~Editado.
Obsesión
Capitulo Trece:
Celos
[Blaise Zabini]
Me siento muy feliz, han transcurrido
tres días desde que me he negado a estar con el estúpido de Francis, sé que
está enojado y que en cualquier momento se va a vengar, aunque es extraño que
aún no lo haga. Eso me hace pensar que solo eran palabras de él y me alegra,
porque mi madre, mis amigos y mi lindo Bilius estarán bien.
Theo y Neville más relajados y más
unidos que nunca. Incluso Harry y Draco, sobre todo a mi amigo rubio, al
parecer le hizo muy bien el aceptar su sentimientos por aquel Gryffindor, lo
noto más animado que de costumbre y me
alegro.
No puedo evitar sentirme protector
hacia ellos, como ya lo había dicho antes, me siento responsable por ellos, soy
el mayor de los tres y es como si ambos fueran mis hermanos menores.
-¿Qué tal si practicamos esos hechizos
que nos dejó McGonagall? – propone mi novio.
-¿Ahora? – Dejo salir con un puchero, estoy
muy a gusto recostado sobre él – de acuerdo – digo al fin incorporándome
lentamente - ¿Cuáles eran los hechizos?
-No lo sé, practiquemos de todo.
-Bien – busco a mi alrededor, no será
difícil encontrar algo con qué practicar, después de todo estamos en el jardín.
Veo una pequeña rana acerándose a nosotros - ¡Accio rana! – digo apuntando al
anfibio pero no se mueve. Frunzo el ceño - ¿no hice bien el movimiento de mano?
-Creo que, no – me responde extrañado –
vuelve a intentar.
-Bien, ¡Accio rana! – nada ¿pero qué…?
-¡Accio rana! – invoca mi lindo Bilius y la rana llega
directamente a nosotros. Ambos nos miramos extrañados – prueba con otro hechizo
– deja la rana frente a mí.
-Wingardium Leviosa – Tengo la ligera
sospecha que mi varita tiene algo, porque la maldita rana sigue como si nada - ¡Wingardium Leviosa! – grito, pero aun así
la rana sigue como si nada.
-¡Wingardium Leviosa! – Dice mi novio y
a la rana se le ocurre levitar - ¿tiene algo tu varita? – pregunta observando
mi varita con el ceño fruncido.
-No lo sé… ¡Finite Incantatem! – casi
me arrepiento de haber hecho ese hechizo, salgo expulsado hacia atrás.
-¡Blaise! – escucho gritar a mi novio.
Simplemente me sobo el pequeño chichón que me ha salido en la cabeza.
-¡¿Qué demonios?! – pregunto confundido
desde el suelo.
-Se supone que ibas a liberar a la
rana, no asesinarla – me dice con una gran sonrisa – la pobre también fue expulsada por el hechizo.
No le contesto, solo me incorporo y él
me ayuda ¿Qué demonios me pasó?
-Hola, chicos - nos saluda una voz muy
conocida ¿ahora qué?
-Hola profesor – saluda como siempre mi
novio, pero esta vez lo noto distinto.
-Blaise ¿podrías acompañarme? – me pide
Francis ¿Cuándo entenderá que no quiero nada de él?
-Pues… verá – esta vez no me da tiempo
de darle una excusa, me toma del brazo muy fuerte.
-Señor Weasley, usted puede irse
adelantando a su clase, Blaise y yo tenemos algo importante de qué hablar.
-Está bien – mi novio se dirige al
castillo, mientras yo estoy siendo prácticamente arrastrado hacia el Bosque Prohibido.
[…]
En cuanto Ron escuchó aquella voz, pudo
sentir cómo su novio se ponía nervioso y eso no hizo más que confirmar sus
sospechas con aquel extraño profesor. Francis había dicho que iban a hablar de
un asunto muy importante, pero
entonces ¿Por qué miraba a su novio de una manera lasciva? O ¿era su
imaginación? La cual desde hace tres días le estaba dando lata, se imaginaba muchas teorías de lo que podía ocurrir con su
novio y su profesor y por más que quiso descartar una idea disparatada, era la
que más le rondaba en su mente: ¿y si Blaise y su profesor eran algo más que
padrastro e hijo? Él jamás dudaría de Blaise, pero entonces ¿Por qué su
profesor lo buscaba a cada rato? Antes de esos tres días, lo buscaba e incluso
lo sacaba de clases y tardaban para regresar. El pelirrojo no podía evitar
imaginarse a su Blaise con ese profesor.
Y luego, lo de hace unos minutos atrás,
prácticamente el profesor lo había corrido de los jardines, y si… ¿los seguía? Así
de una vez sabría qué traían entre manos, porque no era normal que ahora Blaise
lo evitara todo el tiempo ¿no?
Sí, los seguiría. Y esperaba que sus
sospechas no fueran ciertas.
[…]
Francis arrastró al Slytherin a las
orillas del Bosque Prohibido, para los planes que traía en mente, ese no era buen lugar, así que trató de
adentrarse más.
-¡Suélteme! – exigió el moreno tratando
de zafarse del agarre de su profesor, pero Francis no tenía intensión de
soltarlo.
-¡Ni creas que te salvas de ésta! Estos
tres malditos días han sido una tortura para mí – le dijo pegándolo a un árbol,
atrapándolo con sus manos.
-¡Qué lástima! – respondió Blaise,
irónico – como si los míos antes de ésos
hubieran sido precisamente el paraíso.
-Te haré disfrutar tanto que te sentirás
en él – le susurró, besándolo en el cuello.
-¡No! – Blaise trató, inútilmente, zafarse
del rubio. No pudo evitar reprimir un gemido de dolor cuando Francis le mordió
el cuello.
-Tan delicioso… - le susurró al oído. Lo besó en la boca salvajemente,
mientras sus manos viajaban a través de su cuerpo.
El Slytherin sintió cómo el mayor comenzaba
a frotar su cadera en él, la hombría del profesor comenzó a tomar fuerza. En un
momento de desesperación, Blaise, le dio una patada, no supo exactamente en qué
lugar, pero hizo que el mayor cayera de dolor. El Slytherin no se lo pensó dos
veces, salió corriendo del lugar y no paró hasta llegar a un lugar seguro y muy
lejos de él.
-Esto… no se queda así… Blaise – dijo
entrecortadamente Morseferth – Me encargaré de que tú solo vuelvas a mí.
[…]
-¿Todo bien? – preguntó Ron a su novio,
quien estaba sentado a su lado.
-Sí, ¿Por qué?
-¿Qué era lo que te quería decir el
profesor? – No pudo contener su curiosidad, después de todo no tuvo el valor de
ir a espiarlos.
-Emh, pues, sobre mi madre – jugaba con
la comida, a pesar de ser la hora de la comida, había perdido el apetito.
-¿Qué tienes en el cuello? – Ron
frunció el ceño al ver una marca roja.
-Nada – se apresuró a decir, tratando
de ocultarlo, acción que hizo desconfiar al Gryffindor.
-Hola, chicos.
Blaise agrandó los ojos, dejó caer la
cuchara que iba camino a su boca.
“¿Ahora qué?”
-Hola profesor – saludaron los otros
chicos.
-Qué curioso el encontrarlos aquí… - Francis
observó a Draco y Theo al verlos sentados con sus respectivos novios – Debo recordarles
que cada casa tiene su propia mesa, así que espero que a la hora de la cena
estén en la suya.
-Sí, profesor – respondieron los
Slytherin.
-Por cierto, Señor Nott – el aludido lo
miró fijamente. Blaise se tensó – Recuerdo que en una ocasión usted me dijo que
había perdido su libro de DCAO.
-Sí.
-Lo encontré entre mis cosas, aun no sé
cómo llegó ahí – fingió sorpresa, Blaise
no le creyó ni una palabra.
-Entonces, ¿usted lo tiene?
-Sí, lo tengo en mi oficina, ¿vamos de
una vez por él?
-Claro – Theo se levantó de su lugar.
-¡NO! – Blaise gritó, levantándose rápidamente
y asustando a sus amigos – Digo, ya casi comienza la clase ¿Por qué, no…?
-Por eso mismo, para que no llegue
tarde a su clase. Vamos Theo – presionó el rubio.
El castaño lo siguió, Blaise vio cómo
su profesor tomaba a su amigo del hombro mientras lo conducía hacia las
mazmorras.
Desde que Theo se había recuperado,
pareciera que sus manías por fin se
hubieran evaporado, ya no se sentía tan paranoico,
hasta ya le caía mejor su profesor.
[…]
[Blaise Zabini]
¡Por Salazar!
¿Cómo no lo vi venir? ¡Ese idiota se
acaba de llevar a Theo! Nada de casual
hay en la vida de ese idiota, seguramente él le robó el libro a Theo. Debo
hacer algo.
Me levanto dispuesto a ir a buscarlos, pero
una mano me detiene.
-¿A dónde vas? – es mi lindo Bilius.
-Emh, voy a mi Sala Común, debo buscar…
-Te acompaño – dice poniéndose de pie,
¡demonios!
-No es necesario, Bilius.
-Quiero hacerlo.
-Está bien, pero ant…
¡Oh, por Salazar! Esta sensación que me
invade no es buena.
-¿Qué pasa?
-Voy a vomi… - no completo la oración, entró
en la primer aula desocupada que veo. Con un movimiento de varita intento
acercar un cubo de basura pero no responde a mi llamado y termino vomitando en
el suelo.
¿Qué demonios me ocurre?
[…]
Ronald Weasley entró malhumorado al
aula de Transformaciones y su ánimo no mejoró mucho al no encontrar a su novio
ahí, su sospecha le seguía rondando en su mente y eso no hacía más que
enfurecerlo en demasía, tenía una sensación extraña que nacía dentro de él, una
de enojo, de desconfianza… de celos.
El pelirrojo no era un ingenuo y la
actitud de Blaise hacia él no ayudaba mucho a la causa, su novio había cambiado
notablemente desde hace varios días. Un ejemplo de ello era el suceso de esa
misma mañana cuando fue a buscarlo Francis. Blaise le mintió, Ron lo conocía
muy bien y sabía cuándo lo hacía y eso
era de preocuparse, ¿desde cuándo Blaise le mentía? Esa marca roja que tenía en
el cuello, esa marca que podría jurar
que no la tenía antes de irse con Morseferth, esa marca alguien se la tuvo que haber hecho y ese alguien definitivamente no era él, lo que quedaba un solo
sospechoso: Francis Morseferth. Y eso definitivamente no le ayudó a cambiar de
humor.
Los minutos pasaban y su novio había
dicho que iba a ir a vomitar, cosa
que hasta ese momento el Gryffindor comenzaba a dudar porque nadie pasaba más
de media hora vomitando o ¿sí?, seguramente su novio inventó esa excusa para
irse con Francis. Eso tenía sentido, su profesor se había llevado a Theo, pero
¿para qué? No tenía idea, pero de que llamó la atención de su Blaise, la llamó.
Ron cada vez en su mente iba sacando conclusiones que definitivamente no le
ayudaban mucho.
Unas risas burlonas lo sacaron de sus
pequeñas conclusiones, siguió las miradas de sus compañeros y pudo ver en la
puerta a Blaise, parecía estar agotado, como su hubiera estado corriendo. Por
suerte la profesora aún no llegaba y eso lo salvó de un gran castigo, el
Slytherin se acercó a su novio y se sentó a un lado de él.
-¿Estás bien? – le preguntó con un tono
de preocupación, viéndolo bien, su novio estaba pálido y casi le creyó que en verdad estuvo vomitando.
-Creo que estoy enfermándome – dejó
salir Blaise.
-Claro – contestó Ron con un poco de
fastidio.
-¿Estás molesto?
-No
-Bilius…
-¿Tardaste media hora vomitando? –
reclamó, sin esconder su fastidio.
-No… pero sí limpiando – Blaise se
masajeó las sienes con ambas manos.
-¿Limpiando? – el pelirrojo alzó una
ceja.
-Sí, Bilius, ¡Limpiando! – Blaise
también comenzaba a fastidiarse – Mi varita no sé qué demonios tiene porque no
pude hacer un simple Fregotego y…
¡Theo! ¿Estás bien? – se levantó de un salto.
-Sí – le respondió el aludido, quien se
dirigía su asiento - ¿Por qué?
-Por… nada… – Blaise no dejó de
observar a su amigo y esperaba que nada turbio le hubiera pasado en las
mazmorras, su amigo se veía tranquilo, aunque ese hecho no le tranquilizó, no
podía olvidar lo que pasó aquel día cuando tuvo el colapso.
-Buenas tardes, jóvenes – saludó la
directora McGonagall, no les dio tiempo de responder –Alguien entró anoche a la
oficina del profesor Morseferth y se llevó un frasco que contenía Félix Felicis, ya revisamos las otras
aulas y no han encontrado nada, solo queda este grupo y, espero, en verdad
espero que no se encuentre nada. Adelante profesor.
Francis se pasó al frente del salón y
con voz fuerte convocó: ¡Accio Félix
Felicis!
Lo increíble fue lo que pasó a
continuación, la mochila de Ron comenzó a sacudirse y ante la mirada confusa de
Blaise y del propio pelirrojo, abrió su mochila de la cual una botellita salió
directamente a las manos de Morseferth.
-¿Pero…? – parpadeó nervioso el pelirrojo – yo no…
-Señor Weasley acompáñeme, por favor –
llamó la profesora McGonagall con voz muy seria.
El pelirrojo se levantó sin siquiera
ser consciente de lo que hacía, estaba en shock por lo recién ocurrido. Todos
los chicos comenzaron a murmurar cosas denigrantes contra el Gryffindor
mientras éste se encaminaba fuera del aula siguiendo a la directora. Francis
antes de salir le envió una sonrisa de autosuficiencia a Blaise, el cual lo
veía de manera incrédula mientras recordaba las palabras de su profesor en su
mente…
“Al parecer quieres que te presione ¿verdad? Veamos: Weasley, sería
interesante que lo expulsaran del colegio a estas alturas del año por robo, el
inútil pelirrojo es tan pobre que no puede contenerse a tomar algo que no es
suyo para venderlo y así poder salir de la miseria en la cual vive”.
Las amenazas de Morseferth parecían ir
muy enserio, y eso a Blaise lo dejaba como en un principio: en un callejón sin
salida.
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