sábado, 17 de diciembre de 2011

Capitulo Cinco: Sobre ellos

Obsesión


Capitulo Cinco: 
Sobre ellos


Francis salió de la Sala Común, de ahora su casa, con una gran sonrisa de satisfacción. Sus planes (hasta el momento) iban tal como los tenía planeado: Horace Slughorn estaba fuera. Él le había lanzado un Confundus por la espalda y éste cayó por las escaleras, el profesor no podía moverse porque se había lastimado la espalda y fue cuando milagrosamente Francis apareció a auxiliarlo y lo llevó a la enfermería, donde lamentablemente, no había ninguna poción reparahuesos, así que lo llevaron a San Mungo en donde pasaría una larga temporada para su rehabilitación.
Así fue como Minerva le dio el puesto de suplente de jefe de la casa de Slytherin, después de todo, cuando estuvo en sus años de Hogwarts, él perteneció a esa casa.
Su sonrisa tenía más motivos, esa mañana había tenido la mejor vista que nunca imaginó. A su deseable Blaise  y al exquisito Theodore.
Blaise. A ese chico en verdad lo DESEABA con todas las letras, lo quería para él y así iba ser aunque tuviera que desaparecer al estúpido pelirrojo, dentro de sus planes no estaba que su presa ya tuviera a alguien, pero no importaba, después de todo, era un pequeño obstáculo más que se interponía en su camino y eso jamás lo había detenido en sus planes. Si pudo apartar a un profesor dotado de grandes habilidades, un insignificante y patético estudiante no sería nada. Absolutamente nada. Planea hacerlo sufrir antes de darle el golpe de gracia porque jamás le perdonará que hubiera estado entre los brazos de su deseable Blaise antes que él.
Oh sí, ese pelirrojo sufriría lentamente.
Y pareciera que el destino le estaba tentando antes de lo previsto, como si le estuviera pidiendo a gritos que de una vez empezara con la agonía del pelirrojo, justo en esos instantes, el chico en cuestión se encontraba caminando por el pasillo que llevaba directo al Gran Comedor y Francis, con esa capacidad extraordinaria de improvisar bajo cualquier momento, ya había pensado algo para mantener lo más lejos posible a ese mocosito de su deseable Blaise.
-Señor Weasley – lo llamó.
-Buen día, profesor – saludó el pelirrojo, notando extraño a su profesor.
-Buen día – le regresó el saludo – qué bueno que encuentro a alguien de mi confianza – le sonrió, el pelirrojo se sonrojó levemente – necesito un gran favor y usted es el indicado para hacerlo.
-¿Qué necesita, profesor? – se ofreció el Gryffindor complacido por el cumplido.
-La profesora  McGonagall me acaba de llamar de carácter urgente a su oficina, pero necesito entregar estos documentos al profesor Slughorn – en su voz se notaba la preocupación mientras le mostraba los documentos – ¿me harías el favor de entregárselos? Él se encuentra en su oficina en estos momentos, ya sabes que él casi no asiste a los desayunos ¿lo harías?
-Claro, profesor.
-Es importante que se los entregues a él personalmente… son muy importantes.
-Sí, no se preocupe, no me iré a ningún lugar si no se los doy personalmente – prometió el pelirrojo con una sonrisa.
-Muchas gracias, señor Weasley, te encargo que se los des personalmente y gracias nuevamente.
-No se preocupe profesor.
Ron se encaminó hacia la oficina del profesor Slughorn, siendo ajeno a que el profesor en cuestión no se encontraba en el colegio sino en San Mungo recuperándose de su lesión de espalda.
Mientras tanto, Francis sonreía por la pequeña bromita que acaba de hacerle, se encaminó al Gran Comedor y en la puerta se encontró a su deseable Blaise, aunque el chico estaba de espaldas a él, lo reconoció enseguida, ¿cómo no reconocer semejante chico?
Por un momento lo invadió la ira, sabía que el chico esperaba al pelirrojo, pero para suerte del mayor, ya se había hecho cargo de él.
-Hola, Blaise – lo saludó por detrás, el moreno se sobresaltó.
-¡Pro-profesor! – se giró rápidamente.
-Nada de profesor, Blaise. Dime Francis – el chico frunció el ceño – al menos fuera de clases, porque en el salón de clases soy tu profesor.
-Claro… Francis – soltó, sintiéndose extraño y el profesor le sonrió acariciándole el hombro afectuosamente. Aunque no solo era afecto por parte del mayor.
-Me gustaría que fueras a mi oficina un día de estos para charlar, ya sabes, en casa casi no lo hicimos – Blaise se encogió de hombros – excelente, ¿qué tal el próximo fin semana?
-Está bien – respondió para que lo dejara solo, porque estaba seguro que en cualquier momento llegaría su lindo Bilius,  cosa que obviamente advirtió el rubio.
“Seguramente está impaciente por verlo. Lo siento mi deseable Blaise, pero hoy tengo planes distintos para ambos. Ohh, sí”
-¡Mira! – exclamó el rubio – ya comenzó el desayuno, vamos o te lo perderás.
-Yo…  emh – antes de que Blaise inventara una excusa, ya estaba dentro del Gran Comedor y no le quedó de otra que irse a sentar a su lugar, a un lado de Draco y frente a Theo.

[…]

[Blaise Zabini]

¡Estúpido Francis!
Ya van dos veces que me hace lo mismo y no tengo la más mínima idea de cómo es que lo hace, supongo que trucos baratos de auror.
En fin, sentado en la mesa con mis dos amigos los saludo con un “Hola”  en general, pero parece que cada quien está en sus asuntos, todo sigue igual que en la mañana, lo que más me preocupa es que mi lindo Bilius aún no llega al Gran Comedor, ¿dónde se metió?
Miro hacia la mesa de los leones, más por costumbre que por otra cosa, y no está ahí, me preocupa. Al que veo es a Neville, quien observa muy preocupado a Theo. Potter también está viendo de la misma manera a Draco. ¿Qué demonios ocurre?
La buena noticia es que hoy hablaré con Neville y él me va a dar información que en estos momentos siento que es muy relevante y que no poseo.
Miro de reojo a Draco y lo veo jugar con la comida. El que me preocupa es Theodore. Veo cómo observa a la comida y a los chicos que la comen, hay algo en su mirada que me causa inquietud, es como si mi amigo temiera  que aquellos chicos se fueran a… ¡Oh! ¡Demonios! Creo que ya sé cuál es el problema.
-Se ve delicioso ¿no? – les pregunto a ambos sirviéndome un poco de todo y de paso compruebo mi vaga sospecha hacia mi amigo, al menos ya conseguí su atención.
Theo observa mis movimientos. Agarro un tenedor y ensarto un pedazo de calabaza, y justo cuando estoy por morderlo, la mano temblorosa de Theo me detiene seguido de un “¡No!”. Draco se ha sobresaltado, nos mira con extrañeza, también un par de curiosos de la mesa vecina, pero luego se fueron a sus propios asuntos.
-¿Qué sucede, Theo? – pregunto.
-No… no… - ¿tartamudea?
-¿Qué? – vuelvo a preguntar.
-No lo comas – dice en un murmullo, soltando mi mano y bajando la cabeza.
-¿Por qué? Ni que estuviera envenenada – suelto en son de broma, él sube la mirada. Noto lo pálido que se ha puesto.
¡Demonios! Esto ha confirmado mis sospechas.
-No están envenenadas las comidas, Theo – aclaro, creo que eso no es suficiente – mira – el pedazo de calabaza me lo llevo a la boca ante su mirada angustiante – ¿Ves? No pasa nada – le sonrío para darle confianza.
La verdad es que me siento responsable por ambos, Draco y Theo son menores que yo, además nos hemos criado como si de verdad fuéramos hermanos.
-¿Theo? – pregunto y él intenta sonreír. ¡Cielos! A veces siento que Theo dejó todo de él en aquel momento en que vio morir a su padre.
Lo veo mirar mi plato, luego el de Draco y por último el suyo… creo saber lo que piensa y al parecer también Draco porque lo veo estirar su mano y agarrar un pedazo de fruta del plato de Theo y llevárselo a la boca para también darle confianza.
-No pasa nada – le dice Draco, una vez de haberse comido la fruta - ¿Theo?
Algo no está bien.
-¡Theo respira! – Regaño - ¡THEODORE! – segundo después lo veo respirar agitadamente.
¡Maldita manía!
-Come, no pasa nada, solo un poco de fruta ¿de acuerdo?
Con mano insegura toma un trozo de fruta, cierra los ojos con fuerza y se lo lleva a la boca, mastica rápidamente, se lo pasa y al sentir que efectivamente no le ha pasado nada, abre los ojos lentamente.
-¿Y bien? – pregunto, sonriente.
-Esta delicioso… - dice, devolviéndome la sonrisa y minutos después lo veo comer un poco más, creo que se ha dado cuenta que tiene demasiada hambre.
Me alegra. Al  menos ese miedo ya es solo un fantasma.

[…]

Ron tenía más de veinte minutos plantado en la puerta de la oficina del profesor Slughorn, pero no había señales de que éste estuviera del otro lado, así que optó por ir al Gran Comedor. Total, a lo mejor el profesor ese día se animó a ir a desayunar junto con los demás profesores, ¿no? Y de paso se vería con su Blaise, quien seguramente aun seguiría esperándolo en la puerta, así que se dirigió al Gran Comedor.
Un par de minutos después se dio cuenta que algo no estaba bien, por más que caminara seguía en el mismo lugar. Comenzó a desesperarse, al dar vuelta en un pasillo llegó al que acaba de recorrer, no era posible que a estas alturas él se siguiera perdiendo en los pasillos, es decir, eso era normal cuando uno es nuevo en el colegio, pero él ya llevaba ahí siete años, se podría decir que conocía al castillo como “la palma de su mano”, claro que era solo un dicho, porque sus hechos le demostraban que seguía igual de perdido como en su primer año.
Recorrió los pasillos y, efectivamente, eran idénticos el uno con el otro ¿cómo era posible? Pareciera como si alguien le hubiera lanzado un Confundus y así él no dar con la salida de aquel laberinto de pasillos, de hecho ya lo estaba considerando hasta que escuchó el sonido de la campana que anunciaba la hora de la primera clase de ese día.
-¡Demonios! – Exclamó, su clase de DCAO comenzaba en esos momentos y el aula estaba retirada de donde él se encontraba, sin contar que aún no cumplía con el favor y de que ya lo habían castigado una vez por llegar tarde y sin dudas se ganaría un segundo castigo, pero tenía la esperanza de que su profesor lo dejaría pasar porque estaba haciéndole el favor que le pidió minutos atrás ¿cierto?
Sin embargo; el Gryffindor no contaba que precisamente esas eran las intenciones desde un principio de su profesor: castigarlo y tenerlo alejado todo el tiempo posible de su deseable Blaise.
Por último, Ron sacó un pedazo de pergamino y escribió unas cuantas palabras, lo pegó al folder de los papeles importantes de su profesor Morseferth para Slughorn y los deslizó debajo de la puerta, así cuando llegara el susodicho los encontraría ahí y no habría problemas, una vez llevado su acometido salió disparado hacia el aula de DCAO.

[…]

Neville iba rumbo al salón de DCAO junto con su novio Theo, el cual lo abrazaba por la espalda, ya se sentía mucho mejor después de su gran dosis de desayuno y se veía, aunque mínimamente, recuperado. Estaba más animado y ya le había pedido, mínimo veinte veces, disculpas a su novio por lo del día anterior y ya iba por una más.
-Discúlpame Nev, no quería gritarte así ayer en la tarde.
-Y yo ya te dije que estamos bien Theo. Ya olvídalo, yo ya lo hice – sonrió su novio.
-No lo volveré hacer, ya sabes cómo me pongo cuando no duermo.
-¿Qué? – preguntó molesto.
-Solo ese día no lo hice. Lo  juro – respondió rápidamente el Slytherin, nadie debía saber que él seguía sin dormir.
-Espero que sí Theo, tú me prometiste que lo harías, que dormirías.
-Sí, lo sé.
-Por cierto, vi que tus amigos te estaban regañando  en el desayuno – le  dijo como no queriendo la cosa, el castaño tragó saliva.
-Es, bueno…
-Theo – gruñó.
-No tenía hambre, pero al final desayuné ¿está bien? Se lo puedes preguntar a ellos.
-Está bien, te creo.
Llegaron al aula y en la puerta se encontraron a Blaise, parecía preocupado.
-¿Estás bien? – preguntó Theo, dejó de abrazar a su novio.
-Sí, espero a Bilius ¿Lo han visto?
-¿No estuvo en el desayuno? – preguntó confundido Theo.
-No – respondió Neville – qué extraño, salió desde temprano de la torre.
-¿Dónde podría…?
-¡A dentro jóvenes! – ordenó Francis, quien llegaba al aula.
Los chicos entraron resignadamente, sobre todo Blaise, tenía la esperanza de ver a su lindo Bilius antes de la clase… pero al parecer eso no sería posible, el pelirrojo aún no daba señales de estar cerca de ahí.  
Por otro lado, Morseferth estaba feliz y eso no les pasó por desapercibido a sus alumnos.
-Bien jóvenes, hoy habrá algunos cambios, un experimento. He notado que normalmente se sientan con las mismas personas de siempre, así que, a partir de hoy van a tener nuevos compañeros de asientos – dijo con una gran sonrisa – pero como ustedes ya se conocen, y seguramente escogerán al que más les agrada, yo los acomodaré.
Los alumnos se veían extrañados entre sí ¿Cuál era el propósito de eso? pero el profesor no les dio tiempo para preguntar, les pidió levantarse de sus lugares. Francis los recorrió con la mirada y…
-Señor Malfoy – llamó, el rubio estaba sentado en la banca del lado izquierdo de Theo – usted se sentará allá junto con el Señor Weasley, ya que se digne a venir a clases… – dijo con tono serio, le señaló la esquina del fondo, sintió la mirada fulminante de su deseable Blaise.
Francis comenzó a mover a sus alumnos de un lado a otro procurando dejar a los morenos en las primeras filas. Después de cinco minutos estaban acomodados, al menos la mayoría…
-Señor Potter usted se sentará a un lado del señor Longbottom y usted señor Nott, se sentará junto con el Señor Zabini – sí, era mejor que el exquisito de Theo estuviera junto con el deseable Blaise, y el sexy de Potter con el sensual Longbottom.
Satisfecho por sus cambios, Francis estaba por comenzar su clase cuando Ron llegó corriendo.
-Lo siento… profesor – se disculpaba agitadamente.
-¡Vaya! Señor Weasley, su actitud me hace pensar que le gusta ser castigado – dijo con cierta malicia ante la mirada sorprendida de su alumno pelirrojo.
-No, yo solo… - el pelirrojo iba a explicarle el porqué de su retraso, después de todo fue por el favor que le pidió ¿no?
-Es la segunda vez que llega tarde señor Weasley – Francis movió la cabeza de un lado a otro, señal de desaprobación – Diez puntos menos para su casa y una semana de castigo después del descanso.
-Está bien – dijo resignado el pelirrojo.
-Vaya a sentarse a su lugar, que por cierto, de ahora en adelante será junto al señor Malfoy – le señaló la banca del fondo.
-Creo que a tu padrastro, no le cae bien Ron – dijo confidente Theo a su amigo italiano, quien no dejaba de fulminar con la mirada a su profesor.



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