domingo, 25 de diciembre de 2011

Capitulo Quince: Adiós…

Obsesión


Capitulo Quince: Adiós…


Blaise, aturdido, iba caminando por los pasillos del castillo, en su mente aún retumbaban las palabras de Francis y de aquel estúpido Pacto Mágico que tan solo minutos atrás había llevado a cabo y del cual ya estaba arrepentido, no había salida, lo tenía que cumplir sin rechistar.
Se preguntaba internamente qué demonios le había hecho a Francis para que se comportara así con él, porque definitivamente eso era una venganza en su contra. No podría ser algo más, ¿o sí?, No recordaba haberle hecho algo malo. ¿Era una venganza dirigida a su madre?, ¿a su difunto padre?
El Slytherin iba envuelto en sus pensamientos y por primera vez rogaba internamente no encontrarse con su Bilius, por primera vez no lo quería ver, ya que si lo hacía, sería el final de su relación. El fin. El adiós.
[…]
Tres horas después de haber estado siendo interrogado exhaustivamente, al fin lo dejaban libre, Ronald salió del despacho de la directora McGonagall y fue directamente a buscar a Blaise, tenía que explicarle lo ocurrido, no dejaría que su novio tuviera esa idea de él, le explicaría el tremendo mal entendido con la famosa poción de su profesor, sobre todo, cuando cuyo profesor era el padrastro de su chico.
El Gryffindor buscó por todas partes a Blaise, durante su camino fue ignorando las miradas de repulsión que algunos alumnos le enviaban e incluso los murmullos y las acusaciones de ratero que le hacían. Al pelirrojo solo le importaba una opinión y esa era la de su novio, la de su Blaise.
Ya comenzaba a desesperarse por no encontrarlo, hasta que por fin lo ubicó en un pasillo solitario.
-¡Blaise! – lo llamó, corrió hasta llegar a su lado.
-Bilius… - jadeó Blaise. Se sintió afligido cuando el pelirrojo lo abrazó.
-Yo no lo hice – soltó, dejó de abrazarlo – te lo juro Blaise, yo no lo hice, todo fue un mal entendido, por un momento creí que la profesora McGonagall y el profesor Morseferth no me creerían pero lo hicieron – sonrió – al final creyeron en mi inocencia y… ¿ocurre algo? – preguntó al verlo muy serio.
-No… - fue tan bajito su tono de voz que Ron no lo llegó a escuchar.
-Solo quería decirte que, yo no robaría nada y menos si es de alguien importante para ti. Lo sabes ¿verdad?
Blaise no le respondió, las palabras se le atoraban en la garganta. ¿Qué si le creía? Por supuesto que le creía, jamás pensaría que su lindo Bilius fuera un vil ratero, jamás. Lamentablemente esas palabras nunca saldrían de su boca por más que quisiera.
-¿Y bien? – volvió a preguntar, ansioso, el león.
Blaise luchaba contra no decir las siguientes palabras… hasta que lo vio. Sí, ahí estaba justo a unos cinco pasos atrás de Ron, su profesor Francis. No fue necesario decirle nada, simplemente con su presencia le recordaba el Pacto Mágico. El profesor sacó su varita y se aplicó a sí mismo un hechizo Desilusionador mientras miraba a Blaise con una sonrisa de autosuficiencia.
-No, no te creo – dejó salir Blaise, sin verlo a los ojos.
-¿Qué? – musitó el ojiazul, mientras le enviaba una mirada de completa perplejidad. Blaise tragó saliva.
-No te creo – repitió, sin mirarlo a la cara. Ron parpadeó, nervioso.
-No, ¿no me crees? – Preguntó dolido, sintiendo que de pronto el aire le faltaba – en verdad crees que yo, ¿que yo soy un ratero? ¿Crees que robaría algo así? – seguía preguntando, alterándose poco a poco ¿Por qué demonios Blaise no le creía?
-Sí… - dijo en un susurro.
-¿Eso crees? – Jadeó Ron ante la respuesta que le había dado Blaise – dime ¡¿Por qué demonios quería una poción de esas?! ¡¿Para qué?! Además ¿en qué momento? ¡Todo el tiempo estuve contigo! – buscaba la manera para que Blaise creyera en él.
-Te equivocas – ante esa respuesta, a Ron no le quedaba más dudas: Blaise no le creería – hubo un momento en el que no estuviste conmigo – seguía sin verlo a los ojos y trataba por todos los medios el no quebrarse – cuando me fui al baño porque me sentía mal y… - ni siquiera terminó de hablar, le dolía lo que le estaba diciendo y esperaba que algún día, su Bilius le perdonara todo lo que le estaba diciendo en esos momentos.
-Entonces, ¿crees que tu novio es un maldito ratero? – gritó Ron, reprimiendo las lágrimas que amenazaban por salir. Blaise asintió – Bien, creía que me conocías, pero tal parece que no…  
-Así es, creía que te conocía, pero parece que no, resultaste ser un… ratero finalmente, Blaise  lo vio a los ojos – y como comprenderás, no quiero seguir viéndote. 
-¿Qué? – Ron preguntó, sin comprender muy bien aquellas últimas palabras.
-Lo que escuchaste – no quería repetir aquellas palabras, no se estaba sintiendo muy bien. Sentía un ligero dolor físico en el pecho, que no tenía nada que ver con lo que estaba sintiendo por lo que le decía a su novio.
El pelirrojo dio un paso hacia atrás en falso ¿había escuchado bien? ¿Blaise estaba terminando la relación?
-Esto se ha terminado – le confirmó el Slytherin y sin más que decir, se dio la vuelta y salió del pasillo.
Corrió hasta donde el dolor que sentía en su pecho se lo permitió, ya que éste se estaba intensificando, se detuvo en unas escaleras y se dejó caer mientras una de sus manos la llevaba hasta la altura de su corazón.
-Te faltaron decirle muchas cosas – le habló una voz muy conocida.
El Slytherin se levantó y enfrentó a su profesor de DCAO, el cual se había quitado el hechizo Desilusionador.
-Estará contentó ¿no? – le espetó con una mueca de dolor.
-Un poco – reconoció el rubio – por cierto… el dolor que tienes es por no haber cumplido con lo que te dije – le explicó – te ordené que le dijeras que era un vil ratero y si mal no lo recuerdo, que si se ponía pesado le dijeras que estabas enamorado de alguien más – Blaise lo miraba con verdadero odio – supongo que se lo dirás en otra ocasión, ¿verdad? – El moreno no contestó – lo tomaré como un – y al decir eso, Blaise dejó de sentir el dolor en su pecho, parpadeó sorprendido.
Francis lo tomó de la barbilla y dirigió su boca hacia la de él. Lo besó posesivamente.
-Qué delicioso eres – murmuró el mayor – te espero en la hora de la rondas de prefectos en mi oficina – le susurró al oído antes de irse de aquel lugar.
[…]
Theo y Draco aún seguían esperando a Blaise, pero su amigo parecía que no llegaría, ya casi era la hora de la cena y el Slytherin aún no se reportaba.
-Quizás esta con Ron – opinó Theo, después de unos momentos de silencio.
-Tal vez… — coincidió Draco – puede que sea lo más probable.
-Bajemos a cenar, quizás ahí lo podamos abordar y preguntarle qué tanto sabe sobre la foto – propuso Theo.
Y con esos planes, ambos amigos bajaron hasta la sala común y al salir de las mazmorras se encontraron con Neville.
-¡Hola chicos! – Saludó el león – lo siento Draco – se disculpó – pero te secuestraré a mi novio – y sin esperar respuesta, Neville se llevó a Theo ante un sorprendido Draco Malfoy.  
[…]
Solo los sollozos se escuchaban en aquella habitación, sollozos de profundo dolor…
Blaise se encontraba sentado en una esquina de la habitación de su Bilius, después que Francis lo dejara en aquel solitario pasillo quería desaparecer, había corrido sin descanso hasta el séptimo piso, se puso delante de aquella tan conocida pared e inmediatamente una puerta se visualizó ante él. Aquella puerta, que tras abrirse, dio paso a aquella habitación tan conocida para el Slytherin,  habitación capaz de brindarle seguridad y paz.
Llevaba un tiempo perdido en su dolor, su relación con Bilius se había terminado y probablemente no habría un retorno. Se sentía mal, muy mal, solo escasos minutos atrás había terminado de llorar, ya no tenía lagrimas que derramar y sentía un profundo dolor en su pecho (que ya nada tenía que ver con lo del Pacto Mágico), aún no podía olvidar la mirada de dolor que le había enviado su Bilius, esos ojos que después destilaban decepción por sus palabras, y su voz, la voz de su lindo Bilius que le pedía que le creyera.
[…]
Draco avanzó por el pasillo con el propósito de ir al Gran Comedor y encontrarse con Harry. Sin embargo; a medio camino un pequeño pergamino encantado apareció frente a él. Creyendo que probablemente se tratara de un mensaje de Harry, lo agarró.
No daba crédito a lo que veían sus ojos, aquella que parecía una insignificante nota, probablemente de Harry, se convirtió en algo más. No era de Harry, sino de alguien más, de alguien que le recordó que simplemente hay cosas que nunca se olvidan y que jamás tendría que olvidar: La muerte del señor Nott.
Malfoy:
¿Qué se siente ser el hijo de un maldito mortífago que ha asesinado al padre de tu mejor amigo?
Ni siquiera se tomó la molestia de ver quién demonios le había mandado aquella nota. Los últimos meses la había pasado muy bien, sin insultos o insinuaciones de los otros chicos del colegio, nada. Había logrado hacer las paces con sus dos amigos y gracias a eso, dentro de él, había aligerado en demasía la culpa que lo carcomía por dentro.
Pero ahora, esta nota con tan solo una pregunta, lo echó todo a perder. Sus miedos, sus fantasmas, lo volvieron a invadir.
Al Slytherin le entraron unas nauseas terribles, de pronto todo se volvió borroso, se sentía asqueado, sucio… un traidor.
-Draco – Harry tenía rato llamándole, había ido a buscarlo al ver que no llegaba al Gran Comedor, pero su novio parecía no estar — ¿Draco? — insistió, pero el rubio solo le envió una mirada ausente, para luego salir corriendo del pasillo.
Harry lo siguió con la mirada. Algo andaba mal.
[…]
Ron, que aún no sabía a ciencia cierta qué demonios había ocurrido, se quedó ahí como ‘estatua’ parado, ¿Blaise  creía, en verdad creía, que él había robado aquella poción? ¿Todo había terminado?
El Gryffindor estaba verdaderamente enojado, indignado ¡Su novio creía que él era un vil ratero! ¡De todos los malditos alumnos del colegio ÉL precisamente era el que no le creía!
-Eres un idiota, ¡lo sabías! – Gritó hacia el lugar por donde el Slytherin había desaparecido, dio un puñetazo a la pared – ¡un imbécil! – Gritó dolido, pateando la pared, lastimándose, pero no le importó – ¡un estúpido! – murmuró mientras se dejaba resbalar por la espalda en aquella pared, las lágrimas se deslizaban por sus pálidas mejillas.
[…]
-Perfecto – dijo Francis, mientras observaba con malicia una botellita con un líquido color transparente – veamos… ¿quién será el elegido? – murmuró, dando un vistazo a su pequeña lista, la misma en la que tenía anotado el nombre de varios chicos morenos.
El profesor chasqueó sus dedos e inmediatamente un elfo doméstico apareció ante él, dándole una exagerada reverencia.
-Esta vez serán dos personas – anuncio el mayor, el elfo asintió – Ya  sabes lo que tienes que hacer – le entregó la botellita – será Terry Boot, de Ravenclaw… y el otro – se le visualizó una sonrisa macabra – Ronald Weasley.
-Sí, señor Morseferth – respondió complacido la criatura. Le dio una reverencia y desapareció.
-Perfecto – sonrió complacido Francis.


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