lunes, 26 de diciembre de 2011

Capitulo Dieciocho: Planes para Navidad

Obsesión

Capitulo Dieciocho: 

Planes para Navidad


Llevaban un rato caminando en silencio. Tanto Theo como Draco estaban sorprendidos por la repentina invitación de Blaise hacia Hogsmeade, pero aun así no se negaron, a pesar de ya haber tenido cada uno planes con sus respectivos novios. Ambos chicos creían que Blaise les quería decir algo sobre el asunto de Ron, ya que no habían tocado ese tema en algunas semanas, más sin embargo, ya lo dudaban, su amigo parecía no tener intensiones de hablar sobre ello.
Draco se mordió el labio inferior por tercera ocasión, odiaba el silencio de su amigo, le dolía no poder ayudarlo, así que arriesgándose a un reclamo seguro de Theo y de una segura negativa por parte de Blaise, quiso preguntar qué demonios ocurría, pero Theo se le adelantó.
-Blaise ¿recuerdas la foto que nos tomamos en la primera reunión de La Orden del Fénix?
Blaise, que hasta ese momento parecía estar en una especie de trance, le envió una mirada de confusión, después de varios segundos pudo atar cabos y darle significado a lo que le estaba preguntando su amigo castaño.
-Sí – respondió en un tono vago.
-¿Qué hiciste con ella? – el moreno enarcó una ceja, estaba ‘medio desconectado’ por el asunto de Francis y de Ron, pero no tanto como para comprender a qué demonios se refería su amigo.
-¿De qué hablas?
-Solo por curiosidad – respondió Draco, al sospechar la conclusión de su amigo – la mía la tengo en la habitación y Theo tiene la suya en su propio mueble – y aún no muy decidido continuó – y no sabemos el destino que tuvo la tuya, eso es todo.
Blaise los vio extrañados, después de un análisis mental recordó que su fotografía la había guardado en el primer cajón de la gaveta que estaba en su recamara de la Mansión Zabini.
-Está en mi habitación – respondió en el momento en que entraban al establecimiento de las Tres Escobas – guardada en el primer ca… jón… — las ultimas silabas fueron pronunciadas en un susurro.
En cuanto dio el primer paso en aquel establecimiento, el moreno se quedó paralizado al reconocer a alguien que estaba en una esquina. Ni siquiera se había percatado que se había detenido por la sorpresa, incluso Draco chocó contra él.
-¿Blaise? – interrogó Theo, pero no esperó repuesta sino que siguió la mirada de su amigo hasta encontrarse el porqué de su reacción.
Ron estaba en una de las esquinas platicando amenamente con un chico, Terry.
-Podemos… podemos ir a otro lugar – propuso Draco al percatarse también de lo ocurrido.
Sin embargo, Blaise aún seguía sin moverse de su lugar. Solo observaba aquel pelirrojo, a su lindo Bilius… el cual parecía no estar enterado de lo que ocurría a su alrededor, no podía darse cuenta de los locos latidos del corazón de Blaise, del dolor que le causaba al verlo con alguien más,  del sufrimiento que tenía en su pecho por no poder ser sincero con él, de aquella impotencia de no poder revelarse contra su profesor.
No. El pelirrojo no se daba cuenta y lamentablemente no se daría cuenta sino hasta dentro de muchos, muchos años, después…
-¿Blaise? – llamó Theo, al verlo ensimismado.
-Vamos – respondió decidido con una sonrisa demasiado fingida – no pasa nada – murmuró viendo directamente hacia Ron.
-¿Seguro? – quiso asegurarse Draco.
-Sí – le dijo Blaise viéndolo a los ojos – tengo unas tremendas ganas de probar las nuevas malteadas de arándanos – confesó un poco más animado y tomando de la mano a sus dos amigos los llevó al fondo del establecimiento, muy lejos de la vista de cierto pelirrojo.
[..]
-… solo espero que tantos deberes los pueda terminar en esta semana – decía Terry, mientras le daba sorbos a su cerveza de mantequilla – no quisiera llevármelos a casa ¡imagínate, Navidad y yo haciendo ensayos para el profesor Morseferth! – exclamaba el chico, mientras que Ron lo escuchaba atentamente… o al menos eso creía el Ravenclaw.
Desde que habían llegado al establecimiento, Ron no había abierto la boca para nada, salvo cuando pidió lo que quería tomar y eso porque le preguntó directamente la encargada. En realidad el pelirrojo se había puesto un poco triste cuando Terry comenzó a platicarle sobre las vacaciones de Navidad, aquellas vacaciones a las cuales ya les tenía planeado, desde tiempo atrás, un montón de actividades, dichas actividades incluían a Blaise Zabini. Esa iba a ser su primera Navidad, la pasarían juntos, como novios...
¡Qué fácil podían estropearse los planes! ¡Qué rápido se podían romper los sueños! ¡Qué fácil se podía olvidar un sentimiento!
-¿Ron? – lo llamó Terry, preocupado.
-Lo siento, solo pensaba.
-¿En él? – quiso saber, y el pelirrojo pudo notar cierta decepción en el chico.
-No, pensaba en ti – medio mintió. Terry enarcó una ceja - ¿Qué piensas hacer en Navidad?
-No mucho, supongo que cenar con mi elfo domestico – dejó salir con amargura – mis padres estarán viajando en esas fechas y pensaba ir a mi casa para hacer aquellas cosas que tengo pendientes y…
-Te invito a mi casa – soltó de pronto, Terry entornó los ojos de la sorpresa.
-¿Qué?
-En Navidad, te invito a mi casa – le dijo con una sonrisa sincera.
-Yo, no lo sé – se removió incómodo en su asiento – es decir, seguramente tu familia estará esperando a… ya sabes… y no a mí.
-Mi familia esperará a mis invitados y ese serás tú – dijo decidido el pelirrojo – además, mi familia es más divertida que tu elfo doméstico – le aseguró con una sonrisa, una bella sonrisa a los ojos del otro chico.
-Gracias – le agradeció Terry, devolviéndole la sonrisa – ahí estaré.
-Es una cita – dejó salir inconscientemente Ron.
[…]
-No deberías comer tantas… de estas cosas – dejó salir Draco, viendo desconfiadamente a las frituras que en esos momentos Blaise devoraba con ansias.
-Están deliciosas – le confesó y alargándole la bolsa, agregó – deberías probarlas.
-Emh, paso – exclamó el rubio viéndolo incrédulamente ¿Cómo podría comer tanta comida chatarra su amigo?
Por otro lado, Theo tenía formada una teoría, Blaise no era de esos que comían de montón y menos si era ese tipo de comida, más sin embargo, últimamente comía mucho de ese tipo, Theo creía que su amigo de alguna manera sublimaba sus sentimientos en esa comida, o ¿de qué otra manera se explicaba el por qué Blaise comía mucho?
-Sé que falta una semana para salir de vacaciones pero ¿ya tienen planes? – preguntó Theo después de un rato, mientras le daba un sorbo al zumo de arándano.
-No – respondió rápidamente Draco – ya saben que mi padre era el que hacía sus fiestas y esas cosas.
-Yo, no estoy seguro – confesó Blaise un poco tenso, no se había puesto a pensar qué era lo que haría, sus planes originales habían cambiado drásticamente.
-¿Y si hacemos una reunión en mi casa? – propuso Theo, al ver el ánimo de sus dos amigos.
-¿No la pasarás con Neville? – quiso saber el moreno.
-Él vendrá – confesó Theo – pero eso no es impedimento para que ustedes no vayan – aseguró.
-No lo sé… — Draco se rascó la coronilla, ahora que lo pensaba bien, esa sería la primera Navidad que podría pasar junto a Harry, como novios.
-¿Blaise? – le preguntó Theo, al ver al chico un poco ‘ido’.
-Mi madre el año pasado había dicho que quería una cena con nosotros ¿lo recuerdan? – Ambos chicos asintieron – pero no me ha dicho nada, supongo que se le debió haber olvidado, así que…
-Podemos reunirnos en mi casa, estar un rato y después ir con tu madre, que seguramente ya debió haber hecho planes con la mamá de Draco.
-Es verdad – dijo divertido el rubio.
-Piénsenlo y me lo dicen – propuso Theo.
-De acuerdo – ambos chicos aceptaron.
Los tres se sumergieron en un silencio un poco incómodo, como últimamente pasaba, y eso los frustraba, pero ¿Qué más podían hacer?
Blaise lo sabía, sí, él sabía qué podía hacer, pero ¿estaba preparado para decirlo? No, aún no, pero se lo debía a ellos, a sus amigos, que a pesar de haber ya tenido planes con sus novios, estaban ahí. Con él. Y de alguna manera, sus amigos esperaban escucharlo, nunca se lo preguntarían directamente porque esperaban escucharlo de él. Y Blaise, eso haría. Pero tenía que ser muy cuidadoso por el Pacto Mágico.
-¿Creen que a Harry le guste? – les preguntó Draco, hasta ese momento, Blaise se percató que el silencio ya había sido cortado desde momentos atrás.
-Probablemente – respondió Theo, observando a la pequeña snitch dorada de juguete, que revoloteaba alrededor de las manos de Draco.
-No encontré mejor cosa qué regalarle – confesó sonrojado. Y Theo solo le sonrió, le dio un par de palmaditas en la espalda para darle ánimos.
-Seguro le encantará – le confortó, agarrando la pelotita.
-Chicos… — la voz de Blaise los tomó por sorpresa. Ambos chicos lo observaron, curiosos.
Blaise sintió un nudo enorme en la garganta, el cual le impedía hablar, pero aun así sus amigos no lo presionaron, solo se limitaron a verlo y con la mirada darle su apoyo.
-Bilius y yo terminamos… — la voz de Blaise se escuchaba temblorosa, como amenazando que de un momento a otro comenzaría a llorar – no me pregunten el por qué, solo sé que… — una lagrima resbaló por su mejilla – es mejor que estemos lejos.
Theo y Draco se vieron entre ellos extrañados por la repentina confesión, querían saber más, saber los motivos o razones, pero entendieron que su amigo aún no estaba listo para decirles todo, así que ambos se levantaron y se sentaron uno a cada lado de él, pasando sus respectivos brazos por sus hombros, demostrando así su apoyo hacia con él.
En esos momentos, Blaise ya no pudo contenerse más y comenzó a llorar. Con sus amigos. Ya no solo. Ya no más.
[…]
 [Blaise Zabini]
Después de haber estado llorando por un buen rato con mis amigos, he de confesar que me sentí mucho mejor. Les prometí no ocultarles más cosas… cosas que no tuvieran que ver con Morseferth, claro. Parecían más animados, después de haberles dicho que saldría adelante y que no me pondría mal si se repitiera otra escena donde incluyera a Bilius y alguien más.
Es más fácil decirlo que hacerlo. Jamás podría ver a Bilius sin sentirme mal, no después de todo lo que le dije aquel día, además, aún lo amo, nunca dejaría de hacerlo por más estúpidos Pactos Mágicos que Francis me obligue a aceptar.
Cuando salimos del establecimiento, ya era muy tarde, así que no me extrañó no ver a Bilius y Terry en aquella esquina donde los había visto cuando llegamos.
Bilius.
¡Cuánto lo he extrañado!
Han transcurrido varias semanas desde el día del adiós y cada día ha sido muy difícil, cada encuentro ha sido una agonía, el tenerlo cerca y no poder decirle nada, el no poder explicarle, el no poder decirle que aún lo amo, que me perdone. 
Cuanto me duele ver su desprecio en su mirada, su rencor hacia mí… su dolor. Si tan solo supiera cuanto me duele verlo así, el verlo con alguien más. Sueno egoísta lo sé, pero yo lo amo, lo extraño.
¿Qué voy hacer cuando tenga ganas de darle un beso? (1)
¿Qué voy hacer cuando lo vea besando a otro?** (2)
¿Qué voy hacer cuando él ame a otra persona?
¿Qué haré?
Una lágrima resbala por mi mejilla… y enseguida siento la asquerosa lengua de Francis limpiarla.
-Blaise… — sus labios rozan los míos – te… amo… – cada palabra es acompañada por una embestida, cada vez más rápida, seguida una de la otra, señal que pronto Francis terminará… y así lo hace – te amo...
Ya ni me molesto en verlo a la cara, últimamente dice muy seguido esas dos palabras, como si éstas fueran a cambiar mis sentimientos hacia con él, sentimientos que por cierto son de repulsión, odio y asco.
[…]
Harry besaba el torso desnudo de su novio, mientras que éste solo jadeaba por las sensaciones que le provocaba aquella traviesa lengua en sus aureolas. El Gryffindor con un ágil movimiento de varita, desvistió a ambos. El moreno siguió con sus besos cada vez más abajo hasta llegar a la intimidad, demasiado despierta, de su rubio novio.
-Harry… — gimió Draco, al sentir al moreno rozar con su lengua la punta de su miembro y a un par de dedos explorar su entraba ya lubricada — ¡Vamos, entra ya! – prácticamente le ordenó al sentirse ya necesitado de él. Y el aludido así lo hizo, entró en él lentamente.
 -¡Merlín, Draco! – exclamó con voz ronca el ojiverde, al sentirse tan apretado en aquella estrecha entrada.
Harry buscó la boca del rubio y comenzó a besarlo de manera demandante a la par de sus embestidas, mientras que una de sus manos se aventuraba en masajear el miembro de su novio. La Sala de Menesteres enseguida se vio invadida por gemidos de ambos chicos, gemidos que se tornaron a órdenes y suplicas por parte de sus dueños que solo querían complacer al demandante.
-Te amo – confesó Draco, en el momento en que se sintió venir en la mano de Harry.
-Yo… también… te… amo… — exclamó exhausto el moreno, al sentir el orgasmo.
Después de un rato de descanso, ambos chicos se enfrascaron en una conversación que de alguna manera se estaba convirtiendo en su primera pelea.
-Entonces… – en la voz de Draco se apreciaba cierto reproche – aunque yo ya hubiera planeado algo para nosotros en Navidad, igual me ibas a dejar plantado.
-No, Draco – la voz de Harry se escuchaba más a fastidio – escúchame, los Weasley siempre me han invitado a pasar la Navidad en la Madriguera y este año no fue… ¿Qué haces? – Preguntó al ver que Draco se estaba vistiendo — ¿Draco?
-Vistiéndome ¿Qué no ves?
-Draco – gruñó el ojiverde – te estoy tratando de explicar las cosas.
-Y ya te escuché, al parecer aunque hubiera planes entre tú y yo no podrían ser, porque el señorito- que-venció prefiere irse con los pelirrojos que…
-¡Basta! – Harry se levantó, con forme se vestía su enojo aumentaba — ¿quieres pasar la Navidad conmigo? Perfecto, ven conmigo a la Madriguera.
Tal como se escuchó no le pareció a Harry, desde un principio tenía en mente en invitar al Slytherin a la Madriguera, es más, tanto él como Ron tenían pensado invitar no solo a Draco y a Blaise, sino también a Theo y a Neville, más sin embargo sus planes cambiaron un poco con los últimos acontecimientos, es decir, la ruptura de su mejor amigo con su novio, pero de igual manera Harry invitaría a Draco, claro que dicha invitación la tenía planeada de una forma distinta a como la había dicho, incluso la respuesta por parte del rubio no le sorprendió del todo.
-¡Claro! No te queda de otra ¿no?
-No, no fue así, escucha…
Prácticamente Harry tuvo que correr, Draco salió furioso de aquella habitación.
-¡Draco! – gritó, pero el rubio ya llevaba ventaja y decidió dejar por la paz ese asunto, al menos hasta que se tranquilizara un poco, enojado no lograría nada, salvo enojarlo más.
-Hola, Potter – le saludó una voz a sus espaldas.
-¿Qué quieres Corner? – preguntó sin siquiera verlo a la cara ¿Cómo podría hacerlo después de lo que ocurrió en el fin de semana?
-Nada, ya obtuve lo que quise… al menos que tú quieras repetir – tentó el chico Ravenclaw.
Harry se tensó e incluso se puso un poco nervioso ante las palabras del chico. Por otro lado, Michael Corner disfrutaba verlo así ¿Quién iba a pensar que él, un chico insignificante, podría causar nerviosismo en el chico-que-venció?
-Por supuesto que no – afirmó Harry, aunque cada vez se le notaba más su nerviosismo hacia aquel chico – te lo dejé muy en claro ese día ¿no? – el chico Ravenclaw soltó una sonrisa floja.
-En realidad no hablamos, hicimos.
-Vale, pero no se volverá a repetir, tengo novio y…
-Novio, el cual supongo, no sabe nada de eso que hicimos ¿cierto?
-Quedamos que si tú no decías nada, yo tampoco – aclaró Harry, tomando una postura más seria, si aquel chico seguía hablando nada bueno saldría. Si de por sí las cosas ya no eran buenas entre ellos.
-Es verdad — dijo sonriente y viéndolo desafiantemente, se acercó a él – pero si quieres repetirlo… – le susurró al oído, la respiración de Harry iba en aumento en cada palabra – sabes dónde encontrarme – el Ravenclaw pasó una mano por el dorso del chico antes de irse y dejar a un alterado Harry Potter.
[…]
Neville se había pasado parte del día con Ron, ayudándole a hacer algunos deberes hasta el momento en que el pelirrojo se bloqueó y no supo más que hacer.
-Neville, ¡Renuncio! – Gritó – sé que el propósito era terminar los deberes antes de salir de vacaciones, pero es imposible, mañana es el último día y mi cerebro no da para más, lo siento.
-Está bien, Ron – le calmó Neville – yo también estoy agotado.
-Voy a dar una vuelta para despejarme un rato – le informó mientras se ponía la bufanda – te alcanzo en el Gran Comedor a la hora de la comida.
-Bien – le respondió Neville.
El chico dio un suspiro largo, y de alguna manera se alegró que su amigo pelirrojo estuviera nuevamente saliendo y superando lo de Blaise.
Y hablando de Blaise…
El chico iba en camino hacia los jardines del colegio, le apetecía dar un paseo por aquellos rumbos antes de irse al Gran Comedor, caminaba ensimismado en sus pensamientos, con las manos dentro de los bolsillos, cuando escuchó unos pasos acercándose del otro lado del pasillo. Era Bilius.
Ron también iba centrado en sus pensamientos cuando se percató que una persona se había detenido a unos cuantos pasos frente a él. Era Blaise.
Ambos chicos se observaron, se veían directamente a los ojos.
Mientras que en Blaise, a pesar de los locos latidos de su corazón, había una mirada que pedía a gritos un ‘Perdón’ que quizás no llegaría nunca. En Ron, que también tenía a su corazón dando punzadas a todo lo que daba, también había una mirada que reclamaba a gritos un silencioso ‘¿Por qué?’ que posiblemente jamás sería respondido. 
Era la primera vez, desde aquel día del adiós, que ambos se encontraban solos, ya que las semanas anteriores se habían visto de frente, pero esta era la primera vez que estaban realmente solos, sin amigos de por medio que los salvaran de momentos incómodos, ni  Ravenclaw entrometidos, ni profesores de DCAO inoportunos. Nadie.
El primero en romper el contacto visual fue Ron, el cual siguió su camino y haciendo lo que últimamente hacía cuando veía a Blaise, ignorarlo. Aunque por dentro seguía resonando ese silencioso ‘¿Por qué?’.
Blaise se quedó todavía un rato más en ese pasillo hasta el momento en que sintió a su corazón palpitar como debía de ser. Exhaló larga y pausadamente, y después de repetirse muchas veces “Todo está bien”, continuó su camino. Cada paso que daba era paso en el cual trataba de converse que todo saldría bien… hasta el momento en que salió del castillo y un par de manos lo tomaron del brazo, llevándolo hacia la parte trasera de éste.
-¿Qué…? – no pudo evitar hacer una mueca de fastidio al reconocer a Francis Morseferth.
-Hola – le saludó, dándole un casto beso en los labios para horror de Blaise.
-¡Nos pueden ver! – le reclamó después del estupor.
-Ya sé que vamos hacer en Navidad – le dijo Francis con una gran sonrisa e ignorando la queja del chico.
[…]
Si Ron había estado pensando que ya estaba superando a Blaise estaba EQUIVOCADO, solo bastaron esos segundos donde sus miradas se cruzaron para darse cuenta que lo amaba igual sino es que hasta más que al principio. Y eso lo hizo sentirse  idiota ¿Cómo podría seguir amando a una persona que le hizo daño, que lo creía un ratero?
Y entonces sus pensamientos tornaron a su profesor Morseferth, tenía un extraño presentimiento de que Francis tenía algo qué ver y no se equivocó.
Ron se quedó como estatua al ver a Blaise con Francis… juntos.
“Te amo Bilius... no lo olvides”.
Las palabras de Blaise resonaron en su mente, sin embargo lo que él estaba viendo nublaba su juicio y de pronto aquellas palabras parecieron simplemente desaparecer. Solo podía ver la estúpida sonrisa de satisfacción de Francis dirigida hacia él. Esa sonrisa que Ron reconoció como triunfo. Victoria. Ganador.
[…]
-Ya sé que vamos hacer en Navidad – le había dicho Francis.
-¿Qué…?
-Le escribirás a tu madre y le dirás que pasarás la Navidad aquí en el Colegio – le ordenó el mayor – y a tus amigos, les dirás que tu madre vendrá por ti  por vía Red Flú y por eso no te irás en el tren con ellos.
-¿Qué? – era solo lo que podía decir Blaise.
-Tú y yo, estaremos juntos en Navidad,  todo el día, solos – le dijo Francis, seductoramente. En Blaise solo se reflejaba el pánico. Pensar que estaría con Francis TODO el día no le agradaba, si con solo unas cuantas horas al día y la noche, se le hacía un tormento, no se podía imaginar lo que sería estar todo el día con él.
-No, yo…
-¿Acaso es una negativa? Creí que esa fase ya la habíamos superado – se quejó el mayor. Blaise se mordió el labio inferior y posó su mirada en el suelo. Francis lo tomó de la barbilla para que el chico lo viera de frente.
Solo fue cuestión de segundos.
Morseferth desvió su mirada unas milésimas de centímetros hacia la izquierda de Blaise, solo entonces se percató que  a unos cuantos metros más allá, un alumno los observaba atentamente… y no cualquier alumno, Ronald Weasley. Y como siempre la ágil mente del profesor no se hizo esperar más.
-Abrázame – le ordenó a Blaise, quien lo miró confusamente – pasa tus manos sobre mi cuello y abrázame – repitió.
-Nos pueden ver y…
-Solo hazlo – por supuesto que los podían ver, eso era exactamente lo que Francis quería que pasara, que aquel estúpido pelirrojo los viera y se olvidara de Blaise de una vez.
El Slytherin, no muy convencido, alzó sus manos un poco temblorosas y las dirigió alrededor del cuello de su profesor. El mayor pegó su frente con la de él.
-Bésame – le pidió. Blaise ya se esperaba una orden parecida, así que resignadamente dirigió sus labios hacia a los del mayor.  
El beso fue apenas un roce. El mayor sabía que ambos tenían que ser convincentes a los ojos de aquel pelirrojo, porque el rubio sabía que aquel Gryffindor aún los observaba, quizás por sorpresa o por masoquismo, quien sabe, pero aún sentía su mirada en ellos. Así que, Francis rodeó con sus manos la cintura de su alumno y profundizó aquel beso, exploró la boca del chico como tantas otras veces lo había hecho.
Una vez que se deleitó con gusto en aquella exquisita boca, se separó un poco, y sin dejar el abrazo, colocó su cara en el hueco del cuello con una gran sonrisa de satisfacción, sonrisa que por cierto, era dirigida hacia cierto pelirrojo que aún los veía sin poder dar crédito a sus ojos. Sonrisa que era acompañada con una mirada de autosuficiencia.
Mirada y sonrisa que solo era dirigida a Ronald Weasley y que solo podían significar una cosa. Francis había ganado.


Aclaraciones:
(1)¿Qué voy hacer cuando tenga ganas de darle un beso?
(2)¿Qué voy hacer cuando lo vea besando a otro?
Estas frases fueron tomadas de la letra de una canción llamada: ‘Lo intentamos’ de Espinoza Paz, muy hermosa canción, mi corazoncito se apachurra cada vez que la escucho.


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