martes, 20 de diciembre de 2011

Capitulo Diez: Sin salida.

Obsesión


Capitulo Diez: 

Sin salida

En las habitaciones de los Slytherin un rubio somnoliento se dirigía hacia la ducha cuando un animado Theodore salía de ésta.
-¡Hola Draco! – Saludó con gran entusiasmo – ¡Buen día! – Le dio una palmada en la espalda al pasar a su lado – Es hora del desayuno, no tardes, te veo abajo. ¿Dónde está Blaise? ¿Aún no llega? No importa igual nos alcanza, ¡te veo luego! – dijo sin pausas, una sonrisa de oreja a oreja invadía su rostro. Salió de prisa ante la mirada perpleja de Draco.
¿Desde cuándo Theo era el ‘señor entusiasta’?
Draco se restregó los ojos con las manos y decidió averiguarlo más tarde, ya que estuviera ‘despierto’, se metió a la ducha.
En cambio, Theodore estaba demasiado feliz y con una gran energía, que si no fuera porque en esos momentos tenía que ir a ver a su novio, se hubiera ido a dar unas cuantas vueltas en el campo de quidditch en su escoba. Pareciera que todo ese mes que llevaba sin dormir no le hubiera afectado, se sentía tan revitalizado, tan eufórico, sin embargo su cara reflejaba otra cosa, las ojeras que adornaron sus ojos anteriormente volvían a hacerlo sutilmente, su hechizo ‘glamur’ ya no tenía el mismo efecto o ¿él ya no tenía las fuerzas que creía tener para hacer el hechizo? Eso podría  explicar el por qué en su mirada se reflejaba cansancio absoluto contrastando con la gran sonrisa que llevaba en el rostro.
El Slytherin caminaba por los pasillos saludando a todos los alumnos que encontraba en su camino y cada uno de ellos le enviaba una mirada extraña por su actitud (vamos, es un Slytherin… y no cualquier Slytherin, ¡por Merlín! Es Theodore Nott, ¡el chico supuestamente antisocial!).
Llegó a la puerta del Gran Comedor encontrándose con Neville, quien le sonreía abiertamente hasta que pudo observarlo mejor. Theodore no estaba bien, desvaneció la sonrisa para poner un semblante de sorpresa.
-¿Pero…?
-¡Hola, Neville! – saludó el recién llegado en el mismo tono que había usado en Draco con la diferencia que a este saludo le agregó un gran beso, ganándose algunas miradas extrañas, incluida una del propio Neville - ¡vamos a desayunar en tu mesa!
Y sin esperar respuesta, lo agarró de la mano y se lo llevó a su mesa. Neville estaba perplejo ¿Quién demonios era ‘ese’? Porque definitivamente no era su Theodore Nott, ¿desde cuándo Theo lo besaba tan descaradamente frente al Gran Comedor? Siempre había sido muy prudente en esas cosas al menos dentro del castillo donde había demasiado público y ¿su actitud? Bueno tampoco era que Theo era el ‘pesimismo andando’ pero tampoco era el ‘señor entusiasta y feliz’.
Algo andaba mal.

[…]

Blaise caminaba por los pasillos ensimismado en sus pensamientos, llevaba las manos dentro de los bolsillos del pantalón y con la mirada fija en el piso. Había decidido ‘olvidar’ el trago amargo de la noche anterior aunque eso iba a ser algo imposible, sobre todo en cuanto viera al estúpido de Morseferth, pero al menos su madre, sus amigos y su lindo Bilius estarían a salvo, ya había hecho lo que le había pedido y en unas cuantas horas más su profesor enviaría el reporte donde diría que su madre era inocente, porque lo era.
Hablando de su madre, esperaba que estuviera bien, al parecer ella también había sido engañada por el estúpido ese que…
El Slytherin sintió cómo una mano ajena lo tomaba del brazo por la espalda, por reflejo (y creyendo que era Morseferth) se dio la vuelta bruscamente estampando a su atacante en la pared y le apuntó  con su varita.
-¿Blaise? – preguntó confundido un pelirrojo pecoso.
El moreno, quien hasta minutos antes había estado respirando aceleradamente, dejó de hacerlo aunque su corazón no dejaba de palpitar como loco.
-Bil… ¿Bilius? – Lo soltó de inmediato.
-¿Estás bien?
-Lo siento – se disculpó, abrazándolo – perdóname…
-No pasa nada – dijo tranquilamente Ron pero por alguna extraña razón sentía que ese ‘perdóname’ no había sido precisamente por lo recién ocurrido – Blaise ¿ocurre algo?
-No…  – respondió, sin soltarse del abrazo – ¿te importaría saltarnos el desayuno e irnos a otro lugar a descansar?
-¿A dónde quieres ir? – preguntó comprensivo porque sabía que algo había pasado, seguramente su profesor le debió de haber dado una mala noticia.
Ronald conocía muy bien a su novio, cuando ocurrían ‘cosas malas’ Blaise acostumbraba a aislarse de todos, siempre lo hacía, incluso desde antes de que fueran novios lo había pillado varias veces hacerlo, pero un día el pelirrojo se armó de valor y lo acompañó y desde ese entonces siempre lo acompañaba en esas situaciones.
El Slytherin terminó con el abrazo, tomó de la mano a su novio y comenzó a dirigirlo hacia el séptimo piso donde frente a ellos se materializó una puerta y entraron en ella.
La habitación de Ron, de la madriguera, fue lo que se encontraron del otro lado de la puerta. El pelirrojo al principio se preguntaba por qué cada vez que iban a ese lugar se transformaba en su dormitorio, pero después comprendió que era Blaise el que lo pedía, quizás ahí se sentía más seguro y eso lo alegraba enormemente.   
Zabini se dirigió a la cama, llamó a Ron, ambos se acostaron. El moreno se acurrucó en los brazos del pelirrojo.
-Te amo Bilius, no lo olvides.
Le dijo mientras colocaba la cabeza en su pecho y casi instantáneamente se quedó dormido. La noche anterior después de todas las duchas que se dio, no pudo conciliar el sueño.
Cuando Blaise abrió los ojos se encontró con su lindo Bilius sonriéndole.
-¡Hola dormilón! ¿Todo bien? – le saludó el pelirrojo.
-Sí – esta vez la respuesta de su novio le convenció, en su cara ya no se reflejaba la angustia.
-¡Genial! Porque ahora nos vamos a ir a cenar.
-¿Cenar? – el moreno se sorprendió.
-¡Claro! Dormiste todo el día… y no sé tú, pero yo tengo hambre – Ron sonrió, no había tono de reproche, sabía que su novio había necesitado tiempo lejos de todo. Y ahora que lo veía mucho mejor se alegraba por él.
-Entonces, cenemos – respondió Blaise dándole un beso casto en los labios.

[…]

[Blaise Zabini]

¡Cuánto amo a mi lindo Bilius!, me encanta su forma silenciosa de apoyarme, me di cuenta que él sabía que algo me estaba pasando y no lo preguntó, simplemente estuvo ahí. También sé que no le importa tanto cenar en estos momentos, increíble pero cierto. Le importa más que yo cene porque no hemos comido en todo el día, también sé que está preocupado por mí y quiere saber qué fue lo que me ocurrió, pero no me lo preguntará, prefiere que yo se lo diga a su debido tiempo, como suele suceder.
Lo siento Bilius, pero esta vez… no poder decírtelo.
Caminamos por los pasillos que van hacia el Gran Comedor, no sé cuál vaya ser mi reacción en cuanto vea al estúpido de Francis, pero la verdad ya no importa, a estas horas mi madre ya debe estar a salvo y él tipo ese ya cumplió con lo que quería, ahora solo me queda ‘olvidar’ y seguir como si nada hubiera pasado (aunque lo dudo).
Entramos al Gran Comedor y mi lindo Bilius dice que esta vez cenaremos en su mesa. Para mi sorpresa veo que Draco se encuentra ahí también, un poco nervioso y lo entiendo es la primera vez que lo veo en la mesa de los leones, pero trata de simularlo frente a Harry. Y también esta Theo, aunque eso ya no es tan sorpresa para mí, él pasa la mayor parte del tiempo en esa mesa que en la de nosotros, lo que me sorprende es su ‘gran entusiasmo’, ¿acaso está planeando una salida a Hogsmeade? ¡Vaya! Normalmente las salidas las planeamos Bilius y yo, pero qué importa, lo veo más animado, al parecer madame Pomfrey ya le dio la poción para dormir, aunque aún se le ven sutilmente las ojeras, supongo que es normal, no se le van a quitar de la noche a la mañana, en unos cuantos días ya no las tendrá, es solo cuestión de dormir y listo.
Cenamos tranquilamente aunque de vez en cuando algunos Gryffindors nos enviaban miradas extrañas al vernos ahí. Suena la campana, la cual nos indica que en diez minutos tenemos que hacer las rondas nocturnas de los prefectos.

[…]

-¿Entonces nos vemos en el tercer piso? – preguntó Ron a Blaise en cuanto salieron del Gran Comedor.
-Sí, pasaremos Draco y yo como eso de las diez y media por ahí – le respondió el moreno.
Draco y Harry también se ponían de acuerdo en donde verse y Theo se despidió de todos efusivamente mientras se llevaba a su novio a su Sala Común.
-¿Hoy está más animado Theo, eh? – dejó salir el pelirrojo.
-Nunca lo había visto así… - dijo Draco siguiéndolo con la mirada.
-Yo tampoco – coincidió Blaise un poco preocupado.
-¿Vienes? – invitó el rubio instantes después.
-Te alcanzo.
Malfoy se dirigió a su sala común mientras Blaise se terminaba de despedir de su novio.
Desde la mesa de los profesores, Francis lo miraba con cierta lujuria y malicia antes de salir por el lado este del lugar.

[…]

Blaise estaba de regreso frente a su sala común cuando, nuevamente, alguien lo tomó del brazo izquierdo, esta vez no tuvo tiempo de reaccionar puesto que su captor lo acorraló frente a la pared. El moreno respiraba agitadamente, no sabía quién era su atacante, lo tenía a espaldas de él. Fue cuestión de segundos en darse cuenta de quién se trataba.
-Hola, Blaise… - lo saludó arrastrando las palabras, al Slytherin se le erizaron los vellos de la nuca al reconocer aquella voz – te extrañé todo el día, pero ya estamos juntos nuevamente…
-¿Qué más quiere? Ya cumplí con lo que me pidió – Blaise forcejeó en el agarre, en uno de sus movimientos sintió cómo el miembro de su profesor tomaba fuerza detrás de él y eso lo paralizó.
-Creí que estaba claro. Te dije que tu madre, amigos y el estúpido que tienes por novio estarían bien, siempre y cuando tú hicieras TODO lo que yo te pedía.
-Y lo hice ¡maldita sea! – Respondió desesperado – Ya envió el reporte del caso de mi madre ¿no?
-Blaise, creí que eras más inteligente – sonrió con malicia.
El mayor tomó a su presa en un fuerte abrazo y lo metió a un aula vacía, selló la puerta con un movimiento de varita y sentó a Blaise en el escritorio apresándolo de nuevo con sus brazos. Lo besó furtivamente.
-¡Basta! – gritó el moreno, alejándolo lo más posible.
-Blaise… - gruñó Francis – Escucha, ¡O haces lo que te pido o te despides de una maldita vez de todos!
-¡No puede obligarme! Y no puede mandar a mi madre a Azkaban porque ya debió de haber mandado el reporte y…
-¿Y si no lo hice? – inquirió peligrosamente.
-¿Qué?
-Escucha, Blaise – con la yemas de los dedos rozó sus labios y mejillas – el reporte lo puedo mandar a la hora que quiera, falso o verdadero, no habrá diferencia, tu madre ya está fichada, si no quieres que la condenen al ‘beso del dementor’, entonces ahí yo puedo interceder – comenzó a besarlo, amaba el sabor de esa boca, tan dulce, tan exquisita, tan… – eres delicioso – le susurró al oído.
Blaise cortó el beso haciendo su cara a un lado, lo cual enfureció al mayor.
-Al parecer quieres que te presione ¿verdad? Veamos… - Morseferth se alejó de él y comenzó a caminar de un lado a otro mientras Blaise lo seguía con la mirada – Weasley, sería interesante que lo expulsaran del colegio a estas alturas del año por robo, el inútil pelirrojo es tan pobre que no puede contenerse a tomar algo que no es suyo para venderlo y así poder salir de la miseria en la cual vive – Blaise quiso replicar pero un nudo en la garganta le impidió articular palabra alguna – Lucius Malfoy, tengo entendido que quiere escapar de Azkaban para deshacerse de su hijo Draco por haberlo traicionado… quizás lo ayude a cumplir su deseo – el moreno lo escuchaba horrorizado, él no podía hacer todo eso ¿cierto?
-El señor Malfoy no puede escapar, está en una de las celdas de alta seguridad y… - no continuó porque el mayor se acercó a él y le extendió una versión del profeta donde se leía claramente: “Intento de fuga en las celdas de alta seguridad en Azkaban”.
-La intención es la que cuenta ¿no? – Dijo sonriente Francis – Veamos, ¿Quién más? Ah, sí. El exquisito Theodore Nott…
-¡Basta! ¿No fue suficiente lo de ayer? – preguntó con impotencia, por la sonrisa lobuna que le lanzó su profesor adivinó la respuesta.
-Escucha Blaise, en mi petición de hacer TODO lo que yo quisiera no había un límite de tiempo, así que no quiero recordarte cada vez que estemos juntos estas cosas, es una pérdida de tiempo – se acercó a él, ágilmente le quitó la varita y comenzó a besarlo salvajemente mientras comenzaba a desvestirlo. Blaise no respondía en nada.
“Desconéctate Blaise. Solo… desconéctate…”.



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