sábado, 17 de diciembre de 2011

Capitulo Cuatro: Francis Morseferth

Obsesión


Capitulo Cuatro: 
Francis Morseferth



Francis Morseferth es un sujeto alto, casi tanto como Lucius Malfoy, incluso su cabellera es casi del mismo color: rubio platinado. De piel blanca perlada y ojos de color azul penetrante. Ex auror, que en su tiempo era tan bueno como también el ex auror, ahora muerto, Alastor Moody (o incluso más, según el diario El Profeta), retirado temporalmente con todos los honores del ministerio para poder gozar de un tiempo libre, aunque en realidad está en una misión secreta que solo su jefe, Gawain Robards y él están enterados. Todos los trabajadores del ministerio tenían la certeza de que si Francis quería regresar en cualquier momento, las puertas estaban abiertas para él sin ningún contratiempo.
Su misión secreta consiste en resolver el misterioso caso de la señora Rose Zabini, puesto que los esposos de la tan distinguida mujer habían muerto de manera sospechosa  (al menos la mayoría) y la mejor manera de investigarla era casándose con ella.
Antes de conquistar a su futura esposa, Morseferth investigó todo lo que pudo de ella llevándolo siempre a las mismas conclusiones: Blaise Zabini, su hijo. El ex auror sentía curiosidad por el chico, magos y brujas que lo conocían hablaban maravillas del chico, haciendo que despertara un interés inexplicable por conocerlo. Cuando cumplió con su cometido de unirse con la gran distinguida dama, Rose Zabini, tenía un solo objetivo: conocer a Blaise. Cosa que le atrasó casi dos años, pero cuando tuvo la suerte de conocerlo fue lo mejor que le hubo pasado (al menos para él). El chico era un joven bien dotado y por lo tanto tenía que ser suyo a como diera lugar.
Eso se había propuesto desde ese día que lo observó ducharse. No había nadie en casa de los Zabini, salvo Blaise y él. Todo marchaba bien hasta que perdió el control y el hechizo desilusionador que tenía sobre él se desvaneció. Y así fue como se hicieron las presentaciones formalmente, solo que tuvo que huir después de darle el abrazo porque sintió que su entrepierna reaccionaba.
Estando en casa de los Zabini no podía cumplir con su objetivo: poseerse de Blaise. Su esposa era un obstáculo e incluso comenzó a sospechar que Rose sabía algo, porque trataba todo el tiempo de alejarlo de su hijo.
Francis sabía que la única manera de cumplir con su deseo era que tanto él como Blaise estuvieran solos en un mismo lugar y, preferentemente, lejos de los ojos de Rose Zabini. No le costó mucho encontrar ese lugar. Ahora, solo era cuestión de buscar el momento indicado para ello, así su deseo sería más fácil de cumplir. Oh, sí.

[…]

Morseferth se encontraba en su habitación, sentado en la silla del escritorio mientras contemplaba una fotografía que había hurtado año y medio atrás. Estaban tres chicos muy sonrientes, el primero era de cabello rubio platinado, ojos grises y abrazaba con su brazo izquierdo al chico de al lado, Francis reconoció a Draco Malfoy. El ex auror lo observaba con cierta aversión y con mucho cuidado arrancó esa parte, la hizo trocitos y la tiró al cesto de basura.
Contempló al segundo chico sonriente, de piel morena clara, cabello castaño, ojos azules que lucían muy bellos y sobre todo una boca muy apetecible, Francis había tenido el honor de acompañarlo hasta su sala común un par de días atrás, aunque el Theodore Nott actual lucía muy diferente al de la fotografía y aunque su aspecto no le quitaba lo apetitoso que se veía, Francis sabía que no se comparaba con el gran trofeo que se encontraba a un lado de él. El último chico sonriente de la fotografía, de piel morena, ojos pardos, grandes pestañas y esos deseables labios, su nombre: Blaise Zabini.
Morseferth tenía una gran debilidad por las chicas morenas, pero definitivamente los chicos morenos eran su obsesión. Lo descubrió mientras cumplía una misión para el ministerio cinco años atrás. Después de esa experiencia lo volvió a repetir cada vez que se le atravesaba de casualidad en una misión un chico moreno implicado en el caso, los hacía confesar de una manera no muy reglamentaria. Total, si ellos hablaban, eran sus palabras (de un asesino, torturador, mortífago, etc.) contra el honorable, reconocido y fiable auror Francis Morseferth (que de vez en cuando les hacia visitas nocturnas si eran condenados).
Seguía contemplando la fotografía rasgada con cierta lascivia, la palpó con las yemas de sus dedos hasta que sintió una pequeña incomodidad en su entrepierna, entonces decidió que ya era hora de hacer algo al respecto…

[…]

Theo se había levantado (aunque nunca durmió realmente) antes de que sus amigos se despertaran, entró a la ducha y se dejó caer. La noche anterior había sido un asco.
“¡Estúpido Boot!  Ojalá te encuentre solo, ya me las pagarás todas”.
La gente solía ser en ocasiones muy cruel. Él lo sabía y seguramente Draco también lo sabría. Aunque nunca se lo dijo a sus amigos, en las vacaciones pasadas, recibió demasiados correos de personas del mundo mágico donde le expresaban su más sentido pésame por la muerte de su padre a mano de uno de sus allegados o dándole ánimos para no sentirse mal por el hecho de que el padre de su mejor amigo hubiera asesinado al suyo… y muchas cosas más que Theodore comenzó a ignorar.
Todas esas cartas eran con malas intenciones. Ellos no sabían lo que había ocurrido realmente. No, por supuesto que no. Y menos el maldito Ravenclaw que solo dijo lo que el diario El Profeta había redactado y comunicado a los demás.
Theodore siguió en la ducha y vio su reflejo en el agua, tenía que hacer algo con esas ojeras o le traerían más problemas. Nada que un hechizo glamour no arreglara. Sonrió  por primera vez, aunque no fue una sonrisa en sí.

[…]

[Blaise Zabini]

A lo lejos escucho agua caer, seguramente es Theo en la ducha. Siempre es el primero en levantarse, aunque dudo mucho que haya dormido. Abro los ojos lentamente para que la luz del día no me dé de lleno, al incorporarme veo que Draco aún no se va a la ducha, parecerá increíble pero somos los únicos de nuestra sala común que poseemos dos duchas y en las mañanas normalmente son invadidas por Theo y Draco.
Con pereza me quito el camisón del pijama quedándome solamente con el pans. Me dirijo hacia la ducha pero Draco me llama antes de llegar.
-Yo me ducharé primero Blaise, sino te importa.
-Está bien – contesto, lo noto extraño. Más extraño de lo normal, ni siquiera me está mirando de frente. Creo que mi amigo volvió a llorar… ¡Maldición!
Intenta sacarse el camisón, cuando alguien entra sin previo aviso a nuestra habitación.

[…]

-Espero no haber interrumpido nada – se disculpó su profesor de DCAO mientras los observaba sonriente.
Draco terminó de sacarse  el camisón, el cual se le había atorado al escuchar abrirse la puerta, ambos chicos se quedaron pasmados ante la presencia repentina de su profesor.
Francis observó a sus alumnos lentamente, esta vez prestó atención al rubio y le dio el visto bueno, aunque no le dio tanta importancia. No era su tipo. Su mirada se posó en Blaise, quien al sentir la mirada de su profesor se intimidó un poco. Se puso el camisón nuevamente, aun así no lo dejó de mirar. Su mirada se desvió unos cuantos centímetros y su semblante pícaro cambió a uno lascivo.
Blaise no fue el único en percatarse de ese detalle, también Draco lo hizo, ambos siguieron la mirada del ex auror y lo que vieron no les agradó mucho.

[…]

[Blaise Zabini]

Seguí la mirada de Francis y me sobresalté al descubrir a quién observaba de esa manera tan depravada. Theo recién salía de la ducha, una toalla en la cintura cubría la parte inferior de su cuerpo. No se ha percatado de la presencia del profesor.
¡Por Salazar!
Trato de llamar su atención, pero Theo sigue buscando su ropa entre sus cosas como lo hace siempre, cuando al fin se da la vuelta, da un respingo al ver al profesor.
Francis Morseferth es muy extraño e inspira desconfianza y cada acción hace que crezca más. ¿Qué le habrá visto mi madre?

[…]

Al sentir miradas sobre él, Theodore intuyó que algo no estaba bien ¿desde cuándo sus amigos estaban tan callados? Se dio la vuelta y fue ahí cuando descubrió el porqué del silencio de ellos, ese profesor lo miraba con… ni siquiera supo describir cómo.
Francis podría hacerlo. Para él solo había un chico moreno saliendo de la ducha que venía envuelto con una toalla en la cintura, con el cabello revuelto y las últimas gotas de agua resbalan por su torso desnudo. Theodore estaba como quería a pesar de las ojeras, que eran ya menos visibles. Francis hubiera seguido describiéndolo mientras lo contemplaba pero el estúpido rubio habló.
-¿Ocurre algo, profesor? – Francis  le lanzó una mirada asesina, pero la disimuló muy bien para los demás.
-Vengo a darles el anuncio de la próxima salida a Hogsmeade.
-Ya lo vimos – le respondió Draco – el anuncio está en el tablón de abajo.
-¡Ah! Bien, lo que ocurre es que el jefe de su casa se encuentra algo indispuesto ahora y yo lo reemplazaré hasta que él se encuentre mejor – hizo un gesto malicioso como recordando algo – cualquier cosa que necesiten, no duden en venir conmigo.
-De acuerdo – respondió Blaise por cortesía porque sus amigos no decían nada. El profesor le lanzó una sonrisa con suficiencia. Frunció el ceño al percatarse que Theodore se había metido a la ducha, nuevamente.
Salió de la habitación con un gruñido.
-¿Ya se fue? – preguntó Theo asomándose por la puerta.
-Sí – respondió Blaise. Theo decidió salir.
-Draco…
-Tengo que ir a ducharme – fue su respuesta y se escabulló directo a la ducha.
Blaise frunció el ceño, confundido.
-¡Genial! – murmuró Theo molesto, sabía que Draco lo había esquivado por lo de la noche anterior.
-¿Qué fue…? – Blaise no terminó de preguntar ya que Theo salió de la habitación.
Supuso que era mejor así, al parecer Neville sabía más del asunto y por eso quería hablar con él sobre Theo. Y sin más, el italiano también se dirigió hacia la ducha para después ir con su lindo Bilius.




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