domingo, 25 de diciembre de 2011

Capitulo Dieciséis: Enfermo

Obsesión

Capitulo Dieciséis: 

Enfermo


Leones.
Eran las figuras que adornaban aquella cortina color rojo carmesí, la cual rodeaba la cama en la que se encontraba tumbado Ronald Weasley. El pelirrojo llevaba dos días en un estado de letargo. Solo salía de su ‘refugio’ cuando tenía que ir a clases, inmediatamente después se regresaba a su cuarto, ni siquiera se tomaba la molestia de ir al Gran Comedor por algún aperitivo. Nada.
Suerte que había un elfo doméstico que subía a llevarle comida. Al principio el pelirrojo se rehusaba a comerla, pero cuando el elfo se sintió ofendido y comenzó a golpearse con todo ‘por no ser un buen elfo’, Ron terminó aceptándola, claramente solo probaba por compromiso, no era capaz de probar bocado alguno.
En su mente solo rondaba un solo pensamiento: Blaise.
¡Su Blaise lo creía un ratero!
Un ratero que no merecía estar con él.
-Idiota – murmuró, secándose aquella lagrima silenciosa que resbala por su mejilla.
¿Por qué Blaise pensaba eso de él? o ¿Había otra razón para su actitud?  ¿Por qué terminar por algo que apenas y habían hablado? ¿Blaise ya tenía pensado terminarlo?
Un ¡Puf! Lo sacó de sus pensamientos.
-Le he traído el desayuno señor Weasley – dijo con voz chillona aquel elfo, que desde hace dos días le había comenzado a traer la comida.
-Déjala por ahí – le respondió con voz monótona.
-¿Ybbod hizo algo mal, señor? – Preguntó el elfo, mientras con la mirada buscaba con qué castigarse.
-¡No! – Respondió rápidamente, levantándose de la cama y quitándole de las manos la lámpara – Comeré.
El elfo le sonrió con gran satisfacción.
[…]
Se encontraba sentado en la gradas del campo de Quidditch, viendo hacia la nada, cuando Harry lo encontró.
-Hola – saludó el ojiverde sentándose a su lado – Draco…
-Hacía mucho frío – comenzó a decir, sin verlo realmente – demasiado, pero teníamos que estar ahí, como siempre, fingiendo…
-¿Qué…? – Harry volteó a verlo, el Slytherin seguía viendo hacia la nada. Draco volteó a verlo unos instantes y con una sonrisa triste le extendió un pedazo de pergamino arrugado.
Harry con manos temblorosas leyó lo que decía.
Malfoy:
¿Qué se siente ser el hijo de un maldito mortífago que ha asesinado al padre de tu mejor amigo?
Jadeó quedito y volteó inmediatamente a ver a su novio, quien nuevamente veía hacia la nada.
-Solo faltaban cinco minutos, Harry. Solo cinco minutos para que todo acabara. Ya se escuchaban los gritos de victoria cuando habías vencido nuevamente a Voldemort. Solo era cuestión de cinco minutos para que los aurores y los refuerzos llegaran y capturaran a los últimos Mortífagos. Entre ellos a mi padre – Harry no interrumpió, se dispuso a escuchar a su novio.
>>Por  alguna extraña razón, mi padre ya se había enterado que tanto mi madre como yo estábamos de parte de Dumbledore y lo único que quería era vengarse por haberlo traicionado.
-¡Malfoy! Tu padre te busca, se ha enterado – me advirtió Daphne.
Yo sabía lo que podían significar esas palabras. Venganza.
Busqué a mi madre, no podía estar lejos de donde yo estaba, así que salí del castillo pero no la encontré y me dio miedo, miedo de no verla más.
Desmaius! – escuché cerca de mí y por reflejo me agaché para evitar el hechizo.
-¡Draco ten cuidado! – Me advirtió el padre de Theo – los otros mortífagos se han enterado que hemos traicionado al señor Tenebroso.
-¿Mi madre? – le pregunté, mientras me ayudaba a levantarme.
-No la he visto – respondió, esquivando otro hechizo – ¿Has visto a Theo? – estaba preocupado.
-No. Iré por mi madre – dije soltándome, yéndome hacia el Bosque Prohibido, era el único lugar al que no había ido a buscarla.
Expulso! – escuché atrás de mí, cuando quise reaccionar, el hechizo ya me había dado, haciéndome soltar la varita a medio camino. Caí al suelo — ¡Maldito traidor! – escuché decir a mi padre, mientras se acercaba peligrosamente a mí.
-Padre – murmuré, debo confesar, asustado. Tenía la mirada llena de odio.
-Ahora sí soy tu padre, ¿cierto? – Dijo apuntándome con la varita — ¡Crucio! —No recuerdo cuantas veces me lanzó el hechizo, solo recuerdo que quería que acabara.
Expelliarmus! – alguien hechizó contra mi padre, expulsándolo a una distancia considerable.
-¡Draco! – escuché la voz de Theo, pero no lo pude ubicar, aún no me recuperaba de la tortura de mi padre.
-¡Cuidado! – solo escuché la voz del padre de Theo muy cerca. Luego un bulto encima de mí y algo mojándome.
>>Todo se ha vuelto confuso a partir de ahí. Solo recuerdo imágenes de aurores llegando al lugar y capturar a mi padre. A Theo sosteniendo a su padre en sus brazos. Al señor Nott cubierto de sangre en todo su cuerpo y diciéndole “Cuídate las espaldas hijo”. A Theo pidiéndole a su padre que no lo deje. Y después una gran mancha de oscuridad.
-Cuando desperté estaba en San Mungo, al siguiente día sería el juicio por nuestros supuestos crímenes – terminó de relatar Draco, sintiendo cómo un gran peso se le quitaba de encima – Eso fue lo que pasó, mi padre hechizó al señor Nott para salvarme, utilizó el Sectumsempra en él, dejando a Theo huérfano. 
-Draco…
-Lo sé Harry, mi padre es el culpable, pero eso no deja de ser desagradable ¿sabes? Después de todo es mi padre, lo quiero… y cuesta trabajo perdonar lo que hizo, más cuando todo el mundo te lo recuerda a cada rato.
Harry lo observó atentamente y con la sola mirada le pudo transmitir lo que quería decirle.
-Gracias por escucharme. Te amo – le dijo abrazándolo.  
[…]
[Blaise Zabini]
Ha comenzado a refrescar un poco, aun así he decidido no moverme de aquí. Quizás enfermándome a Francis se le vayan las ganas de querer poseerme nuevamente. Solo es cuestión de tiempo, desde la mañana tengo un dolor terrible de cabeza y unas tremendas ganas de vomitar, aunque sinceramente no sé qué vomitaría, no he probado alimento alguno. También me siento muy cansado, supongo que es algún resfriado o algo parecido. Después de las clases decidí sentarme aquí, frente a la ventana, aunque en realidad no estoy viendo nada en especial.
-Blaise – escucho a Theo llamarme cautelosamente.
No le respondo, ni siquiera hago una señal de haberlo escuchado. Hace dos días que intenta hablar conmigo pero lo único que he hecho es ignorarlo y me siento terriblemente mal, sobre todo porque fui yo el que les dijo deberíamos estar unidos.
Pero simplemente he perdido la esperanza, sin mi Bilius ya no hay nada.
He  visto a mi lindo Bilius de lejos, esta triste, está sufriendo y eso me duele. Duele saber que yo soy el responsable de su dolor. Pero ¿Qué más podía hacer?
-Blaise… – esta vez, Theo se sienta a mi lado – di algo, por favor…
Suspiro largamente.
De pronto las náuseas me invaden nuevamente y esa sensación de que el estómago sube por mi garganta, tan conocida, llega.
Corro lo más rápido que puedo hasta al baño y me dirijo al retrete donde comienzo a vomitar sin control alguno. Con las prisas he empujado a Theodore.
[…]
Cuando Harry regresó a su sala común, se encontró a Ron, nuevamente, tumbado en la cama fingiendo dormir, el ojiverde sabía que su amigo pelirrojo siempre fingía dormir cuando alguien llegaba a la habitación. Enfadado de esa situación, le jaló las sabanas y lo desarropó en cuestión de segundos.
-¿Pero qué…? – se quejó el pelirrojo.
-¡Es hora de que salgas de esa maldita cama Ronald Weasley! – le ordenó. Ron le envió una mirada asesina antes de volverse acostar – Ron – gruñó el ojiverde.
-¿Por qué no te vas a follar con Malfoy y me dejas en paz? – refunfuñó.
-¿Qué demonios ocurre contigo? – Preguntó Harry tratando de no caer en las provocaciones de su amigo — ¿Por qué de pronto esa actitud? Estoy de acuerdo que te hayas puesto triste porque la mayoría del colegio te cree un ladrón, pero sabemos que no lo hiciste, además a ti no te importa lo que los demás digan, así que levántate de una vez de esta maldita cama y sal de aquí.
-No lo haré Harry, así que deja de estar molestando.
-No me hagas traer a Blaise para que te saque de aquí – tentó.
-¡A ese maldito mentiroso ni lo menciones! – rugió el pelirrojo, levantándose de la cama. Harry enarcó una ceja. Entonces por ahí iba el asunto…
-Blaise y tú pelearon ¿Se puede saber el por qué?
-No te importa.
-Vamos Ron, soy tu mejor amigo, claro que me importa.
-Blaise no me creyó cuando le dije que yo no había robado nada, ¿contento? – Le espetó, enojado – y no solo eso, al parecer el señor perfecto cree que no soy un buen candidato para él.
-¿Qué?
-Terminó conmigo – confesó, sentándose en la orilla de la cama.
-Ese idiota – murmuró Harry — ¿Cómo demonios no te creyó? Si sus amigos también creyeron en ti ¿Por qué él…? – Ni siquiera terminó la pregunta cuando salió de la habitación hecho una furia.
-¡Harry! – Llamó Ron, asustado; como no obtuvo respuesta de su amigo salió a buscarlo — ¡Harry, espera! – le gritó sujetándole fuertemente el brazo. Cuando ambos se detuvieron, solo entonces se dio cuenta que ya habían recorrido una gran distancia de la sala común.
-Ron, ese…
-Está bien Harry, no vale la pena, en serio.
-Bien, no le haré nada, solo con una condición – el pelirrojo lo vio ceñudo – no te encierres nuevamente, si dices que no vale la pena, entonces no dejes que él…
-Está bien, tienes razón – le respondió con una sonrisa, aunque por dentro estaba peor que al principio, pero su amigo tenía razón, tenía que olvidar… o al menos tratar.
[…]
Theo veía a su amigo Blaise de manera preocupada, había pasado un buen rato en el baño vomitando y en un vano intento de querer fingir estar todo bien, se había desmayado. Con la ayuda de Draco lo transportaron a la enfermería, donde ahora dormía tranquilamente.
-¿Crees que esté enfermo? – preguntó preocupado Draco, estaba sentado a un lado de la cama de Blaise.
-No lo sé, ninguna enfermedad dura dos meses ¿cierto? – respondió Theo, estaba sentado del lado opuesto.
-¿Has dicho dos meses? – el rubio parpadeó nervioso.
-Blaise ha estado con síntomas parecidos desde hace dos meses más o menos  y… ¿no te habías dado cuenta? – Le preguntó enarcando una ceja. Draco le lanzó una mirada perpleja – quizás sea un virus.
-Quizás… - murmuró a su vez, observándolo.
-¿Y tú cómo estás? – quiso saber el castaño.
-¿Yo? – Se hizo el desentendido, pero al ver a su amigo viéndolo de manera inquisidora, no tuvo de otra que responderle – bien, supongo que hay cosas que no olvidaré y que la gente no olvidará, pero no por eso tengo que aislarme cada vez que me lo recuerden ¿cierto?
-Eso espero – le dijo sonriente y el rubio le respondió con otra sonrisa.
[…]
[Blaise Zabini]
Nuevamente estuve en esa maldita habitación, ¿Cuántas veces tenía haciendo esto? Ya no lo recuerdo, a lo mejor todo empezó ayer, hoy en la mañana, o hace un año atrás. No lo sé, solo sé que ese estúpido hizo bien su jugada y yo perdí el juego…
Fue la primera vez que lo dijo (o que yo lo haya escuchado conscientemente), no puedo asegurar que me lo dijo en serio o solo bromeaba, o si ya me lo había dicho antes, cada vez que estoy con él me desconecto, sin embargo, en las últimas noches he estado demasiado pegado a la realidad, incluso siento que algo dentro de mí me pide que esté consciente de lo que ocurre cuando estoy con Francis, quizás estoy enloqueciendo porque a veces siento la necesidad de estar cerca de Francis o de buscarlo.
Y no creo que sea precisamente por lo que me dijo, con solo recordar esas dos palabras me hace… estremecer, porque esas dos palabras me recuerdan el maldito Pacto Mágico, el cual debo cumplir, el que me obliga alejarme de todo y de todos.
Esas dos malditas palabras…
-Te amo… - solo a Francis se le ocurre decir eso. Está enfermo.
[…]
Draco y Theo estaban en el Gran Comedor desayunando, o al menos lo intentaban. Estaban preocupados por su amigo Blaise, apenas dos semanas atrás lo habían llevado a la enfermería por haber sufrido un desmayo, la semana anterior lo habían llevado nuevamente porque se había ‘indigestado’ por haber comido demasiado, y tres días atrás lo habían llevado porque su magia iba y venía, y cuando venía, lo hacía con gran potencia. En una ocasión un simple ‘Accio’ lo impulsó hasta el otro lado del aula y lo dejó inconsciente.
Y, en esos momentos, se encontraba llorando.
-Lo siento – se disculpó Zabini – no sé qué… demonios me… ocurre – dijo entre sollozos.
-Está bien – dijo tranquilamente Theo, mientras le daba unas palmaditas en la espalda – si no querías que te sirviera agua de arándanos, solo lo hubieras dicho, no es necesario que… — no continuó, su amigo se había abrazado a él llorando como si no hubiera un mañana.
El castaño le lanzó una mirada suplicante a su amigo Draco para que le ayudara o dijera algo, pero el rubio solo se encogió de hombros sin saber muy bien qué hacer.
Si bien era cierto, Blaise se sentía mal por tantas cosas, la principal era por supuesto por la ruptura de su lindo Bilius, la segunda era porque había visto a Terry Boot rondándolo a cada rato, la tercera era que no le había dicho nada aún a sus amigos sobre la ruptura de su novio, y la última era por el idiota de Francis y su maldito Pacto Mágico. Pero en esta ocasión la consecuencia de su llanto era inexplicable (al menos para él y para sus amigos), de pronto se había sentido mal por la ‘pequeña equivocación’ de Theo. Últimamente Blaise se sentía más sensible y lloraba con tanta facilidad, lo cual era extraño. Pero recordaba todo lo anterior y de pronto su sensibilidad se justificaba por ello.
-¿Estás bien? – le preguntó Draco al verlo ya un poco calmado.
Blaise negó con la cabeza.
-Terminé con Bilius — confesó y antes de que sus amigos le preguntaran o le dijera algo, se levantó y salió del lugar.
[…]
Se había pasado la hora de la comida en aquel jardín, en los últimos días muy pocas veces se saltaba las comidas y ese día fue uno de ellos. La razón era que no quería estar cerca de Blaise, la traición aún dolía… y mucho.
Echó un vistazo hacia los alumnos de alrededor y al parecer ya se dirigían a la próxima clase, dio un largo suspiro antes de levantarse para también asistir, sin embargo al darse la vuelta, ahí estaba él… nuevamente.
-¿Qué demonios quieres? – protestó con fastidió el pelirrojo al ver a Terry Boot, frente a él.
-Que dejes de estar triste – confesó el chico Ravenclaw, mientras se acercaba lentamente.
-Solo porque una vez que me viste en mi momento de debilidad, no quiere decir que aún lo estoy.
-Claro que lo estás – afirmó el chico – aun tienes esa mirada…
Ron rodó los ojos y se dispuso a irse de ahí.
-Oye… – lo llamó Terry y el pelirrojo se detuvo, sin darse la vuelta – él no vale la pena.
-¿Algo más? – preguntó aún sin enfrentarlo.
-¿Quisieras… ir a Hogsmeade, el próximo fin de semana?
-Terry… — llamó Ron en un murmullo, le iba a decir que no estaba de ánimos para salir a pasear o hacer cosas de ese tipo, pero al ver a Blaise salir del castillo, algo dentro de él lo hizo enfurecer – está bien – le respondió, viéndolo sonriente – iré contigo a Hogsmeade.
Desde una de las bancas que estaban a principio del jardín, había un hombre rubio leyendo, aunque el término es fingiendo leer un libro, ya que en realidad observaba a aquel par de alumnos conversado, al principió creyó que su plan iba mal, muy mal. Mandó a llamar al elfo Ybbod para cerciorarse que todo fuera bien, a lo cual la criatura le había jurado y perjurado que todo estaba en orden.
Francis sonrió de lado cuando al parecer aquel pelirrojo había aceptado salir a esa cita con aquel Ravenclaw.
-Perfecto, el idiota pelirrojo ya está fuera de la jugada.





__________________________________

Capitulo Anterior                                              Capitulo Siguiente




No hay comentarios:

Publicar un comentario