo que
algo no cuadraba.
-¿Por qué partiste la foto? O mejor dicho ¿Por qué me
rompiste de la foto?
-Yo no lo hice, Draco. Esa foto ya estaba así, además
no es mi copia, yo la tengo en este cajón – dicho esto, el castaño se dirigió a
su buró y sacó la foto a la que se refería, Draco la tomó en sus manos observando
a tres chicos sonrientes que lo saludaban.
-Pues, tampoco es la mía – reconoció mientras señalaba
su propia copia, que estaba enmarcada y colgada a un lado de su cama – entonces,
es la de ¿Blaise?
-La pregunta es, cómo llegó a mi libro y por qué
demonios esta rasgada.
[…]
-Un… ¿Pacto Mágico? – preguntó Blaise perplejo y
receloso.
-Así es, es parecido al Juramento Inquebrantable, con la diferencia de que con éste no te
mueres, pero sí hay ciertas repercusiones… - dejó salir sin importancia
Francis.
-¿Cómo cuáles? – interrogó Blaise, rápidamente.
-Un simple dolor, desmayo, cosas mínimas – volvió a no
darle importancia, Blaise sí se las daba, después de todo el perjudicado sería
él – decídete Blaise, no tengo todo el día – presionó el mayor.
-Bien – aceptó, después de unos momentos – acepto el
Pacto – Morseferth sonrió sutilmente, con un brillo especialmente triunfante en sus ojos.
-Blaise Zabini – comenzó a recitar Morseferth – estás
de acuerdo que al aceptar este Pacto Mágico, estas aceptando hacer todo lo que
yo te pida, decir todo lo que te diga y cumplir con todo lo que te ordene sin
poner resistencia o pedir nada a cambio – Blaise iba a protestar en lo último
pero el rubio se le adelantó – con el único propósito que yo no les haré ningún
daño a Ronald Weasley, Theodore Nott, Draco Malfoy, Rose Zabini…
-Neville Longbottom y Harry Potter – Agregó Blaise,
por si acaso.
-Neville Longbottom y Harry Potter – agregó de mala manera
– pero en cuanto a la mínima sospecha que pongas resistencia, este Pacto se
anula. Tanto tú como los involucrados que fueron mencionados anteriormente, sufrirán
las consecuencias – le extendió la mano para cerrar el Pacto.
-Acepto – dijo seguro dándole la mano al mayor, en
cuanto lo hizo, un calor inundó todo su cuerpo momentáneamente.
-Muy bien – Francis sonrió, soltando su mano – en unos
momentos iré con McGonagall a decirle que no expulse al Gryffindor ese.
-Me parece bien – dejó salir Blaise.
-Pero antes, hay que hacer uso del Pacto ¿no? – El
chico agrandó los ojos – en cuanto el pelirrojo
idiota regrese de la oficina de la directora, vas a ir con él y… terminarás
su relación.
-¿Qué? – parpadeó nervioso.
-Sí, lo dejarás, lo botarás, terminarás con él o como
quiera que le llamen ahora en día. Le dirás que no quieres estar con él por ser
un… vil ratero – el Slytherin tragó
saliva ¿terminar con Bilius? – seguramente tratará de explicarte que él no robó
nada. Entonces, tú le dirás que no le crees
nada que es su palabra con la mía, y
si se pone muy pesado (que seguramente lo hará) le dirás que estás enamorado de
alguien más.
-No… - murmuró bajito, apenas consciente.
-Escuche un NO,
¿acaso? – Gruñó Francis y el moreno le lanzó una mirada de súplica, el mayor
jamás accedería a esa muda petición, Blaise negó con la cabeza, rindiéndose –
eso creí.
Francis avanzó hacia él, con una de sus manos acarició
la mejilla del chico, por la cual resbala una lagrima.
-Eres mío de
ahora en adelante Blaise, no lo olvides
– le susurró al oído.
Blaise apretó fuertemente sus manos formando un puño.
Se odiaba, se repudiaba, pero al menos sus amigos estarían a salvo…
-No le dirás nada a nadie de lo que ha pasado entre
nosotros – Le ordenó Francis mientras acariciaba un mechón de su cabello, se
acercó más hasta unir sus labios. Comenzó con un beso suave, luego se tornó a
uno más salvaje, adoraba el sabor del chico y esos tres largos días que no lo
tuvo con él lo extrañó de verdad. Después de varios segundos más se separó de
él – eres realmente delicioso – jadeó
– ahora ve a preparar tu discurso para el idiota
pelirrojo.
Francis se dirigió hacia la salida, se detuvo al pie
de la puerta.
-Estaré ahí cuando hables con él, no me verás, pero
ahí estaré. Será un verdadero placer,
ver cómo haces sufrir al idiota pelirrojo.
Blaise estaba inmóvil y aterrado, esta vez no había
marcha atrás, si quería que no le pasara nada malo a nadie tenía que cumplir
con todo lo que Francis le pidiera, aunque eso también incluyera dejar libre a
Bilius.
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