Obsesión
Capitulo Diez:
Sin salida
Sin salida
En las habitaciones de los Slytherin un
rubio somnoliento se dirigía hacia la ducha cuando un animado Theodore salía de
ésta.
-¡Hola Draco! – Saludó con gran
entusiasmo – ¡Buen día! – Le dio una palmada en la espalda al pasar a su lado –
Es hora del desayuno, no tardes, te veo abajo. ¿Dónde está Blaise? ¿Aún no
llega? No importa igual nos alcanza, ¡te veo luego! – dijo sin pausas, una
sonrisa de oreja a oreja invadía su rostro. Salió de prisa ante la mirada
perpleja de Draco.
¿Desde cuándo Theo era el ‘señor entusiasta’?
Draco se restregó los ojos con las
manos y decidió averiguarlo más tarde, ya que estuviera ‘despierto’, se metió a la ducha.
En cambio, Theodore estaba demasiado
feliz y con una gran energía, que si no fuera porque en esos momentos tenía que
ir a ver a su novio, se hubiera ido a dar unas cuantas vueltas en el campo de quidditch
en su escoba. Pareciera que todo ese mes que llevaba sin dormir no le hubiera
afectado, se sentía tan revitalizado, tan eufórico, sin embargo su cara
reflejaba otra cosa, las ojeras que adornaron sus ojos anteriormente volvían a
hacerlo sutilmente, su hechizo ‘glamur’
ya no tenía el mismo efecto o ¿él ya no tenía las fuerzas que creía tener para
hacer el hechizo? Eso podría explicar el
por qué en su mirada se reflejaba cansancio absoluto contrastando con la gran
sonrisa que llevaba en el rostro.
El Slytherin caminaba por los pasillos
saludando a todos los alumnos que encontraba en su camino y cada uno de ellos
le enviaba una mirada extraña por su actitud (vamos, es un Slytherin… y no
cualquier Slytherin, ¡por Merlín! Es Theodore Nott, ¡el chico supuestamente antisocial!).
Llegó a la puerta del Gran Comedor
encontrándose con Neville, quien le sonreía abiertamente hasta que pudo
observarlo mejor. Theodore no estaba bien, desvaneció la sonrisa para poner un
semblante de sorpresa.
-¿Pero…?
-¡Hola, Neville! – saludó el recién
llegado en el mismo tono que había usado en Draco con la diferencia que a este
saludo le agregó un gran beso, ganándose algunas miradas extrañas, incluida una
del propio Neville - ¡vamos a desayunar en tu mesa!
Y sin esperar respuesta, lo agarró de
la mano y se lo llevó a su mesa. Neville estaba perplejo ¿Quién demonios era ‘ese’? Porque definitivamente no era su
Theodore Nott, ¿desde cuándo Theo lo besaba tan descaradamente frente al Gran Comedor?
Siempre había sido muy prudente en esas cosas al menos dentro del castillo
donde había demasiado público y ¿su actitud? Bueno tampoco era que Theo era el ‘pesimismo andando’ pero tampoco era el ‘señor entusiasta y feliz’.
Algo andaba mal.
[…]
Blaise caminaba por los pasillos ensimismado
en sus pensamientos, llevaba las manos dentro de los bolsillos del pantalón y
con la mirada fija en el piso. Había decidido ‘olvidar’ el trago amargo de la noche anterior aunque eso iba a ser
algo imposible, sobre todo en cuanto viera al estúpido de Morseferth, pero al
menos su madre, sus amigos y su lindo
Bilius estarían a salvo, ya había hecho lo que le había pedido y en unas
cuantas horas más su profesor enviaría el reporte donde diría que su madre era
inocente, porque lo era.
Hablando de su madre, esperaba que
estuviera bien, al parecer ella también había sido engañada por el estúpido ese
que…
El Slytherin sintió cómo una mano ajena
lo tomaba del brazo por la espalda, por reflejo (y creyendo que era Morseferth)
se dio la vuelta bruscamente estampando a su atacante en la pared y le apuntó con su varita.
-¿Blaise? – preguntó confundido un
pelirrojo pecoso.
El moreno, quien hasta minutos antes
había estado respirando aceleradamente, dejó de hacerlo aunque su corazón no
dejaba de palpitar como loco.
-Bil… ¿Bilius? – Lo soltó de inmediato.
-¿Estás bien?
-Lo siento – se disculpó, abrazándolo –
perdóname…
-No pasa nada – dijo tranquilamente Ron
pero por alguna extraña razón sentía que ese ‘perdóname’ no había sido precisamente por lo recién ocurrido – Blaise
¿ocurre algo?
-No…
– respondió, sin soltarse del abrazo – ¿te importaría saltarnos el
desayuno e irnos a otro lugar a descansar?
-¿A dónde quieres ir? – preguntó
comprensivo porque sabía que algo había pasado, seguramente su profesor le
debió de haber dado una mala noticia.
Ronald conocía muy bien a su novio,
cuando ocurrían ‘cosas malas’ Blaise
acostumbraba a aislarse de todos, siempre lo hacía, incluso desde antes de que
fueran novios lo había pillado varias veces hacerlo, pero un día el pelirrojo
se armó de valor y lo acompañó y desde ese entonces siempre lo acompañaba en
esas situaciones.
El Slytherin terminó con el abrazo,
tomó de la mano a su novio y comenzó a dirigirlo hacia el séptimo piso donde
frente a ellos se materializó una puerta y entraron en ella.
La habitación de Ron, de la madriguera,
fue lo que se encontraron del otro lado de la puerta. El pelirrojo al principio
se preguntaba por qué cada vez que iban a ese lugar se transformaba en su dormitorio,
pero después comprendió que era Blaise el que lo pedía, quizás ahí se sentía más
seguro y eso lo alegraba enormemente.
Zabini se dirigió a la cama, llamó a
Ron, ambos se acostaron. El moreno se acurrucó en los brazos del pelirrojo.
-Te amo Bilius, no lo olvides.
Le dijo mientras colocaba la cabeza en
su pecho y casi instantáneamente se quedó dormido. La noche anterior después de
todas las duchas que se dio, no pudo conciliar el sueño.
Cuando Blaise abrió los ojos se encontró
con su lindo Bilius sonriéndole.
-¡Hola dormilón! ¿Todo bien? – le
saludó el pelirrojo.
-Sí – esta vez la respuesta de su novio
le convenció, en su cara ya no se reflejaba la angustia.
-¡Genial! Porque ahora nos vamos a ir a
cenar.
-¿Cenar? – el moreno se sorprendió.
-¡Claro! Dormiste todo el día… y no sé tú,
pero yo tengo hambre – Ron sonrió, no había tono de reproche, sabía que su
novio había necesitado tiempo lejos de todo. Y ahora que lo veía mucho mejor se
alegraba por él.
-Entonces, cenemos – respondió Blaise
dándole un beso casto en los labios.
[…]
[Blaise Zabini]
¡Cuánto amo a mi lindo Bilius!, me
encanta su forma silenciosa de apoyarme, me di cuenta que él sabía que algo me
estaba pasando y no lo preguntó, simplemente estuvo ahí. También sé que no le
importa tanto cenar en estos momentos, increíble pero cierto. Le importa más
que yo cene porque no hemos comido en todo el día, también sé que está
preocupado por mí y quiere saber qué fue lo que me ocurrió, pero no me lo
preguntará, prefiere que yo se lo diga a su debido tiempo, como suele suceder.
Lo siento Bilius, pero esta vez… no poder
decírtelo.
Caminamos por los pasillos que van
hacia el Gran Comedor, no sé cuál vaya ser mi reacción en cuanto vea al
estúpido de Francis, pero la verdad ya no importa, a estas horas mi madre ya
debe estar a salvo y él tipo ese ya cumplió con lo que quería, ahora solo me
queda ‘olvidar’ y seguir como si nada hubiera pasado (aunque lo dudo).
Entramos al Gran Comedor y mi lindo
Bilius dice que esta vez cenaremos en su mesa. Para mi sorpresa veo que Draco
se encuentra ahí también, un poco nervioso y lo entiendo es la primera vez que
lo veo en la mesa de los leones, pero trata de simularlo frente a Harry. Y
también esta Theo, aunque eso ya no es tan sorpresa para mí, él pasa la mayor
parte del tiempo en esa mesa que en la de nosotros, lo que me sorprende es su
‘gran entusiasmo’, ¿acaso está planeando una salida a Hogsmeade? ¡Vaya! Normalmente
las salidas las planeamos Bilius y yo, pero qué importa, lo veo más animado, al
parecer madame Pomfrey ya le dio la poción para dormir, aunque aún se le ven
sutilmente las ojeras, supongo que es normal, no se le van a quitar de la noche
a la mañana, en unos cuantos días ya no las tendrá, es solo cuestión de dormir
y listo.
Cenamos tranquilamente aunque de vez en
cuando algunos Gryffindors nos enviaban miradas extrañas al vernos ahí. Suena
la campana, la cual nos indica que en diez minutos tenemos que hacer las rondas
nocturnas de los prefectos.
[…]
-¿Entonces nos vemos en el tercer piso?
– preguntó Ron a Blaise en cuanto salieron del Gran Comedor.
-Sí, pasaremos Draco y yo como eso de
las diez y media por ahí – le respondió el moreno.
Draco y Harry también se ponían de
acuerdo en donde verse y Theo se despidió de todos efusivamente mientras se
llevaba a su novio a su Sala Común.
-¿Hoy está más animado Theo, eh? – dejó
salir el pelirrojo.
-Nunca lo había visto así… - dijo Draco
siguiéndolo con la mirada.
-Yo tampoco – coincidió Blaise un poco
preocupado.
-¿Vienes? – invitó el rubio instantes
después.
-Te alcanzo.
Malfoy se dirigió a su sala común
mientras Blaise se terminaba de despedir de su novio.
Desde la mesa de los profesores, Francis
lo miraba con cierta lujuria y malicia antes de salir por el lado este del
lugar.
[…]
Blaise estaba de regreso frente a su
sala común cuando, nuevamente, alguien lo tomó del brazo izquierdo, esta vez no
tuvo tiempo de reaccionar puesto que su captor lo acorraló frente a la pared.
El moreno respiraba agitadamente, no sabía quién era su atacante, lo tenía a
espaldas de él. Fue cuestión de segundos en darse cuenta de quién se trataba.
-Hola, Blaise… - lo saludó arrastrando
las palabras, al Slytherin se le erizaron los vellos de la nuca al reconocer
aquella voz – te extrañé todo el día, pero ya estamos juntos nuevamente…
-¿Qué más quiere? Ya cumplí con lo que
me pidió – Blaise forcejeó en el agarre, en uno de sus movimientos sintió cómo
el miembro de su profesor tomaba fuerza detrás de él y eso lo paralizó.
-Creí que estaba claro. Te dije que tu
madre, amigos y el estúpido que tienes por novio estarían bien, siempre y
cuando tú hicieras TODO lo que yo te pedía.
-Y lo hice ¡maldita sea! – Respondió
desesperado – Ya envió el reporte del caso de mi madre ¿no?
-Blaise, creí que eras más inteligente
– sonrió con malicia.
El mayor tomó a su presa en un fuerte
abrazo y lo metió a un aula vacía, selló la puerta con un movimiento de varita
y sentó a Blaise en el escritorio apresándolo de nuevo con sus brazos. Lo besó
furtivamente.
-¡Basta! – gritó el moreno, alejándolo
lo más posible.
-Blaise… - gruñó Francis – Escucha, ¡O
haces lo que te pido o te despides de una maldita vez de todos!
-¡No puede obligarme! Y no puede mandar
a mi madre a Azkaban porque ya debió de haber mandado el reporte y…
-¿Y si no lo hice? – inquirió
peligrosamente.
-¿Qué?
-Escucha, Blaise – con la yemas de los
dedos rozó sus labios y mejillas – el reporte lo puedo mandar a la hora que
quiera, falso o verdadero, no habrá diferencia, tu madre ya está fichada, si no
quieres que la condenen al ‘beso del
dementor’, entonces ahí yo puedo interceder – comenzó a besarlo, amaba el
sabor de esa boca, tan dulce, tan exquisita, tan… – eres delicioso – le susurró
al oído.
Blaise cortó el beso haciendo su cara a
un lado, lo cual enfureció al mayor.
-Al parecer quieres que te presione
¿verdad? Veamos… - Morseferth se alejó de él y comenzó a caminar de un lado a
otro mientras Blaise lo seguía con la mirada – Weasley, sería interesante que
lo expulsaran del colegio a estas alturas del año por robo, el inútil pelirrojo
es tan pobre que no puede contenerse a tomar algo que no es suyo para venderlo
y así poder salir de la miseria en la cual vive – Blaise quiso replicar pero un
nudo en la garganta le impidió articular palabra alguna – Lucius Malfoy, tengo
entendido que quiere escapar de Azkaban para deshacerse de su hijo Draco por
haberlo traicionado… quizás lo ayude a cumplir su deseo – el moreno lo
escuchaba horrorizado, él no podía hacer todo eso ¿cierto?
-El señor Malfoy no puede escapar, está
en una de las celdas de alta seguridad y… - no continuó porque el mayor se
acercó a él y le extendió una versión del profeta donde se leía claramente: “Intento de fuga en las celdas de alta
seguridad en Azkaban”.
-La intención es la que cuenta ¿no? – Dijo
sonriente Francis – Veamos, ¿Quién más? Ah, sí. El exquisito Theodore Nott…
-¡Basta! ¿No fue suficiente lo de ayer?
– preguntó con impotencia, por la sonrisa lobuna que le lanzó su profesor
adivinó la respuesta.
-Escucha Blaise, en mi petición de
hacer TODO lo que yo quisiera no
había un límite de tiempo, así que no quiero recordarte cada vez que estemos
juntos estas cosas, es una pérdida de tiempo – se acercó a él, ágilmente le
quitó la varita y comenzó a besarlo salvajemente mientras comenzaba a desvestirlo.
Blaise no respondía en nada.
“Desconéctate Blaise. Solo… desconéctate…”.
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