domingo, 25 de diciembre de 2011

Capitulo Diecisiete: Citas

Obsesión


Capitulo Diecisiete: 

Citas


[Blaise Zabini]
Estando frente a la puerta de la oficina de Francis, doy un suspiro. Odio los fines de semana, Francis me obliga a pasarlo junto a él, sobre todo en estas dos últimas semanas que Bilius y yo ya no estamos juntos.
Entro a la oficina y descubro que Francis no está, pero eso no significa que él no esté aquí, me ha dicho anteriormente que si vengo y él no está, que lo busque en su habitación, que esta atrás de su oficina. Así lo hago y ahí lo encuentro.
Está acostado en la cama, desnudo. Desvío la mirada, ¿acaso ya no tiene un poco de decencia? No, por supuesto que no.
-¡Blaise! – Me llama mientras se levanta sin ningún tipo de pudor – has tardado en llegar – dice y sin esperar a que le responda, comienza a devorar mi boca con sus asquerosos besos.
Siento sus brazos apoderarse de mi cuerpo, a sus manos acariciar todo cuanto alcance tengan y a su boca subir y bajar por mi cuello.
Y yo por más que trato de desconectarme, no lo logro.
Solo fue cuestión de segundos para sentirme en su cama, desnudo, y a Francis encima de mí. Comienza a besarme desesperadamente en la boca, bajar a mi cuello, a mi pecho y detenerse en mi abdomen.
-¿Hemos engordado un poco, eh? – pregunta deteniendo sus besos y con una de sus manos acariciarme esa zona.
Lo observo frunciendo el ceño, ahora falta que me pida ponerme a dieta y…
Siento algo extraño dentro de mí, justo en la zona que Francis está acariciando… es como si mi magia y la de él se estuvieran reconociendo, no lo sé es algo que no me puedo explicar ¿Qué demonios es esta sensación?
-¡Oh, Blaise! – Exclama feliz, atacándome de besos en esa zona y luego subir a mi cara – te amo, te amo – dice sin dejar de besarme – me has hecho tan feliz – confiesa, estoy comenzando a asustarme ¿Qué demonios le ocurre?
Me tenso un poco cuando Francis comienza a separar mis piernas y posicionarse entre éstas.
-Lo haré con cuidado – dice al oído, reanudando sus caricias.
“Lo haré con cuidado”. Resuena esa frase en mi mente.
 Como si a Francis alguna vez le hubiera importado lastimarme o no. 
[…]
Se encontraban sentados en las escaleras de un pasillo solitario, Neville estaba recargado de la pared, mientras que Theo era el que estaba recargado en su torso y en sus piernas descansaba un libro del cual estaban estudiando.
-¿Por qué crees que Blaise y Ron hayan terminado? – preguntó Theo de pronto, interrumpiendo la lectura.
-¿Qué…? – dejó salir el Gryffindor. Theo se levantó para enfrentarlo y saber el porqué de la sorpresa de su novio.
-¿No lo sabías? – el moreno negó con la cabeza.
-Hace dos semanas Blaise nos lo dijo a Draco y a mí – le informó.
Neville estuvo analizando la reciente información. Para ser sinceros, el Gryffindor no sabía nada sobre sus amigos, en las últimas dos semanas cada uno de ellos estuvieron –aún lo estaban, incluso– con la carga de deberes debido a las próximas vacaciones de Navidad, así que el hecho de enterarse de la recién ruptura de su amigo pelirrojo con Blaise le tomó por sorpresa.
-¡Vaya! – exclamó ensimismado.
-Sí… — musitó Theo.
-¿Crees que regresen? – preguntó Neville, analizando un poco las cosas, comprendió el por qué el pelirrojo no se dejaba ver mucho en los últimos días.
-Sinceramente, no lo sé – Theo se veía preocupado.
Se encerraron en un silencio incómodo. Theodore fue el que lo rompió.
-¿Qué harás en las vacaciones? – quiso saber. Ambos acostumbraban a pasar la Navidad con sus respectivos familiares y se reencontraban en Año Nuevo. Sin embargo, las cosas habían cambiado mucho, el padre de Theo había muerto y lamentablemente la abuela de Neville también, ella tan solo unos meses después de la Gran Batalla Final.
-Pensaba quedarme aquí… contigo ¿tú tienes planes?
-El año pasado, la madre de Blaise nos pidió ir a su casa este año, pero aún no nos ha dicho nada, así que no tengo planes.
-¿Pasamos Navidad en tu casa? – propuso el Gryffindor.
-Claro – respondió sonriente, tomándolo de la mano para así dirigirse al Gran Comedor juntos.
[…]
Un nuevo día amanecía, sin embargo para Ronald Weasley era un día más para una tortuosa realidad, un día más que tenía que ver a Blaise Zabini y no poder evitar sentirse traicionado, dolido y decepcionado. Sin duda, un fin de semana más del cual tendría que soportar la soledad mientras sus amigos se divertirían con sus respectivos novios, los cuales le creían más que su ex.
El pelirrojo salió de la habitación para dirigirse al Gran Comedor, últimamente venía haciendo eso, irse antes que los demás y llegar después, mucho después, que sus amigos, no quería verlos, no quería dar más explicaciones sobre su recién ruptura, no quería simplemente pensar más en él, en Blaise.
En cuanto puso un pie fuera de la Sala Común, casi se arrepintió de haberlo hecho.
-Hola – le saludó un sonriente Terry Boot.
-¿No tienes algo mejor qué hacer? – le reprochó, avanzando hacia su destino.
-Buenos días para ti también – ironizó el Ravenclaw – solo venía a preguntarte algo.
-Dime – musitó el ojiazul.
La verdad era que Ron ya se estaba acostumbrando a tener a Terry pegado a él. A donde quiera que él fuera, el chico estaba ‘casualmente’ por esos rumbos, al principio al pelirrojo le molestaba ¿Qué no podía entender ese chico, que él quería estar solo? Al parecer no.
El pelirrojo ya se esperaba que el Ravenclaw estuviera ahí afuera esperándolo, al parecer ese chico tenía una extraña misión hacía con él, la cual era el hacerlo sentir bien, querido, importante. Y últimamente a Ron eso le agradaba y le asustaba a la vez.
-¿A qué hora paso por ti? – El pelirrojo detuvo sus pasos y enarcó una ceja en son de duda – para ir a Hogsmeade – le recordó – lo olvidaste… — exclamó un poco decepcionado y eso a Ron… ¿le incomodó?
-Emh, no… yo – el pelirrojo estaba un poco nervioso ¿desde cuándo se sentía culpable por ese chico?
-Olvídalo – declaró al fin el Ravenclaw, un poco decepcionado, avanzando rápidamente.
-Sí quiero ir contigo – confesó el pelirrojo de pronto, alcanzándolo – puedes pasar a las tres – dijo con una sonrisa, tomándolo del brazo tímidamente.
Después de todo no estaba haciendo nada malo ¿cierto? Él ya era libre y tenía derecho a ser feliz ¿no? ¿Y qué más sino con aquel chico que siempre estuvo con él en esos momentos difíciles? Además, el chico no le estaba pidiendo ser su novio ni nada por el estilo, era solo una cita, una simple salida con un amigo.
-Tengo hambre – exclamó Ron un poco más animado y por primera vez, después de esas dos terribles semanas, sonriendo con sinceridad.
[…]
Nuevamente esa sensación extraña en su estómago lo invadía. Blaise abrió los ojos rápidamente al sentir no solo aquella sensación, sino también unos labios rosándolo.
-Buenos días – saludó Francis, subiendo sus besos a la boca del chico.
-Debo irme – masculló Blaise, tratando de zafarse de Francis – mis amigos deben estar preocupados por no haber ido a dormir a la habitación.
-No creo – dijo el mayor sin importancia, sin dejar de repartirle besos en la cara.
-Pero…
-Te ordeno que te quedes – dijo seriamente y Blaise no tuvo más remedio que obedecerlo.
Una gran charola con comida apareció en el buró que estaba a un lado de la cama de Francis.
-Es hora de desayunar – anunció el mayor tomando una copa, la llenó con jugo de calabaza y se la extendió a su alumno – bébelo, te hará bien – dijo con una sonrisa. ¿Era su imaginación o Francis sonreía más feliz como ningún otro día?
El Slytherin agarró la copa y se tomó el contenido, no quería reconocerlo pero era cierto lo que le dijo el profesor, se sintió bien… demasiado bien, incluso las náuseas, que últimamente aparecían durante las mañanas, habían desaparecido.
-Mejor, ¿cierto? – interrogó el rubio con esa sonrisa, que aquí entre nos, a Blaise ya le estaba asustando.
-¿Ya me puedo ir? – tentó, para su sorpresa el mayor no se enojó.
-Solo cuando termines de desayunar. No digas que no tienes hambre – aclaró el mayor – debes alimentarte bien.
Blaise enarcó una ceja ¿alimentarse bien?  La noche anterior le había recalcado que estaba engordando ¿Qué demonios ocurría con Francis?
Con tal de irse pronto de ese lugar, comenzó a desayunar ante la mirada penetrante de Francis.
-Quiero que vayas a Hogsmeade, hoy – le ordenó.
-¿Qué?
-Invita a tus amigos – le recomendó Francis – diles que quieres ir a ‘Las Tres Escobas’ a tomar algo.
-Seguramente ya tienen planes y…
-Has que los deshagan – interrumpió el mayor y antes de que el moreno protestara, agregó – no importa cómo le hagas, sal con ellos, les hará bien hablar, obviamente sin decir nada de nosotros.
-Bien – aceptó Blaise, disconforme.
-Genial – dijo feliz – ya te puedes ir.
El chico no lo pensó dos veces, se vistió rápidamente, pero estando en la puerta Francis lo alcanzó.
-No vayas a tomar cerveza de mantequilla – Blaise frunció el ceño — no queremos que engordes ¿cierto?
El moreno, como pudo, asintió y salió del lugar rápidamente, estaba más confundido que nunca.
Ybbod! – llamó el mayor y enseguida un elfo domestico apareció frente a él con una gran reverencia - ¿cómo van las pociones?
-Muy bien, señor Morseferth – chilló la criatura – al chico Ravenclaw le dupliqué la dosis de la poción como el señor Francis pidió y al Gryffindor solo una tercera parte.
-Excelente – musitó el rubio – asegúrate que vayan a ‘Las Tres Escobas’ cuando Blaise y sus amigos estén ahí – le ordenó y la criatura desapareció del lugar, después de la gran reverencia.
[…]
Cuando Ron salió de la Sala Común, nuevamente estaba esperándolo Terry, con una gran sonrisa.
El pelirrojo, esta vez tuvo la oportunidad de observarlo atentamente. El chico lucía bien, se atrevería a decir, incluso, que estaba guapo. Sobre todo por esa sonrisa, que solo en esos momentos, Ron pudo apreciarla mejor. Esos ojos cafés claros que lucían bien bajo aquellas cejas pobladas y ¡qué decir del cabello! Esa mata de pelo color negro y largo. En realidad Terry era atractivo.
El pelirrojo le devolvió la sonrisa. Quizás no todo saldría mal.
-Vamos – le dijo el pelirrojo con una sonrisa, mientras se dejaba agarrar de la mano por aquel chico.
Mientras salían del castillo, Ron recordaba aquel día en el cual descubrió cómo era en realidad aquel chico…
Ron, que aún no sabía a ciencia cierta qué demonios había ocurrido, se quedó ahí como ‘estatua’ parado ¿Blaise  creía, en verdad creía que él había robado aquella poción? ¿Todo había terminado?
El Gryffindor estaba verdaderamente enojado, indignado ¡Su novio creía que él era un vil ratero! ¡De todos los malditos alumnos del colegio, precisamente era Blaise el que no le creía!
-Eres un idiota, ¡¿lo sabías?! – Había gritado el pelirrojo hacia el lugar por donde el Slytherin había desaparecido, dando un puñetazo a la pared después  – ¡un imbécil! – Gritó dolido, pateando a la pared, lastimándose, pero no le importó – ¡Un estúpido! – murmuró, mientras se dejaba resbalar por la espalda en aquella pared, lágrimas deslizándose por sus pálidas mejillas.
Llevaba un rato ahí, ya ni siquiera tenía más lágrimas que derramar, se sentía cansado y sin fuerzas. Ni siquiera había ido al Gran Comedor a la hora de la comida ni a la hora de la cena, simplemente se había quedado ahí.
Muy pronto llegaría la hora de hacer las estúpidas rondas de prefectos. Él aún seguía ahí en ese estado de aletargamiento cuando a lo lejos escuchó pasos.
-¡Qué haces aquí! – preguntó con cierto fastidio un chico en pijama. Terry Boot.
Ron no contestó.
-Da igual, porque no me voy a ir – comentó el Ravenclaw, sentándose frente a él - ¿Estás bien? – Le interrogó al ver al pelirrojo inexpresivo y por primera vez, el pelirrojo lo volteó a ver - ¡wow! Traes una cara…
-Mira quién lo dice – Ron lo fulminó con la mirada.
Y era verdad, el Ravenclaw parecía no tener un buen aspecto, traía unas enormes ojeras e incluso estaba más pálido de lo normal, al pelirrojo le recordó a Theo en su faceta de insomnio.
-Sí, lo sé – reconoció el chico – pero lo mío tiene justificación.
-¿Cuál? – preguntó solo por decir algo, en realidad a Ron no le interesaba saber, era eso o seguir recordando al estúpido de su, ahora,  ex novio.
-He tenido algunas pesadillas, creo que ahora comprendo a Nott – expresó con amargura.
-Tu padre no murió en la guerra – reprochó el pelirrojo.
-No, pero el sueño, mejor dicho la pesadilla, siempre es la misma… — el pelirrojo enarcó una ceja al ver a Terry estremecerse y mirar hacia la pared como si estuviera ‘ido’ – Y después de tenerla no puedo dormir, así que vengo aquí,  por alguna extraña razón, siento que este pasillo sabe a qué se debe mi pesadilla.
Ron no supo qué decir.
-Sueño a un tipo, mucho mayor que yo… - comenzó a relatar sin dejar de ver la pared – un tipo al cual no puedo identificar, pero él esta… encima de mí, diciéndome palabras sucias en mi oído, mientras…  – tragó saliva – mientras… - su voz sonaba cada vez más ronca – mientras abusa de mí y yo, yo no me muevo, no puedo moverme…
Ron parpadeó nervioso ante tal aclaración y no supo nuevamente  qué decir.
-Solo es una estúpida pesadilla – continuó el chico – pero cada día… parece ser tan real…
Ambos se sumieron en un silencio.
-Y ¿tú? – preguntó de pronto el Ravenclaw.
-Yo no tengo pesadillas – declaró el pelirrojo con el ceño fruncido.
-Eso es obvio – dijo, rodando los ojos – ¿estás así por lo de la poción robada?
El pelirrojo asintió. Terry lo vio a los ojos, por alguna extraña razón, sintió ganas de proteger a ese chico, de hacerlo sentir bien.
-No creo que tú la hayas robado – confesó, viéndolo a los ojos. El pelirrojo lo vio sorprendido.
-Al parecer eres el único que me cree.
-No lo creo, tus amigos y tu novio deben pensar lo mismo que yo y… - el chico no continuó al ver que Ron hizo una mueca desagradable cuando dijo la palabra ‘novio’ – ¡Oh! Ya veo, así que Zabini no te cree…
-No quiero hablar de eso.
-Está bien, de todas formas, él no vale la pena – Ron lo fulminó con la mirada – créeme, si lo valiera, te creería.

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