Obsesión
Capitulo Once:
El colapso de Theo
El colapso de Theo
Los días transcurrían lentamente, o al
menos eso pensaba Blaise, cada día que pasaba siempre era lo mismo: era Francis
con una estúpida excusa para sacarlo de cualquier clase para hacerlo suyo. Era
Morseferth con cualquier inútil pretexto para llevárselo en las horas de las
rondas de prefectos para poseerlo. Era el estúpido auror con cualquier motivo
para castigarlo, aprovechando ese tiempo para pasar momentos de placer.
Y cada día que pasaba, era cada día que
Blaise suplicaba que el estúpido de su padrastro encontrara otra persona con la
cual estar, pero sus ruegos no eran escuchados. Al contrario, parecieran que
surtían el efecto contrario, como lo era ese día, era la cuarta vez que el
rubio lo sacaba de clases.
-Lo siento profesora Sprout, es
importante – se excusó el profesor.
-No se preocupe profesor Morseferth, tómese
el tiempo que sea necesario – respondió.
A Blaise le hubiera gustado que su
profesora jamás hubiera dicho eso. Jamás.
Y como en todas las veces, Blaise se
desconectaba. Mientras su profesor lo poseía, su mente divagaba lejos de ahí, hasta
con su lindo Bilius.
[…]
Esta vez estaban en el Gran Comedor,
nuevamente los seis, o al menos de cuerpo, porque cada uno de ellos parecía
estar en su mundo, muy en su mundo.
-¿Draco? – llamó Harry de repente.
-¿Qué? – respondió bruscamente, saliendo
de su ensimismamiento.
-¿Estás bien? – quiso saber.
-Sí, Harry ¿Por qué? – preguntó ceñudo.
-Porque otra vez me estas ignorando –
esta vez no pudo ocultar su resentimiento el león – dime ¿Qué ocurre?
El Slytherin suspiró largamente
mientras le enseñaba la versión del profeta donde salía el artículo de la fuga
de Azkaban.
-¿Tu papá…? – dejó salir sorprendido.
-No, pero parece que quiere salir y
vengarse de mí.
-¿Por qué?
-Porque lo traicioné ¿te parece poco? –
dijo fastidiado.
-Yo no…
-No te preocupes Harry – dijo más
calmado – el ministerio me dijo que tomará las precauciones necesarias, aunque
mientras esté en Hogwarts no me hará nada, además aún está encerrado así que no
hay de qué preocuparse – sonrió para tranquilizar a su novio, nuevamente se
centró en sus pensamientos.
-Bien – dijo más aliviado Harry, aunque
aun así no dejó de sentirse preocupado, a Draco se le veía triste y ¿quién no?
No cualquier padre intenta escaparse de Azkaban con el único propósito de matar
a su propio hijo.
El rubio Slytherin no era el único en estar
sumergido en su mundo, también lo estaba Neville, quien observaba detenidamente
a su novio, el que a su vez estaba ‘más
fresco que una lechuga’.
-…después de ayudar a Draco con el
entrenamiento podemos ir a Hogsmeade… - el castaño hablaba con demasiado
entusiasmo – o prefieres dar un paseo por el bosque prohibido… Oh ¡ya sé! ¿Qué
tal si practicamos encantamientos? Hace mucho que no lo hacemos ¿Qué dices?
-Theo…
-Bien, no practicaremos encantamientos,
¿entonces Hogsmeade?
-¿Y si dormimos? – propuso preocupado
Neville.
-¿Dormir? – El Slytherin frunció el
ceño – ¿eso quieres hacer en todo el fin de semana? ¿Dormir?
-Pues…
-Neville ¿Qué te ocurre?
-Nada, está bien, vayamos a Hogsmeade –
se rindió.
Theo sonrió de oreja a oreja y Neville
solo se preocupó más al ver que las ojeras que adornaban los ojos de su chico, en
lugar de disminuir, se notaban cada vez más.
-Blaise… - llamó Ron cauteloso, al ver
que su novio solo jugaba con la comida.
-No tengo hambre – dijo Blaise viendo
con cierta repulsión a la comida.
-¡Desde hace días que dices lo mismo! –
se quejó Ron.
-Es que la comida me da… como decirlo
¿agruras? – el pelirrojo alzó una ceja, en esos momentos apareció el postre, haciendo
desaparecer los platos de la cena - ¡Genial! Postres de calabaza – dejó salir
con un brillo en su voz.
-¿No acabas de decir que la comida te
da agruras? – le preguntó perplejo.
-Bueno Bilius, esto es el postre – dijo
sonriente y a la vez dando a entender lo obvio.
El pelirrojo no pudo dejar de
preocuparse por su novio ¿Qué ocurría con él? Había momentos en los que estaba demasiado feliz, después demasiado triste, comía mucho o comía
poco. Su estado de ánimo cambiaba muy rápido y eso sinceramente le preocupaba
mucho.
En cuestión de minutos la campana sonó
y los alumnos comenzaron a retirarse.
Blaise estaba por levantarse de la
mesa, cuando una nota llegó hasta su lugar, haciéndolo estremecerse, conocía perfectamente
esa caligrafía. Por supuesto que sí.
“Maldito Morseferth”
-¿Ocurre algo Blaise?
-No Bilius, te alcanzo en la ronda de
las diez.
-Espero que esta vez el profesor
Morseferth no llegue y te lleve nuevamente – dijo Ron con pesar, lo cual hizo a
Blaise sentirse realmente mal.
-Yo también… - murmuró – espero que no
llegue, pero aun así haremos el intento ¿sí?
-Bien – dijo animadamente el pelirrojo.
El Slytherin le dio un beso suavemente
de despedida y luego salió del lugar dejando a Ron ensimismado.
El pelirrojo no era tonto, por supuesto
que no, sabía que algo pasaba, pero no sabía bien a ciencia cierta qué era. Sin
duda su Blaise había cambiado notoriamente, algo no estaba bien, algo le
ocultaba y tenía la ligera sospecha que su profesor Francis tenía algo que ver,
pero no sabía qué era, así que decidió averiguarlo por su propia cuenta. Porque
de que algo traían entre manos, algo traían. O entonces ¿cómo se explicaba el
por qué su profesor cada vez que tenía
oportunidad se llevaba a su novio incluso estando en clases?
El pelirrojo suspiró y también salió
del lugar ante la mirada triunfante de un profesor.
Francis Morseferth sabía que el pelirrojo
estaba sospechando algo y él se encargaría de que el pelirrojo no se quedara con
la duda, por supuesto que no. Ese maldito pelirrojo tenía que darse cuenta que
Blaise era solo suyo y de nadie más, y
mucho menos de él. Cuando vio salir al pelirrojo, desvió su mirada a otra
pareja, que no estaban precisamente muy feliz…
El profesor vio a Theodore que parecía
estar reclamándole algo a su novio Longbottom, después lo vio salir sin más del
Gran Comedor siendo seguido por el Gryffindor. Francis sabía lo que
probablemente podría suceder, así que sin perder tiempo se dispuso a seguirlos.
-¡Theo! – gritó Neville, lo alcanzó en
los jardines del castillo.
-¿Qué Longbottom? ¿Qué? – gritó Theo
deteniéndose frente a él.
-¿Ya soy Longbottom? – reclamó el león,
cada vez que el Slytherin lo llamaba por su apellido era porque estaba muy enojado.
-Sí, ¿Qué demonios quieres?
-¿Qué quiero? ¡Qué duermas! ¡Maldita
sea! – reclamó, saliéndose de sus casillas.
-¡No lo necesito! ¿Acaso no me ves?
-¿Por qué crees que te lo digo? ¿Porque
solo se me ocurrió? – respondió irónico.
-¿Sabes qué? ¡Déjame solo! – sentenció
Nott.
-No – atajó Neville controlándose como
pudo.
-¡Vete! – exigió.
-¡NO! – gritó.
-¡QUE TE VAYAS! ¡MALDITA SEA! – Theodore
gritó furioso, empujándolo.
-¡NO ME IRÉ!
-ERES UN… Un… un… - a Theo de pronto
todo le comenzó a dar vueltas, veía a su novio borroso, sintió que sus pies ya
no tenían fuerzas suficientes para sostenerlo y en escasos momentos todo se
volvió oscuro…
-¿Theo? – Llamó Neville, asustado, al
ver a su novio tambalearse - ¡THEO!
El Slytherin no contestó, se había
desmayado.
El Gryffindor lo llamaba, se había
puesto de rodillas frente a él y comenzó a mecerlo suavemente, pero el castaño
no le respondía. Neville estaba demasiado asustado y no veía a nadie cerca para
que lo auxiliara. Nadie, hasta que llegó su profesor de DCAO.
-Parece que Nott se ha desmayado, señor
Longbottom - “¿usted cree?” Pensó irónico
Neville – será mejor que me lo lleve a la enfermería.
-Sí – respondió Neville haciéndose a un
lado, mientras el profesor tomaba en sus brazos al slytherin.
-Usted señor Longbottom ya puede irse a
su Sala Común – ordenó el profesor.
-¿Qué? – preguntó perplejo.
-La hora límite de estar por los
pasillos ya está llegando, es mejor que se retire si no se quiere ganar un buen
castigo y puntos menos para su casa – dejó salir mientras se encaminaban al
castillo.
-Pero…
-No se preocupe yo cuidaré del señor Nott – dijo sonriente, aunque eso no tranquilizó
a Neville, no le daba confianza ese profesor, por supuesto que no.
-Yo…
-Vamos Longbottom, mañana ya lo
visitará en la enfermería – dijo con tono amenazador y a Neville no le quedó de
otra que irse a su Sala Común, prometiéndose internamente que a primera hora
del siguiente día, estaría en la enfermería junto a su Theo.
Mientras tanto, Francis se desviaba del
camino de la enfermería.
-Oh Theodore. Tú y yo la vamos a pasar muy bien… - murmuró mientras veía lujuriosamente al Slytherin.
El profesor se encaminó hasta su
habitación y depositó al chico en su cama. Lo observó detenidamente mientras se
deshacía de su propia corbata.
El chico dormía apaciblemente, su pecho
subía y bajaba al compás de su respiración tranquila, su cabeza estaba ladeaba
y dejaba expuesto un exquisito cuello que reclamaba ser lamido… mordisqueado ¡y qué decir de aquellos labios! Esa boca…
Francis se acercó al chico y se
arrodilló a la orilla de la cama para quedar a la altura del chico acostado en
la cama, con sus manos agarró la cara del muchacho para voltearla hacia él. Y
sin esperar más unió sus labios con los del Slytherin. Comenzó a besarlo
despacio, después un poco más demandante, después con una de sus manos hizo
presión en las mejillas del chico para que éste abriera la boca, lo cual hizo;
aprovechando esto Francis introdujo su lengua, comenzó explorando todo terreno
que le resultaba extremadamente magnifico.
-¡Qué delicia! – Susurró, separándose lentamente – con razón Longbottom
no se despega de ti.
Con sus largos dedos recorrió el
contorno de la boca del chico, luego los bajó hacia el cuello, hasta llegar a
su corbata, la comenzó a quitar, después siguió con desatar la túnica, luego a desabrochar los
botones de la camisa…
Mientras lo hacía, el mayor se lamía
los labios y con su mirada se devoraba al chico, nada más de pensar que ahora
se haría de Theo.
-¡¿Qué demonios está haciendo?! –
escuchó que una voz muy conocida le reclamaba.
-Hola Blaise – le saludó un poco
decepcionado y dejando (con toda la pena) de lado a Theo – creí que no vendrías
así que, alguien tenía que ocupar tu
lugar…
-¡Déjelo en paz! ¡Aléjese de él! –
gritó un poco histérico.
-Vamos Blaise, no seas aguafiestas –
dejó salir, divertido.
Blaise solo lo fulminó con la mirada y
con un empujón lo alejó de su amigo.
-¿Qué le hizo? ¿Por qué duerme? –
interrogó asustado, se arrodilló al lado de su amigo.
-No le he hecho nada… aún – dijo sonriente el rubio – pero
supongo que colapsó.
-¿Qué? – preguntó perplejo, mirándolo a
los ojos.
-Hace días que tu amigo no duerme,
¿cierto? – Blaise parecía confuso – Te explico. Theodore pasó por la etapa del
insomnio, después tuvo un lapso de tiempo de euforia, luego estuvo días en los
que estaba con demasiada energía ¿voy bien? – Blaise lo escuchaba atentamente,
luego posó su mirada hacia su amigo, era cierto lo que Francis le decía. Había
visto así a su amigo durante la última semana y aun sabiendo que él no era no de
ese modo no le dio importancia, de pronto Blaise se sintió pésimo – Que tal… ¿si
hacemos un trío? – Francis le susurró
al oído, haciendo que Blaise se estremeciera, no se había dado cuenta que su
profesor había llegado hasta su lado – Theo no despertará pronto, le calculo
que dormirá unas cuarenta y ocho horas como mínimo. Así que, no se dará cuenta,
será nuestro pequeño secreto, ¿Qué
dices? – le preguntó mientras comenzaba a besar su nuca.
-¡Está usted enfermo! – Blaise soltó, levantándose ante la mirada frustrante de
Francis.
-Vamos Blaise, no me digas que nunca
tuviste alguna fantasía con tu amigo
– el Slytherin lo veía con repulsión, ese tipo era un maldito enfermo.
-Deje a Theo fuera de esto, haré todo
lo que me pida, pero deje a mis amigos fuera de esto – suplicó, mientras veía a
Theo dormir.
-Como quieras – le ronroneó Morseferth mientras se acercaba a él
– vamos Blaise, hoy aprenderás algo nuevo – le dijo mientras se sentaba en la
orilla de la cama y hacía que el moreno se arrodillara ante él – ¿alguna vez has
hecho una felación? – preguntó mientras se desabrochaba su pantalón…
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