Obsesión
Capitulo Diecisiete:
Citas
[Blaise Zabini]
Estando frente a la puerta de la oficina de Francis,
doy un suspiro. Odio los fines de semana, Francis me obliga a pasarlo junto a
él, sobre todo en estas dos últimas semanas que Bilius y yo ya no estamos
juntos.
Entro a la oficina y descubro que Francis no está,
pero eso no significa que él no esté aquí, me ha dicho anteriormente que si
vengo y él no está, que lo busque en su habitación, que esta atrás de su
oficina. Así lo hago y ahí lo encuentro.
Está acostado en la cama, desnudo. Desvío la mirada, ¿acaso
ya no tiene un poco de decencia? No, por supuesto que no.
-¡Blaise! – Me llama mientras se levanta sin ningún
tipo de pudor – has tardado en llegar – dice y sin esperar a que le responda,
comienza a devorar mi boca con sus asquerosos besos.
Siento sus brazos apoderarse de mi cuerpo, a sus manos
acariciar todo cuanto alcance tengan y a su boca subir y bajar por mi cuello.
Y yo por más que trato de desconectarme, no lo logro.
Solo fue cuestión de segundos para sentirme en su
cama, desnudo, y a Francis encima de mí. Comienza a besarme desesperadamente en
la boca, bajar a mi cuello, a mi pecho y detenerse en mi abdomen.
-¿Hemos engordado un poco, eh? – pregunta deteniendo
sus besos y con una de sus manos acariciarme esa zona.
Lo observo frunciendo el ceño, ahora falta que me pida
ponerme a dieta y…
Siento algo extraño dentro de mí, justo en la zona que
Francis está acariciando… es como si mi magia y la de él se estuvieran
reconociendo, no lo sé es algo que no me puedo explicar ¿Qué demonios es esta
sensación?
-¡Oh, Blaise! – Exclama feliz, atacándome de besos en
esa zona y luego subir a mi cara – te amo, te amo – dice sin dejar de besarme –
me has hecho tan feliz – confiesa, estoy comenzando a asustarme ¿Qué demonios
le ocurre?
Me tenso un poco cuando Francis comienza a separar mis
piernas y posicionarse entre éstas.
-Lo haré con cuidado – dice al oído, reanudando sus
caricias.
“Lo haré con cuidado”. Resuena esa frase en mi mente.
Como si a Francis alguna vez le hubiera
importado lastimarme o no.
[…]
Se encontraban sentados en las escaleras de un pasillo
solitario, Neville estaba recargado de la pared, mientras que Theo era el que
estaba recargado en su torso y en sus piernas descansaba un libro del cual
estaban estudiando.
-¿Por qué crees que Blaise y Ron hayan terminado? –
preguntó Theo de pronto, interrumpiendo la lectura.
-¿Qué…? – dejó salir el Gryffindor. Theo se levantó para
enfrentarlo y saber el porqué de la sorpresa de su novio.
-¿No lo sabías? – el moreno negó con la cabeza.
-Hace dos semanas Blaise nos lo dijo a Draco y a mí –
le informó.
Neville estuvo analizando la reciente información.
Para ser sinceros, el Gryffindor no sabía nada sobre sus amigos, en las últimas
dos semanas cada uno de ellos estuvieron –aún lo estaban, incluso– con la carga
de deberes debido a las próximas vacaciones de Navidad, así que el hecho de
enterarse de la recién ruptura de su amigo pelirrojo con Blaise le tomó por
sorpresa.
-¡Vaya! – exclamó ensimismado.
-Sí… — musitó Theo.
-¿Crees que regresen? – preguntó Neville, analizando un
poco las cosas, comprendió el por qué el pelirrojo no se dejaba ver mucho en
los últimos días.
-Sinceramente, no lo sé – Theo se veía preocupado.
Se encerraron en un silencio incómodo. Theodore fue el
que lo rompió.
-¿Qué harás en las vacaciones? – quiso saber. Ambos
acostumbraban a pasar la Navidad con sus respectivos familiares y se
reencontraban en Año Nuevo. Sin embargo, las cosas habían cambiado mucho, el
padre de Theo había muerto y lamentablemente la abuela de Neville también, ella
tan solo unos meses después de la Gran Batalla Final.
-Pensaba quedarme aquí… contigo ¿tú tienes planes?
-El año pasado, la madre de Blaise nos pidió ir a su
casa este año, pero aún no nos ha dicho nada, así que no tengo planes.
-¿Pasamos Navidad en tu casa? – propuso el Gryffindor.
-Claro – respondió sonriente, tomándolo de la mano para
así dirigirse al Gran Comedor juntos.
[…]
Un nuevo día amanecía, sin embargo para Ronald Weasley
era un día más para una tortuosa realidad, un día más que tenía que ver a Blaise
Zabini y no poder evitar sentirse traicionado, dolido y decepcionado. Sin duda,
un fin de semana más del cual tendría que soportar la soledad mientras sus amigos se divertirían con sus respectivos
novios, los cuales le creían más que su ex.
El pelirrojo salió de la habitación para dirigirse al
Gran Comedor, últimamente venía haciendo eso, irse antes que los demás y llegar
después, mucho después, que sus
amigos, no quería verlos, no quería dar más explicaciones sobre su recién
ruptura, no quería simplemente pensar más en él, en Blaise.
En cuanto puso un pie fuera de la Sala Común, casi se
arrepintió de haberlo hecho.
-Hola – le saludó un sonriente Terry Boot.
-¿No tienes algo mejor qué hacer? – le reprochó,
avanzando hacia su destino.
-Buenos días para ti también – ironizó el Ravenclaw –
solo venía a preguntarte algo.
-Dime – musitó el ojiazul.
La verdad era que Ron ya se estaba acostumbrando a tener
a Terry pegado a él. A donde quiera que él fuera, el chico estaba ‘casualmente’ por esos rumbos, al
principio al pelirrojo le molestaba ¿Qué no podía entender ese chico, que él
quería estar solo? Al parecer no.
El pelirrojo ya se esperaba que el Ravenclaw estuviera
ahí afuera esperándolo, al parecer ese chico tenía una extraña misión hacía con
él, la cual era el hacerlo sentir bien, querido, importante. Y últimamente a
Ron eso le agradaba y le asustaba a la vez.
-¿A qué hora paso por ti? – El pelirrojo detuvo sus
pasos y enarcó una ceja en son de duda – para ir a Hogsmeade – le recordó – lo
olvidaste… — exclamó un poco decepcionado y eso a Ron… ¿le incomodó?
-Emh, no… yo – el pelirrojo estaba un poco nervioso
¿desde cuándo se sentía culpable por ese chico?
-Olvídalo – declaró al fin el Ravenclaw, un poco
decepcionado, avanzando rápidamente.
-Sí quiero ir contigo – confesó el pelirrojo de
pronto, alcanzándolo – puedes pasar a las tres – dijo con una sonrisa,
tomándolo del brazo tímidamente.
Después de todo no estaba haciendo nada malo ¿cierto?
Él ya era libre y tenía derecho a ser feliz ¿no? ¿Y qué más sino con aquel
chico que siempre estuvo con él en esos momentos difíciles? Además, el chico no
le estaba pidiendo ser su novio ni nada por el estilo, era solo una cita, una
simple salida con un amigo.
-Tengo hambre – exclamó Ron un poco más animado y por
primera vez, después de esas dos terribles semanas, sonriendo con sinceridad.
[…]
Nuevamente esa sensación extraña en su estómago lo
invadía. Blaise abrió los ojos rápidamente al sentir no solo aquella sensación,
sino también unos labios rosándolo.
-Buenos días – saludó Francis, subiendo sus besos a la
boca del chico.
-Debo irme – masculló Blaise, tratando de zafarse de
Francis – mis amigos deben estar preocupados por no haber ido a dormir a la
habitación.
-No creo – dijo el mayor sin importancia, sin dejar de
repartirle besos en la cara.
-Pero…
-Te ordeno que te quedes – dijo seriamente y Blaise no
tuvo más remedio que obedecerlo.
Una gran charola con comida apareció en el buró que
estaba a un lado de la cama de Francis.
-Es hora de desayunar – anunció el mayor tomando una
copa, la llenó con jugo de calabaza y se la extendió a su alumno – bébelo, te
hará bien – dijo con una sonrisa. ¿Era su imaginación o Francis sonreía más
feliz como ningún otro día?
El Slytherin agarró la copa y se tomó el contenido, no
quería reconocerlo pero era cierto lo que le dijo el profesor, se sintió bien… demasiado bien, incluso las náuseas, que
últimamente aparecían durante las mañanas, habían desaparecido.
-Mejor, ¿cierto? – interrogó el rubio con esa sonrisa,
que aquí entre nos, a Blaise ya le estaba asustando.
-¿Ya me puedo ir? – tentó, para su sorpresa el mayor
no se enojó.
-Solo cuando termines de desayunar. No digas que no
tienes hambre – aclaró el mayor – debes alimentarte bien.
Blaise enarcó una ceja ¿alimentarse bien? La noche anterior le había recalcado que
estaba engordando ¿Qué demonios ocurría con Francis?
Con tal de irse pronto de ese lugar, comenzó a
desayunar ante la mirada penetrante de Francis.
-Quiero que vayas a Hogsmeade, hoy – le ordenó.
-¿Qué?
-Invita a tus amigos – le recomendó Francis – diles
que quieres ir a ‘Las Tres Escobas’ a tomar algo.
-Seguramente ya tienen planes y…
-Has que los deshagan – interrumpió el mayor y antes
de que el moreno protestara, agregó – no importa cómo le hagas, sal con ellos,
les hará bien hablar, obviamente sin decir nada de nosotros.
-Bien – aceptó Blaise, disconforme.
-Genial – dijo feliz – ya te puedes ir.
El chico no lo pensó dos veces, se vistió rápidamente,
pero estando en la puerta Francis lo alcanzó.
-No vayas a tomar cerveza de mantequilla – Blaise
frunció el ceño — no queremos que engordes ¿cierto?
El moreno, como pudo, asintió y salió del lugar
rápidamente, estaba más confundido que nunca.
-¡Ybbod! –
llamó el mayor y enseguida un elfo domestico apareció frente a él con una gran
reverencia - ¿cómo van las pociones?
-Muy bien, señor Morseferth – chilló la criatura – al
chico Ravenclaw le dupliqué la dosis de la poción como el señor Francis pidió y
al Gryffindor solo una tercera parte.
-Excelente – musitó el rubio – asegúrate que vayan a
‘Las Tres Escobas’ cuando Blaise y sus amigos estén ahí – le ordenó y la
criatura desapareció del lugar, después de la gran reverencia.
[…]
Cuando Ron salió de la Sala Común, nuevamente estaba
esperándolo Terry, con una gran sonrisa.
El pelirrojo, esta vez tuvo la oportunidad de observarlo
atentamente. El chico lucía bien, se atrevería a decir, incluso, que estaba
guapo. Sobre todo por esa sonrisa, que solo en esos momentos, Ron pudo
apreciarla mejor. Esos ojos cafés claros que lucían bien bajo aquellas cejas
pobladas y ¡qué decir del cabello! Esa mata de pelo color negro y largo. En
realidad Terry era atractivo.
El pelirrojo le devolvió la sonrisa. Quizás no todo
saldría mal.
-Vamos – le dijo el pelirrojo con una sonrisa,
mientras se dejaba agarrar de la mano por aquel chico.
Mientras salían del castillo, Ron recordaba aquel día
en el cual descubrió cómo era en realidad aquel chico…
Ron, que aún no
sabía a ciencia cierta qué demonios había ocurrido, se quedó ahí como ‘estatua’
parado ¿Blaise creía, en verdad creía que él había robado aquella poción?
¿Todo había terminado?
El Gryffindor
estaba verdaderamente enojado, indignado ¡Su novio creía que él era un vil
ratero! ¡De todos los malditos alumnos del colegio, precisamente era Blaise el
que no le creía!
-Eres un idiota,
¡¿lo sabías?! – Había gritado el pelirrojo hacia el lugar por donde el
Slytherin había desaparecido, dando un puñetazo a la pared después – ¡un
imbécil! – Gritó dolido, pateando a la pared, lastimándose, pero no le importó
– ¡Un estúpido! – murmuró, mientras se dejaba resbalar por la espalda en
aquella pared, lágrimas deslizándose por sus pálidas mejillas.
Llevaba un rato
ahí, ya ni siquiera tenía más lágrimas que derramar, se sentía cansado y sin
fuerzas. Ni siquiera había ido al Gran Comedor a la hora de la comida ni a la
hora de la cena, simplemente se había quedado ahí.
Muy pronto
llegaría la hora de hacer las estúpidas rondas de prefectos. Él aún seguía ahí en
ese estado de aletargamiento cuando a lo lejos escuchó pasos.
-¡Qué haces
aquí! – preguntó con cierto fastidio un chico en pijama. Terry Boot.
Ron no
contestó.
-Da igual,
porque no me voy a ir – comentó el Ravenclaw, sentándose frente a él - ¿Estás
bien? – Le interrogó al ver al pelirrojo inexpresivo y por primera vez, el
pelirrojo lo volteó a ver - ¡wow! Traes una cara…
-Mira quién lo
dice – Ron lo fulminó con la mirada.
Y era verdad,
el Ravenclaw parecía no tener un buen aspecto, traía unas enormes ojeras e
incluso estaba más pálido de lo normal, al pelirrojo le recordó a Theo en su
faceta de insomnio.
-Sí, lo sé –
reconoció el chico – pero lo mío tiene justificación.
-¿Cuál? –
preguntó solo por decir algo, en realidad a Ron no le interesaba saber, era eso
o seguir recordando al estúpido de su, ahora, ex novio.
-He tenido
algunas pesadillas, creo que ahora comprendo a Nott – expresó con amargura.
-Tu padre no
murió en la guerra – reprochó el pelirrojo.
-No, pero el
sueño, mejor dicho la pesadilla, siempre es la misma… — el pelirrojo enarcó una
ceja al ver a Terry estremecerse y mirar hacia la pared como si estuviera ‘ido’
– Y después de tenerla no puedo dormir, así que vengo aquí, por alguna extraña razón, siento que este
pasillo sabe a qué se debe mi pesadilla.
Ron no supo qué
decir.
-Sueño a un
tipo, mucho mayor que yo… - comenzó a relatar sin dejar de ver la pared – un
tipo al cual no puedo identificar, pero él esta… encima de mí, diciéndome
palabras sucias en mi oído, mientras… – tragó saliva – mientras… - su voz
sonaba cada vez más ronca – mientras abusa de mí y yo, yo no me muevo, no puedo
moverme…
Ron parpadeó
nervioso ante tal aclaración y no supo nuevamente qué decir.
-Solo es una
estúpida pesadilla – continuó el chico – pero cada día… parece ser tan real…
Ambos se
sumieron en un silencio.
-Y ¿tú? –
preguntó de pronto el Ravenclaw.
-Yo no tengo
pesadillas – declaró el pelirrojo con el ceño fruncido.
-Eso es obvio –
dijo, rodando los ojos – ¿estás así por lo de la poción robada?
El pelirrojo
asintió. Terry lo vio a los ojos, por alguna extraña razón, sintió ganas de
proteger a ese chico, de hacerlo sentir bien.
-No creo que tú
la hayas robado – confesó, viéndolo a los ojos. El pelirrojo lo vio
sorprendido.
-Al parecer
eres el único que me cree.
-No lo creo,
tus amigos y tu novio deben pensar lo mismo que yo y… - el chico no continuó al
ver que Ron hizo una mueca desagradable cuando dijo la palabra ‘novio’ – ¡Oh!
Ya veo, así que Zabini no te cree…
-No quiero
hablar de eso.
-Está bien, de
todas formas, él no vale la pena – Ron lo fulminó con la mirada – créeme, si lo
valiera, te creería.
__________________________________
No hay comentarios:
Publicar un comentario