jueves, 22 de diciembre de 2011

Capitulo Trece: Celos


~Editado.
Obsesión


Capitulo Trece: 

Celos



[Blaise Zabini]

Me siento muy feliz, han transcurrido tres días desde que me he negado a estar con el estúpido de Francis, sé que está enojado y que en cualquier momento se va a vengar, aunque es extraño que aún no lo haga. Eso me hace pensar que solo eran palabras de él y me alegra, porque mi madre, mis amigos y mi lindo Bilius estarán bien.
Theo y Neville más relajados y más unidos que nunca. Incluso Harry y Draco, sobre todo a mi amigo rubio, al parecer le hizo muy bien el aceptar su sentimientos por aquel Gryffindor, lo noto más animado  que de costumbre y me alegro.
No puedo evitar sentirme protector hacia ellos, como ya lo había dicho antes, me siento responsable por ellos, soy el mayor de los tres y es como si ambos fueran mis hermanos menores.
-¿Qué tal si practicamos esos hechizos que nos dejó McGonagall? – propone mi novio.
-¿Ahora? – Dejo salir con un puchero, estoy muy a gusto recostado sobre él – de acuerdo – digo al fin incorporándome lentamente  - ¿Cuáles eran los hechizos?
-No lo sé, practiquemos de todo.
-Bien – busco a mi alrededor, no será difícil encontrar algo con qué practicar, después de todo estamos en el jardín. Veo una pequeña rana acerándose a nosotros - ¡Accio rana! – digo apuntando al anfibio pero no se mueve. Frunzo el ceño - ¿no hice bien el movimiento de mano?
-Creo que, no – me responde extrañado – vuelve a intentar.
-Bien, ¡Accio rana! – nada  ¿pero qué…?
-¡Accio rana! – invoca mi lindo Bilius y la rana llega directamente a nosotros. Ambos nos miramos extrañados – prueba con otro hechizo – deja la rana frente a mí.
-Wingardium Leviosa – Tengo la ligera sospecha que mi varita tiene algo, porque la maldita rana sigue como si nada  - ¡Wingardium Leviosa! – grito, pero aun así la rana sigue como si nada.
-¡Wingardium Leviosa! – Dice mi novio y a la rana se le ocurre levitar - ¿tiene algo tu varita? – pregunta observando mi varita con el ceño fruncido.
-No lo sé… ¡Finite Incantatem! – casi me arrepiento de haber hecho ese hechizo, salgo expulsado hacia atrás.
-¡Blaise! – escucho gritar a mi novio. Simplemente me sobo el pequeño chichón que me ha salido en la cabeza.
-¡¿Qué demonios?! – pregunto confundido desde el suelo.
-Se supone que ibas a liberar a la rana, no asesinarla – me dice con una gran sonrisa – la pobre también  fue expulsada por el hechizo.
No le contesto, solo me incorporo y él me ayuda ¿Qué demonios me pasó?
-Hola, chicos - nos saluda una voz muy conocida ¿ahora qué?
-Hola profesor – saluda como siempre mi novio, pero esta vez lo noto distinto.
-Blaise ¿podrías acompañarme? – me pide Francis ¿Cuándo entenderá que no quiero nada de él?
-Pues… verá – esta vez no me da tiempo de darle una excusa, me toma del brazo muy fuerte.
-Señor Weasley, usted puede irse adelantando a su clase, Blaise y yo tenemos algo importante de qué hablar.
-Está bien – mi novio se dirige al castillo, mientras yo estoy siendo prácticamente arrastrado hacia el Bosque Prohibido.

[…]

En cuanto Ron escuchó aquella voz, pudo sentir cómo su novio se ponía nervioso y eso no hizo más que confirmar sus sospechas con aquel extraño profesor. Francis había dicho que iban a hablar de un asunto muy importante, pero entonces ¿Por qué miraba a su novio de una manera lasciva? O ¿era su imaginación? La cual desde hace tres días le estaba dando lata, se imaginaba muchas teorías de lo que podía ocurrir con su novio y su profesor y por más que quiso descartar una idea disparatada, era la que más le rondaba en su mente: ¿y si Blaise y su profesor eran algo más que padrastro e hijo? Él jamás dudaría de Blaise, pero entonces ¿Por qué su profesor lo buscaba a cada rato? Antes de esos tres días, lo buscaba e incluso lo sacaba de clases y tardaban para regresar. El pelirrojo no podía evitar imaginarse a su Blaise con ese profesor.
Y luego, lo de hace unos minutos atrás, prácticamente el profesor lo había corrido de los jardines, y si… ¿los seguía? Así de una vez sabría qué traían entre manos, porque no era normal que ahora Blaise lo evitara todo el tiempo ¿no?
Sí, los seguiría. Y esperaba que sus sospechas no fueran ciertas.

[…]

Francis arrastró al Slytherin a las orillas del Bosque Prohibido, para los planes que traía en mente, ese no era buen lugar, así que trató de adentrarse más.
-¡Suélteme! – exigió el moreno tratando de zafarse del agarre de su profesor, pero Francis no tenía intensión de soltarlo.
-¡Ni creas que te salvas de ésta! Estos tres malditos días han sido una tortura para mí – le dijo pegándolo a un árbol, atrapándolo con sus manos.
-¡Qué lástima! – respondió Blaise, irónico  – como si los míos antes de ésos hubieran sido precisamente el paraíso.
-Te haré disfrutar tanto que te sentirás en él – le susurró, besándolo en el cuello.
-¡No! – Blaise trató, inútilmente, zafarse del rubio. No pudo evitar reprimir un gemido de dolor cuando Francis le mordió el cuello.
-Tan delicioso… - le susurró al oído. Lo besó en la boca salvajemente, mientras sus manos viajaban a través de su cuerpo.
El Slytherin sintió cómo el mayor comenzaba a frotar su cadera en él, la hombría del profesor comenzó a tomar fuerza. En un momento de desesperación, Blaise, le dio una patada, no supo exactamente en qué lugar, pero hizo que el mayor cayera de dolor. El Slytherin no se lo pensó dos veces, salió corriendo del lugar y no paró hasta llegar a un lugar seguro y muy lejos de él.
-Esto… no se queda así… Blaise – dijo entrecortadamente Morseferth – Me encargaré de que tú solo vuelvas a mí.

[…]

-¿Todo bien? – preguntó Ron a su novio, quien estaba sentado a su lado.
-Sí, ¿Por qué?
-¿Qué era lo que te quería decir el profesor? – No pudo contener su curiosidad, después de todo no tuvo el valor de ir a espiarlos.
-Emh, pues, sobre mi madre – jugaba con la comida, a pesar de ser la hora de la comida, había perdido el apetito.
-¿Qué tienes en el cuello? – Ron frunció el ceño al ver una marca roja.
-Nada – se apresuró a decir, tratando de ocultarlo, acción que hizo desconfiar al Gryffindor.
-Hola, chicos.
Blaise agrandó los ojos, dejó caer la cuchara que iba camino a su boca.
“¿Ahora qué?”
-Hola profesor – saludaron los otros chicos.
-Qué curioso el encontrarlos aquí… - Francis observó a Draco y Theo al verlos sentados con sus respectivos novios – Debo recordarles que cada casa tiene su propia mesa, así que espero que a la hora de la cena estén en la suya.
-Sí, profesor – respondieron los Slytherin.
-Por cierto, Señor Nott – el aludido lo miró fijamente. Blaise se tensó – Recuerdo que en una ocasión usted me dijo que había perdido su libro de DCAO.
-Sí.
-Lo encontré entre mis cosas, aun no sé cómo llegó ahí – fingió sorpresa, Blaise no le creyó ni una palabra.
-Entonces, ¿usted lo tiene?
-Sí, lo tengo en mi oficina, ¿vamos de una vez por él?
-Claro – Theo se levantó de su lugar.
-¡NO! – Blaise gritó, levantándose rápidamente y asustando a sus amigos – Digo, ya casi comienza la clase ¿Por qué, no…?
-Por eso mismo, para que no llegue tarde a su clase. Vamos Theo – presionó el rubio.
El castaño lo siguió, Blaise vio cómo su profesor tomaba a su amigo del hombro mientras lo conducía hacia las mazmorras.
Desde que Theo se había recuperado, pareciera que sus manías por fin se hubieran evaporado, ya no se sentía tan paranoico, hasta ya le caía mejor su profesor.

[…]

[Blaise Zabini]

¡Por Salazar!
¿Cómo no lo vi venir? ¡Ese idiota se acaba de llevar a Theo! Nada de casual hay en la vida de ese idiota, seguramente él le robó el libro a Theo. Debo hacer algo.
Me levanto dispuesto a ir a buscarlos, pero una mano me detiene.
-¿A dónde vas? – es mi lindo Bilius.
-Emh, voy a mi Sala Común, debo buscar…
-Te acompaño – dice poniéndose de pie, ¡demonios!
-No es necesario, Bilius.
-Quiero hacerlo.
-Está bien, pero ant…
¡Oh, por Salazar! Esta sensación que me invade no es buena.
-¿Qué pasa?
-Voy a vomi… - no completo la oración, entró en la primer aula desocupada que veo. Con un movimiento de varita intento acercar un cubo de basura pero no responde a mi llamado y termino vomitando en el suelo.
¿Qué demonios me ocurre?

[…]

Ronald Weasley entró malhumorado al aula de Transformaciones y su ánimo no mejoró mucho al no encontrar a su novio ahí, su sospecha le seguía rondando en su mente y eso no hacía más que enfurecerlo en demasía, tenía una sensación extraña que nacía dentro de él, una de enojo, de desconfianza… de celos.
El pelirrojo no era un ingenuo y la actitud de Blaise hacia él no ayudaba mucho a la causa, su novio había cambiado notablemente desde hace varios días. Un ejemplo de ello era el suceso de esa misma mañana cuando fue a buscarlo Francis. Blaise le mintió, Ron lo conocía muy bien y sabía cuándo lo hacía  y eso era de preocuparse, ¿desde cuándo Blaise le mentía? Esa marca roja que tenía en el cuello, esa marca que podría jurar que no la tenía antes de irse con Morseferth, esa marca alguien se la tuvo que haber hecho y ese alguien definitivamente no era él, lo que quedaba un solo sospechoso: Francis Morseferth. Y eso definitivamente no le ayudó a cambiar de humor.
Los minutos pasaban y su novio había dicho que iba a ir a vomitar, cosa que hasta ese momento el Gryffindor comenzaba a dudar porque nadie pasaba más de media hora vomitando o ¿sí?, seguramente su novio inventó esa excusa para irse con Francis. Eso tenía sentido, su profesor se había llevado a Theo, pero ¿para qué? No tenía idea, pero de que llamó la atención de su Blaise, la llamó. Ron cada vez en su mente iba sacando conclusiones que definitivamente no le ayudaban mucho.
Unas risas burlonas lo sacaron de sus pequeñas conclusiones, siguió las miradas de sus compañeros y pudo ver en la puerta a Blaise, parecía estar agotado, como su hubiera estado corriendo. Por suerte la profesora aún no llegaba y eso lo salvó de un gran castigo, el Slytherin se acercó a su novio y se sentó a un lado de él.
-¿Estás bien? – le preguntó con un tono de preocupación, viéndolo bien, su novio estaba pálido y casi le creyó que en verdad estuvo vomitando.
-Creo que estoy enfermándome – dejó salir Blaise.
-Claro – contestó Ron con un poco de fastidio.
-¿Estás molesto?
-No
-Bilius…
-¿Tardaste media hora vomitando? – reclamó, sin esconder su fastidio.
-No… pero sí limpiando – Blaise se masajeó las sienes con ambas manos.
-¿Limpiando? – el pelirrojo alzó una ceja.
-Sí, Bilius, ¡Limpiando! – Blaise también comenzaba a fastidiarse – Mi varita no sé qué demonios tiene porque no pude hacer un simple Fregotego y… ¡Theo! ¿Estás bien? – se levantó de un salto.
-Sí – le respondió el aludido, quien se dirigía su asiento - ¿Por qué?
-Por… nada… – Blaise no dejó de observar a su amigo y esperaba que nada turbio le hubiera pasado en las mazmorras, su amigo se veía tranquilo, aunque ese hecho no le tranquilizó, no podía olvidar lo que pasó aquel día cuando tuvo el colapso.
-Buenas tardes, jóvenes – saludó la directora McGonagall, no les dio tiempo de responder –Alguien entró anoche a la oficina del profesor Morseferth y se llevó un frasco que contenía Félix Felicis, ya revisamos las otras aulas y no han encontrado nada, solo queda este grupo y, espero, en verdad espero que no se encuentre nada. Adelante profesor.
Francis se pasó al frente del salón y con voz fuerte convocó: ¡Accio Félix Felicis!
Lo increíble fue lo que pasó a continuación, la mochila de Ron comenzó a sacudirse y ante la mirada confusa de Blaise y del propio pelirrojo, abrió su mochila de la cual una botellita salió directamente a las manos de Morseferth.
-¿Pero…? – parpadeó  nervioso el pelirrojo – yo no…
-Señor Weasley acompáñeme, por favor – llamó la profesora McGonagall con voz muy seria.
El pelirrojo se levantó sin siquiera ser consciente de lo que hacía, estaba en shock por lo recién ocurrido. Todos los chicos comenzaron a murmurar cosas denigrantes contra el Gryffindor mientras éste se encaminaba fuera del aula siguiendo a la directora. Francis antes de salir le envió una sonrisa de autosuficiencia a Blaise, el cual lo veía de manera incrédula mientras recordaba las palabras de su profesor en su mente…
“Al parecer quieres que te presione ¿verdad? Veamos: Weasley, sería interesante que lo expulsaran del colegio a estas alturas del año por robo, el inútil pelirrojo es tan pobre que no puede contenerse a tomar algo que no es suyo para venderlo y así poder salir de la miseria en la cual vive”.
Las amenazas de Morseferth parecían ir muy enserio, y eso a Blaise lo dejaba como en un principio: en un callejón sin salida.




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