Tu historia fue conmigo
Capítulo Tres:
Reflexiones y Presentaciones
[Blaise Zabini]
Han transcurrido dos meses desde que
Draco se fue a Francia y al parecer le va muy bien, al juzgar por las cartas
que tan puntualmente manda cada semana. He de confesar que al principio estaba
nervioso, nunca habíamos estado separados mucho tiempo, sin contar el tiempo
que Draco estuvo en Azkaban claro, pero ahora que sé que su madre y un auror se
encuentran con él estoy un poco más tranquilo.
He ordenado un poco mi vida. Comencé
con perdonar mis errores, pero sobre todo a mí mismo. Primero, aceptando a mi
hijo Bilius. Segundo, seguir con mis planes de estudiar Medimagia. Tercero,
haciéndome la idea que entre mi lindo Bilius y yo no habrá nada. Ha
transcurrido mucho tiempo, si encontró o no la nota que le dejé en aquel libro,
no ha dado señales. Quizás es tiempo de olvidarlo, dejarlo en el pasado. Será
difícil. Uno simplemente no puede olvidar una historia y seguir adelante. Y
menos una historia como la que tuvimos Bilius y yo. Pero tendré que hacerlo,
por mi bien y por el de mi hijo.
En fin.
Dentro de dos meses más, mi pequeño
Bilius cumplirá un año de edad, tal vez sea muy pequeño para festejárselo pero me
siento en deuda con él, después de todo, no pude valorarlo desde el día que
nació, es justo que se lo compense de alguna manera. Aunque solo será una
reunión íntima con las personas más importantes que nos rodean. Eso es lo que
importa.
[...]
Se dirigían hacia un aula que estaba
del otro lado del campus. Los tres estaban sumidos en sus pensamientos. Harry
seguía pensando en Draco, había intentado comunicarse con él nuevamente, pero
parecía que el rubio se había evaporado, no intentó pedir ayuda a Neville ya
que no quería meterlo en problemas, ya había sido suficiente con el avisarle
que el rubio se iba antes de lo que él creía.
Por otro lado, Ron estaba sumergido
nuevamente en el tema ‘Blaise’ tenía alrededor de casi un año sin tener
noticias de él, se preguntaba internamente el cómo estaría, el qué había
sido de él. Recientemente se había enterado por parte de Harry, que el
Slytherin se había quedado con su hijo, ya que lo había visto ese día que trató
de alcanzar a Draco en la estación de tren, pero eso no era suficiente para él.
Tenía la morbosa necesidad de saber
que Blaise estaba bien sin él.
-Hemos llegado – anunció lo obvio Terry
al estar frente al aula, la cual se ubicaba en el segundo piso.
Los tres entraron, había cuatro chicos
y dos chicas dentro, todos desconocidos. Se dirigieron hacia las primeras bancas
que estaban y ahí se quedaron.
Terry observó a Harry, el chico se veía
mal después de haber terminado con Draco, lo que le sorprendió fue el hecho que
se hubiera liado con su antiguo compañero de casa, Michael, esa noticia sí que
no se la esperaba. Desvió su mirada hacia su novio pelirrojo, quien estaba
igual o peor que el ojiverde. Y esta vez no se debía porque habían tenido
intimidad en la noche anterior. Terry sabía el motivo: Blaise.
-Tomaré un poco de aire – murmuró hacia
los chicos, quienes le respondieron con un movimiento minúsculo de cabeza.
Boot salió del aula, se dirigió hacia
la esquina del balcón donde se recargó. Cerró los ojos cuando los recuerdos lo
invadieron.
Se
le había hecho tarde al llegar al departamento, se había desviado del camino
para dirigirse a la biblioteca y sacar un par de libros para algunas
redacciones que le habían dejado, odiaba esa parte teórica de la curricula,
pero tenía que cumplirla.
-¡Ya
llegué! – le avisó a Ron, en cuanto se apareció dentro del lugar, pero no hubo
respuesta del pelirrojo - ¿Ron?
Corrió
hasta su habitación pero no encontró a nadie, excepto un par de cosas desordenadas
y aquel libro aterrador sobre la cama. Con el corazón en la mano tomó el libro
y comenzó a hojearlo con desesperación temiendo que la ausencia del pelirrojo
se debía a aquel pedazo de pergamino que escondía el libro. Sin embargo no lo
fue.
El
tan temido pedazo de pergamino se tambaleó mientras caía. Terry jadeó al
reconocerlo. Comenzó a reírse nerviosamente mientras lo recogía nuevamente. Era
increíble lo que un pedazo de pergamino le hacía sentir.
-¡He
llegado con la cena! – la voz del pelirrojo le aclaró el motivo de su ausencia.
Con
manos temblorosas metió el libro en la última gaveta del buró y se dirigió
hacia con su novio.
Terry no podía con la culpa, tenía que
decirle al pelirrojo del pergamino y alejarse de él. Le dolía enormemente esa
decisión pero tenía que hacerlo. Era mejor cortar por lo sano y no esperar
hasta que ya nada tuviera remedio. Tarde o temprano Ron descubriría el
pergamino y con ello también sabría que él tenía conocimiento de ello.
-Emh… hola – una voz lo sacó de su
ensimismamiento.
Terry, que hasta ese momento se dio
cuenta que estaba sentado en el suelo, volteó a verlo. Era un chico de piel
blanca y de grandes ojos color miel. No se le hizo conocido.
-¿Esta es el Aula 21, donde se supone
que darán la clase extra? – preguntó.
-Sí – murmuró Terry un poco
desconcertado, ya que dicha aula se encontraba con un enorme letrero donde se leía
claramente ‘Aula 21, Clase Extracurricular’.
-Soy Adam – se presentó con una gran
sonrisa, mientras le extendía la mano.
[...]
Theodore se encontraba caminando por el
callejón Diagon con Bilius en brazos. La razón era que su amigo Blaise había
sido citado a última hora para hacer un examen de diagnóstico en la Universidad
Mágica, Neville se encontraba en clases, así que le tocaba de hacerle de ‘niñera’.
-¿Qué te parece ir a la tienda de mascotas?
– le propuso al pequeño Bilius y éste solo aplaudió mientras balbuceaba
silabas.
Ambos entraron a la tienda, había de
todo tipo de animales que se pudieran tener dentro de un establecimiento, había
grandes y pequeños, amenazantes e inocentes, y de una gran variedad de colores.
El pequeño Bilius estaba fascinado con lo que veía a su alrededor.
-¿Le gustará al tío Neville? – Le
preguntó al pequeño mientras le mostraba un animal en particular, un sapo de
color azul – es único, como Nev.
El chico Nott sonreía, mientras veía
aquel anfibio, a su novio le encantaban los sapos, aún recordaba a Trevor, el cual había muerto tres años
atrás, tiempo suficiente para que el Gryffindor la superara y aceptara a una
nueva mascota. Además le serviría para darle a entender que no estaba enfadado
con él, aún recordaba ese día que habían discutido.
Después
de haber despedido a Draco en la estación, Blaise se había ido a su habitación
para dormir a Bilius, mientras que Neville y Theo hablaban del asunto ‘Potter’.
-Lo
acepto, le avisé a Harry que Draco se iba hoy – dijo resignado al ver que el
Slytherin no le había dirigido la palabra desde que habían regresado de la
estación King’s Cross – Harry también es mi amigo y estaba sufriendo y…
-No
te estoy reclamando nada Neville – le interrumpió.
-Pero
estas enojado, odio que nos enojemos – dejó salir desesperadamente.
-No
estoy enojado – aclaró, poniéndose frente a él.
-Perdón.
Ambos son mis amigos y sé que estaban mal, yo solo no quería que ellos…
Nott
se acercó a su novio y sutilmente lo hizo callar con un casto beso en los
labios.
-No
estoy enojado contigo – le volvió a repetir – hiciste lo que has creído
conveniente.
-No
funcionó – murmuró apesadumbrado.
-Al
menos sabemos una cosa – Neville frunció el ceño – al parecer Potter si ama a
Draco, aunque tiene una extraña manera de demostrarlo.
-No
estuvo bien lo que le hizo a Draco y creo que se merecía una muy buena
explicación – dejó salir solemnemente. Theodore sonrió orgulloso de su chico.
-Te
amo – le susurró al oído.
Aparentemente esa conversación había
terminado bien, sin embargo Neville seguía sintiéndose culpable por lo que había
hecho a sus espaldas.
-¡Toto!
– el pequeño Bilius comenzó a llamar, a la vez que estiraba sus manitas hacia
una jaula en especial - ¡Toto!
Theo enarcó una ceja, y siguiendo la
dirección que el pequeñito le mostraba, llegó hasta la jaula que contenían Micropuffs, Puffskins en miniaturas (1), eran
unas pequeñas bolas de pelusa de color rosa y morado que se movían de un lado a
otro de la jaula.
-¿Te gustan? – le preguntó al pequeño,
el cual aplaudía y reía al ver a las criaturitas ir de un lado a otro.
Veinte minutos después salían de la
Tienda Mágica de Mascotas, Theodore cansado por llenar un montón de formas por
la adopción de dos mascotas con Bilius dormido en sus brazos, por suerte las
mascotas se las llevarían a domicilio en un periodo de tres días sino no sabría
cómo hubiera podido llegar a su casa con tantas cosas en las manos, ya que aún
le faltaba pasar a varios lugares antes de regresar.
Una vez de haber encargado aquello que tantos días había planeado y
de hacer presupuestos de algunas cosas, ya iba de regreso a su casa. Se dejó
caer exhausto en una de las bancas que estaban en las afueras del pub ‘El
caldero chorreante’, con la intensión de descansar un rato y después llamar al autobús noctambulo, ya que Bilius era muy pequeño para exponerlo a la aparición o la Red Flú.
-¡Quién fuera tú, pequeño! – le dijo a
Bilius, el cual ya estaba despertando – es hora de irnos, tu papá no tardará en
llegar y al no vernos es capaz de llamar a los aurores para ir a buscarnos –
dejó escapar una sonrisa floja con solo imaginar esa escena, el pequeño le
devolvió la sonrisa.
Theodore se levantó. Justo al sacar su
varita de la manga de su túnica, ésta resbaló de su mano, estaba por agacharse
para recogerla cuando una persona se le adelantó.
-Siempre lo he dicho, las varitas y los
bebés no son buen equipo – un señor de edad madura le sonreía ampliamente
mientras le regresaba su varita. Theodore enarcó una ceja.
-¿Señor Burbage?
[...]
Terry estaba desconcertado ante la
presencia del chico que tenía frente a él. Una parte de su cerebro pareció
hacer conexión con la realidad, entonces se dio cuenta que el chico aún seguía
con la mano extendida. Él la estrechó, al mismo tiempo que el recién llegado lo
hacía levantarse de un solo movimiento.
-Terry – le respondió el Ravenclaw.
-Un placer Terry – terminó de retirar
su mano – entonces… ¿tú también vienes a la clase extracurricular?
-Sí.
-Eres de pocas palabras – dejó salir
con una sonrisa Adam. Terry se encogió de hombros.
[...]
Ronald se detestaba por las decisiones
que había tomado en los últimos meses, sobre todo porque no solo se había hecho
daño así mismo, sino que también a terceros, específicamente a Terry. Ese chico
que desde un principio le confesó sus sentimientos sinceramente, y él, Ron,
solo se había aprovechado de eso para salir de su propio sufrimiento.
Se aferró de Terry con el propósito de
no sumirse en la depresión después de haber decidido
olvidar a Blaise. Sabía muy en el fondo que, por más que se hubiera
autoconvencido, nunca llegaría a amar a Terry, quererlo lo más probable, pero
no amarlo.
Sin embargo, no podía decirle que
simplemente lo suyo no funcionaría. En primer lugar, lo lastimaría, ese chico
le había dado todo, no se lo merecía. En segundo, ¿Cómo podía decirle que no
habría nada entre ambos cuando comenzaban a vivir juntos? Y en tercer lugar, y
Ronald lo consideraba lo más importante, él no daba todo lo que tenía que dar
en esa relación. Había besos caricias, salidas, sexo, compañía, comprensión,
pero no amor recíproco. Solo había de parte de Terry. Él no se arriesgaba a
hacerlo por miedo. ¿Y si se enamoraba realmente? ¿Y si volvía a sufrir?
¿Soportaría una nueva pérdida?
Comenzaba a divagar y eso no era buena
señal. Suspiró largamente.
El pelirrojo se prometió a sí mismo dar
lo mejor de él en esa relación. Comenzaría con dejar atrás el pasado y
enfocarse en el presente, es decir en Terry. Sabía que no había sido el mejor
novio en los últimos meses y sabía que Terry en cualquier momento se aburriría
de eso. Así que, tenía que hacer algo para no perderlo del todo. Sobre todo
cuando ya iban para un año de relación.
Ron comenzó a tamborilear los dedos
sobre la mesa, mientras veía hacia la puerta ansiosamente, ¿Por qué Terry no
volvía?
-Ahora regreso – murmuró hacia Harry, quien
ni por enterado se dio.
Weasley salió del aula, al mirar hacia
la izquierda se dio cuenta del porqué del retraso de su novio. Terry estaba
saludando a un nuevo chico, quien le sonreía ampliamente. El pelirrojo tuvo una
sensación extraña dentro de él, sus reflejos actuaron por él, se encaminó hasta
ambos chicos.
-Hola – les saludó con una sonrisa
demasiado exagerada.
-Hola, soy Adam – se presentó el chico
- ¿también estarás en la clase extracurricular?
-Sí – dejó salir secamente Ron. Adam se
sintió incómodo.
-Él es Terry, también estará…
-Lo sé – se adelantó el pelirrojo – es
mi novio – dejó salir posesivamente mientras lo tomaba de la mano,
sorprendiendo a ambos chicos. Incluso Terry parpadeó.
-Oh – murmuró el otro chico un poco
decepcionado.
-No entrabas, así que vine a buscarte –
se explicó el pelirrojo, cuando sintió la mirada perpleja de Terry sobre él.
-Lo siento, me entretuve – respondió
Terry aún confuso por la extraña situación.
-Adelante chicos, la clase está por
empezar – la voz de Robards los interrumpió. Los chicos le siguieron.
[...]
El señor que tenía frente a él, era su
antiguo profesor de Hierbas Medicinales de la Universidad Mágica. Christopher
Burbage. Le había dado clases en su primer semestre.
-No sabía que eras casado, ni mucho
menos que tenías hijos – confesó el mayor con una sonrisa, que a Theo le
pareció demasiado forzada – aunque claro, solo soy un profesor ¿Quién soy yo
para saber todo de mis alumnos?
Theo no supo qué contestar, a ese
profesor lo tenía en un concepto de “persona extraña”, siempre andaba divagando
o exclamando cosas sin sentido, se le figuraba a un pariente lejano de Luna
Lovegood. Lo más sorprendente del señor Burbage, era que fuera el director del
Hospital San Mungo.
-¿Y cómo se llama esta pequeña
criatura? – preguntó en un tono un tanto extraño, incluso el pequeño Bilius
frunció el ceño.
-Bilius – Christopher intentó tocar una
de las manitas del pequeño, pero éste se escondió en los brazos de Theo.
-Parece que es un poco tímido – exclamó
frunciendo el ceño el mayor.
-Me tengo que ir – se apresuró decir
Theo – un placer haberlo saludado señor.
-¿Por qué tanta prisa? Yo no la tengo y
mira que soy el director del hospital más importante del Mundo Mágico. ¿Te
apetece una cerveza de mantequilla? – preguntó a la vez que lo conducía de
regreso al pub.
-Se lo agradezco señor, pero me tengo
que…
-Nada de señor, soy Chris para ti ahora
que no soy tu profesor – dijo con una enorme sonrisa, esta vez nada fingida.
-De acuerdo, gracias Chris, pero en
verdad tengo que irme, hemos estado fuera mucho tiempo y es hora de regresar –
dejó salir Theo con voz de circunstancias, aunque en realidad era para zafarse
del mayor, para suerte de él, Bilius comenzó a llamar a su papá en balbuceos.
-Está bien, la familia es lo más
importante – le dijo entre dientes – espero que la próxima vez tengas más
tiempo – le extendió la mano, antes de que Theo la estrechara, Bilius dio un
grito demasiado fuerte asustando a ambos y a unos cuantos que pasaban alrededor
en esos momentos - ¡Por Merlín! ¡Qué pulmones! – exclamó el profesor, esta vez
Bilius comenzó a forcejear en los brazos del castaño.
-Hasta pronto, profesor – sonrió Theo,
mientras levantaba la varita para llamar al autobús.
Segundos después, ambos estaban arriba
del autobús, Bilius se había tranquilizado automáticamente en cuanto subieron
al transporte.
-¿No te agradó el profesor, Bilius? –
Le preguntó al pequeñito el cual le sonreía – a mí tampoco me agradaba en las
clases. Y he de decir que tampoco ahora.
[...]
Robards Gawain, el jefe del
departamento de aurores, observaba atentamente a los diez alumnos que estaban
en el aula, se sentía satisfecho de la gran selección que había hecho, sabía
que el grupo tendría éxito porque cada uno de los presentes ya había tenido
contacto directo con Francis y eso le facilitaría las cosas.
-Bienvenidos a la clase extracurricular
– comenzó con la bienvenida – como todos saben y para los que no, soy Robards
Gawain, jefe del departamento de aurores. Esta clase como ya se dieron cuenta,
es para ciertas personas que personalmente elegí.
Todos los alumnos lo veían expectantes,
aun preguntándose el porqué de la clase.
-Antes de iniciar, hay que esperar a
una persona más, no debe tardar, según mis cálculos ha de llegar en estos
instantes.
En el momento en que señalaba la
puerta, una chica de cabellera castaña atravesaba la puerta. Harry, Ron y Terry
fueron los únicos sorprendidos al reconocerla.
-Señorita Granger, adelante – dijo
cortésmente el jefe de aurores, la chica entró al aula, no sin antes dedicarles
una sonrisa tímida a sus tres amigos.
-¿Qué hace ella aquí? – murmuró
sorprendido Harry a su amigo pelirrojo, la expresión del aludido indicaba que estaba
peor que él.
-Muy bien, ya estamos todos – dejó
salir complacido el mayor – esta clase, más que una clase, es un entrenamiento. Un duro, largo y pesado
entrenamiento. Créanmelo cuando se los digo. Sudarán, pelearan, discutirán,
odiarán, perdonarán, se lastimarán, probablemente sufrirán no solo físicamente
sino también emocionalmente. Es por eso que solo he elegido a unas cuantas
personas, personas que a mi juicio son muy capaces de lograr muchas cosas.
Nadie decía nada, todos en verdad
estaban sorprendidos por las palabras del auror.
-Sin embargo, si alguno cree que no
está preparado para este entrenamiento, siéntase libre de abandonar sin ningún
compromiso esta aula – diciendo esto, el auror les dio la espalda comenzando a
garabatear algo en la pizarra con su varita, aunque en realidad no se veía lo
que escribía, volvió a darse la vuelta y tal como lo supuso desde antes, ningún
alumno salió del aula – excelente.
Hizo levitar una hoja de pergamino la
cual se dejó caer frente a Hermione.
-Aún están a tiempo si desean salir –
hizo la última llamada de atención. Nadie hizo señas de querer salir – En este
pergamino escribirán sus nombres, al hacerlo se comprometen a no hablar de nada
de lo que ocurra en esta aula, salvo con las personas cuyos nombres estén escritos
en este pergamino.
Una chica rubia, que estaba sentada en
la esquina levantó la mano.
-Sí, señorita Harper.
-Debo suponer que el pergamino esta
hechizado, de tal modo que si firmo y hablo con mi madre de esto, algo me
sucederá ¿cierto?
-Está en lo correcto – confesó el auror
- ¿alguna otra duda? – nadie habló parecían meditar la reciente confesión.
Ron recordó el hechizo que había
utilizado Hermione en su quinto curso de Hogwarts cuando comenzaron con la
formación del ED, quizás no sería el mismo hechizo, pero sin duda esa idea
habría venido de su amiga castaña, después de todo ella al parecer también
estaría con ellos en ese entrenamiento.
-Entonces prosigamos con la lista de
los nombres – continuó el mayor.
Uno a uno de los chicos comenzó a
escribir su nombre en el pergamino. Harry pudo observar que el pergamino
contenía otro par de nombres escritos, Robards y Kingsley.
-Como se dieron cuenta, tanto el
ministro de magia como yo, hemos escrito nuestros nombres también. El motivo es
porque ambos los entrenaremos. El ministro vendrá a un par de clases, solo las
esenciales, del resto me encargaré yo. Para no hacer este asunto de tanto
misterio, les diré que esta clase estará destinada para atrapar a un futuro fugitivo.
La clase entera se extrañó ante la
declaración del auror.
-Así como lo escucharon, futuro fugitivo, porque es un hecho que
este prisionero que se encuentra en las celdas de máxima seguridad de Azkaban,
hará lo posible para salir y vengarse de todo aquello que le hizo daño, de
todos aquellos a los que no pudo dañar y de todos aquellos a los cuales dice amar.
-Disculpe señor – llamó un chico rubio
– si saben que este sujeto que en cualquier momento se va a escapar, ¿Por qué
no hacen algo al respecto?
-Porque, señor Lenny, esta persona aún
no da señales de querer hacerlo, pero eso no descarta la idea de lo que va
hacer algún momento. Y hasta que no haga nada, desgraciadamente no se pueden
tomar medidas ante algunas simples sospechas.
-Entonces esta persona ha de ser muy
poderosa o de lo contrario no haría un equipo exclusivo para él – comentó Adam
– esto me hace pensar que se ha de tratar de uno de los seguidores de
Voldemort, pero el único que se me viene a la mente es Lucius Malfoy, el cual
no es una gran amenaza como para formar este equipo. Así que, ¿de quién
hablamos exactamente?
-Me alegra que vaya directo al asunto
señor Flint – dejó salir complacido el mayor.
Ron solo le envió una mirada de
reproche, en su interior creía que el chico se quería dar aires de importancia.
-Les entrenaré y prepararé para poder
retener a Francis Morseferth.
Las palabras quedaron suspendidas en el
aire.
Harry parpadeó perplejo, Terry comenzó
a sentir cierto nerviosismo, y en cuanto a Ron, el rostro del pelirrojo era
todo un enigma. En su mente invadían un sin fin de preguntas que abarcaban
desde por supuesto, el gran motivo por el cual Morseferth estaba prisionero en Azkaban,
y terminaban con un ¿Blaise estaba enterado de ello?
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