Obsesión
Capitulo Cinco:
Sobre ellos
Sobre ellos
Francis salió de la Sala Común, de ahora su casa, con una gran sonrisa de satisfacción. Sus planes (hasta el
momento) iban tal como los tenía planeado: Horace Slughorn estaba fuera. Él le
había lanzado un Confundus por la
espalda y éste cayó por las escaleras, el profesor no podía moverse porque se
había lastimado la espalda y fue cuando milagrosamente
Francis apareció a auxiliarlo y lo llevó a la enfermería, donde lamentablemente,
no había ninguna poción reparahuesos,
así que lo llevaron a San Mungo en donde pasaría una larga temporada para su
rehabilitación.
Así fue como Minerva le dio el puesto de suplente de jefe de la casa de
Slytherin, después de todo, cuando estuvo en sus años de Hogwarts, él
perteneció a esa casa.
Su sonrisa tenía más motivos, esa mañana había tenido la mejor vista que
nunca imaginó. A su deseable
Blaise y al exquisito Theodore.
Blaise. A ese chico en verdad lo DESEABA
con todas las letras, lo quería para él y así iba ser aunque tuviera que desaparecer
al estúpido pelirrojo, dentro de sus planes no estaba que su presa ya tuviera a
alguien, pero no importaba, después de todo, era un pequeño obstáculo más que
se interponía en su camino y eso jamás lo había detenido en sus planes. Si pudo
apartar a un profesor dotado de grandes habilidades, un insignificante y
patético estudiante no sería nada. Absolutamente
nada. Planea hacerlo sufrir antes de darle el golpe de gracia porque jamás
le perdonará que hubiera estado entre los brazos de su deseable Blaise antes que él.
Oh sí, ese pelirrojo sufriría lentamente.
Y pareciera que el destino le estaba tentando antes de lo previsto, como
si le estuviera pidiendo a gritos que de una vez empezara con la agonía del
pelirrojo, justo en esos instantes, el chico en cuestión se encontraba
caminando por el pasillo que llevaba directo al Gran Comedor y Francis, con esa
capacidad extraordinaria de improvisar bajo cualquier momento, ya había pensado
algo para mantener lo más lejos posible a ese mocosito de su deseable
Blaise.
-Señor Weasley – lo llamó.
-Buen día, profesor – saludó el pelirrojo, notando extraño a su profesor.
-Buen día – le regresó el saludo – qué bueno que encuentro a alguien de
mi confianza – le sonrió, el pelirrojo se sonrojó levemente – necesito un gran
favor y usted es el indicado para hacerlo.
-¿Qué necesita, profesor? – se ofreció el Gryffindor complacido por el
cumplido.
-La profesora McGonagall me acaba
de llamar de carácter urgente a su oficina, pero necesito entregar estos documentos al profesor Slughorn – en su
voz se notaba la preocupación mientras le mostraba los documentos – ¿me harías
el favor de entregárselos? Él se encuentra en su oficina en estos momentos, ya
sabes que él casi no asiste a los desayunos ¿lo harías?
-Claro, profesor.
-Es importante que se los entregues a él personalmente… son muy importantes.
-Sí, no se preocupe, no me iré a ningún lugar si no se los doy
personalmente – prometió el pelirrojo con una sonrisa.
-Muchas gracias, señor Weasley, te encargo que se los des personalmente y gracias nuevamente.
-No se preocupe profesor.
Ron se encaminó hacia la oficina del profesor Slughorn, siendo ajeno a
que el profesor en cuestión no se encontraba en el colegio sino en San Mungo
recuperándose de su lesión de espalda.
Mientras tanto, Francis sonreía por la pequeña bromita que acaba de hacerle, se encaminó al Gran Comedor y en la
puerta se encontró a su deseable Blaise,
aunque el chico estaba de espaldas a él, lo reconoció enseguida, ¿cómo no
reconocer semejante chico?
Por un momento lo invadió la ira, sabía que el chico esperaba al pelirrojo,
pero para suerte del mayor, ya se había hecho cargo de él.
-Hola, Blaise – lo saludó por detrás, el moreno se sobresaltó.
-¡Pro-profesor! – se giró rápidamente.
-Nada de profesor, Blaise. Dime Francis – el chico frunció el ceño – al
menos fuera de clases, porque en el salón de clases soy tu profesor.
-Claro… Francis – soltó, sintiéndose extraño y el profesor le sonrió acariciándole
el hombro afectuosamente. Aunque no solo era afecto por parte del mayor.
-Me gustaría que fueras a mi oficina un día de estos para charlar, ya
sabes, en casa casi no lo hicimos – Blaise se encogió de hombros – excelente, ¿qué
tal el próximo fin semana?
-Está bien – respondió para que lo dejara solo, porque estaba seguro que
en cualquier momento llegaría su lindo
Bilius, cosa que obviamente advirtió el
rubio.
“Seguramente está impaciente
por verlo. Lo siento mi deseable Blaise, pero hoy tengo planes distintos para
ambos. Ohh, sí”
-¡Mira! – exclamó el rubio – ya comenzó el desayuno, vamos o te lo perderás.
-Yo… emh – antes de que Blaise
inventara una excusa, ya estaba dentro del Gran Comedor y no le quedó de otra
que irse a sentar a su lugar, a un lado de Draco y frente a Theo.
[…]
[Blaise Zabini]
¡Estúpido Francis!
Ya van dos veces que me hace lo mismo y no tengo la más mínima idea de
cómo es que lo hace, supongo que trucos baratos de auror.
En fin, sentado en la mesa con mis dos amigos los saludo con un “Hola” en general, pero parece que cada quien está en
sus asuntos, todo sigue igual que en la mañana, lo que más me preocupa es que
mi lindo Bilius aún no llega al Gran Comedor, ¿dónde se metió?
Miro hacia la mesa de los leones, más por costumbre que por otra cosa, y
no está ahí, me preocupa. Al que veo es a Neville, quien observa muy preocupado
a Theo. Potter también está viendo de la misma manera a Draco. ¿Qué demonios
ocurre?
La buena noticia es que hoy hablaré con Neville y él me va a dar
información que en estos momentos siento que es muy relevante y que no poseo.
Miro de reojo a Draco y lo veo jugar con la comida. El que me preocupa es
Theodore. Veo cómo observa a la comida y a los chicos que la comen, hay algo en
su mirada que me causa inquietud, es como si mi amigo temiera que aquellos chicos se fueran a… ¡Oh! ¡Demonios!
Creo que ya sé cuál es el problema.
-Se ve delicioso ¿no? – les pregunto a ambos sirviéndome un poco de todo
y de paso compruebo mi vaga sospecha hacia mi amigo, al menos ya conseguí su
atención.
Theo observa mis movimientos. Agarro un tenedor y ensarto un pedazo de
calabaza, y justo cuando estoy por morderlo, la mano temblorosa de Theo me
detiene seguido de un “¡No!”. Draco se ha sobresaltado, nos mira con extrañeza,
también un par de curiosos de la mesa vecina, pero luego se fueron a sus
propios asuntos.
-¿Qué sucede, Theo? – pregunto.
-No… no… - ¿tartamudea?
-¿Qué? – vuelvo a preguntar.
-No lo comas – dice en un murmullo, soltando mi mano y bajando la cabeza.
-¿Por qué? Ni que estuviera envenenada – suelto en son de broma, él sube
la mirada. Noto lo pálido que se ha puesto.
¡Demonios! Esto ha confirmado mis sospechas.
-No están envenenadas las comidas, Theo – aclaro, creo que eso no es
suficiente – mira – el pedazo de calabaza me lo llevo a la boca ante su mirada
angustiante – ¿Ves? No pasa nada – le sonrío para darle confianza.
La verdad es que me siento responsable por ambos, Draco y Theo son
menores que yo, además nos hemos criado como si de verdad fuéramos hermanos.
-¿Theo? – pregunto y él intenta sonreír. ¡Cielos! A veces siento que Theo
dejó todo de él en aquel momento en que vio morir a su padre.
Lo veo mirar mi plato, luego el de Draco y por último el suyo… creo saber
lo que piensa y al parecer también Draco porque lo veo estirar su mano y
agarrar un pedazo de fruta del plato de Theo y llevárselo a la boca para también
darle confianza.
-No pasa nada – le dice Draco, una vez de haberse comido la fruta -
¿Theo?
Algo no está bien.
-¡Theo respira! – Regaño - ¡THEODORE! – segundo después lo veo respirar
agitadamente.
¡Maldita manía!
-Come, no pasa nada, solo un poco de fruta ¿de acuerdo?
Con mano insegura toma un trozo de fruta, cierra los ojos con fuerza y se
lo lleva a la boca, mastica rápidamente, se lo pasa y al sentir que
efectivamente no le ha pasado nada, abre los ojos lentamente.
-¿Y bien? – pregunto, sonriente.
-Esta delicioso… - dice, devolviéndome la sonrisa y minutos después lo
veo comer un poco más, creo que se ha dado cuenta que tiene demasiada hambre.
Me alegra. Al menos ese miedo ya
es solo un fantasma.
[…]
Ron tenía más de veinte minutos plantado en la puerta de la oficina del
profesor Slughorn, pero no había señales de que éste estuviera del otro lado,
así que optó por ir al Gran Comedor. Total, a lo mejor el profesor ese día se
animó a ir a desayunar junto con los demás profesores, ¿no? Y de paso se vería
con su Blaise, quien seguramente aun seguiría esperándolo en la puerta, así que
se dirigió al Gran Comedor.
Un par de minutos después se dio cuenta que algo no estaba bien, por más
que caminara seguía en el mismo lugar. Comenzó a desesperarse, al dar vuelta en
un pasillo llegó al que acaba de recorrer, no era posible que a estas alturas
él se siguiera perdiendo en los pasillos, es decir, eso era normal cuando uno
es nuevo en el colegio, pero él ya llevaba ahí siete años, se podría decir que
conocía al castillo como “la palma de su mano”, claro que era solo un dicho,
porque sus hechos le demostraban que seguía igual de perdido como en su primer
año.
Recorrió los pasillos y, efectivamente, eran idénticos el uno con el otro
¿cómo era posible? Pareciera como si alguien le hubiera lanzado un Confundus y así él no dar con la salida
de aquel laberinto de pasillos, de hecho ya lo estaba considerando hasta que
escuchó el sonido de la campana que anunciaba la hora de la primera clase de
ese día.
-¡Demonios! – Exclamó, su clase de DCAO comenzaba en esos momentos y el
aula estaba retirada de donde él se encontraba, sin contar que aún no cumplía
con el favor y de que ya lo habían
castigado una vez por llegar tarde y sin dudas se ganaría un segundo castigo,
pero tenía la esperanza de que su profesor lo dejaría pasar porque estaba
haciéndole el favor que le pidió minutos atrás ¿cierto?
Sin embargo; el Gryffindor no contaba que precisamente esas eran las intenciones
desde un principio de su profesor: castigarlo y tenerlo alejado todo el tiempo
posible de su deseable Blaise.
Por último, Ron sacó un pedazo de pergamino y escribió unas cuantas
palabras, lo pegó al folder de los papeles importantes de su profesor
Morseferth para Slughorn y los deslizó debajo de la puerta, así cuando llegara
el susodicho los encontraría ahí y no habría problemas, una vez llevado su
acometido salió disparado hacia el aula de DCAO.
[…]
Neville iba rumbo al salón de DCAO junto con su novio Theo, el cual lo
abrazaba por la espalda, ya se sentía mucho mejor después de su gran dosis de
desayuno y se veía, aunque mínimamente, recuperado. Estaba más animado y ya le había
pedido, mínimo veinte veces, disculpas a su novio por lo del día anterior y ya
iba por una más.
-Discúlpame Nev, no quería gritarte así ayer en la tarde.
-Y yo ya te dije que estamos bien Theo. Ya olvídalo, yo ya lo hice –
sonrió su novio.
-No lo volveré hacer, ya sabes cómo me pongo cuando no duermo.
-¿Qué? – preguntó molesto.
-Solo ese día no lo hice. Lo juro
– respondió rápidamente el Slytherin, nadie debía saber que él seguía sin
dormir.
-Espero que sí Theo, tú me prometiste que lo harías, que dormirías.
-Sí, lo sé.
-Por cierto, vi que tus amigos te estaban regañando en el desayuno – le dijo como no queriendo la cosa, el castaño tragó
saliva.
-Es, bueno…
-Theo – gruñó.
-No tenía hambre, pero al final desayuné ¿está bien? Se lo puedes
preguntar a ellos.
-Está bien, te creo.
Llegaron al aula y en la puerta se encontraron a Blaise, parecía
preocupado.
-¿Estás bien? – preguntó Theo, dejó de abrazar a su novio.
-Sí, espero a Bilius ¿Lo han visto?
-¿No estuvo en el desayuno? – preguntó confundido Theo.
-No – respondió Neville – qué extraño, salió desde temprano de la torre.
-¿Dónde podría…?
-¡A dentro jóvenes! – ordenó Francis, quien llegaba al aula.
Los chicos entraron resignadamente, sobre todo Blaise, tenía la esperanza
de ver a su lindo Bilius antes de la
clase… pero al parecer eso no sería posible, el pelirrojo aún no daba señales
de estar cerca de ahí.
Por otro lado, Morseferth estaba feliz y eso no les pasó por desapercibido
a sus alumnos.
-Bien jóvenes, hoy habrá algunos cambios, un experimento. He notado que normalmente
se sientan con las mismas personas de siempre, así que, a partir de hoy van a tener
nuevos compañeros de asientos – dijo con una gran sonrisa – pero como ustedes
ya se conocen, y seguramente escogerán al que más les agrada, yo los acomodaré.
Los alumnos se veían extrañados entre sí ¿Cuál era el propósito de eso?
pero el profesor no les dio tiempo para preguntar, les pidió levantarse de sus
lugares. Francis los recorrió con la mirada y…
-Señor Malfoy – llamó, el rubio estaba sentado en la banca del lado
izquierdo de Theo – usted se sentará allá junto con el Señor Weasley, ya que se
digne a venir a clases… – dijo con tono serio, le señaló la esquina del fondo, sintió
la mirada fulminante de su deseable Blaise.
Francis comenzó a mover a sus alumnos de un lado a otro procurando dejar
a los morenos en las primeras filas. Después
de cinco minutos estaban acomodados, al menos la mayoría…
-Señor Potter usted se sentará a un lado del señor Longbottom y usted señor
Nott, se sentará junto con el Señor Zabini – sí, era mejor que el exquisito de Theo estuviera junto con el
deseable Blaise, y el sexy de Potter con el sensual Longbottom.
Satisfecho por sus cambios, Francis estaba por comenzar su clase cuando
Ron llegó corriendo.
-Lo siento… profesor – se disculpaba agitadamente.
-¡Vaya! Señor Weasley, su actitud me hace pensar que le gusta ser
castigado – dijo con cierta malicia ante la mirada sorprendida de su alumno
pelirrojo.
-No, yo solo… - el pelirrojo iba a explicarle el porqué de su retraso,
después de todo fue por el favor que le pidió ¿no?
-Es la segunda vez que llega tarde señor Weasley – Francis movió la
cabeza de un lado a otro, señal de desaprobación – Diez puntos menos para su
casa y una semana de castigo después del descanso.
-Está bien – dijo resignado el pelirrojo.
-Vaya a sentarse a su lugar, que por cierto, de ahora en adelante será
junto al señor Malfoy – le señaló la banca del fondo.
-Creo que a tu padrastro, no le
cae bien Ron – dijo confidente Theo a su amigo italiano, quien no dejaba de
fulminar con la mirada a su profesor.
__________________________________
No hay comentarios:
Publicar un comentario