No ha dejado de llover
Capitulo veintiocho:
Una fina y
delgada línea
En los
últimos días de la relación.
-¿A dónde vas?
-¿Tengo que pedirte permiso para salir? – Mike frunció el ceño.
-No… solo creí que… hoy es viernes – Ashton aclaró.
-¿Y?
-Cenaríamos juntos.
-Cambio de planes – Mike sonrió – cenaremos después.
-No puedes…
-¿Qué? ¿Qué no puedo? – El rizado parpadeó un par de veces - ¿acaso mi
vida te pertenece ahora?
-No seas ridículo, Mike.
-Pues deja de decir estupideces.
Ashton no dijo nada, salió de la recamara y se dirigió hacia la cocina.
Mike lo siguió.
-¿La princesa se ha enojado? – el rizado suspiró largamente.
-Deja de llamarme de esa manera.
-Pues deja de comportarte como tal.
-¿Qué quieres Mike? – preguntó, hartó de la situación.
-¡Deja de tratarme como el malo del cuento! YO NO FUI quién engañó en
esta relación, YO NO FUI quien fue infiel, YO NO FUI a quien encontraron con su
“mejor amiga” en la cama. YO NO SOY EL MALO EN ESTA RELACION.
-NO, NO LO ERES. Pero eres quien saca a colocación ese momento en cuanta
oportunidad tienes – dejó salir, con voz quebrada.
-Porque no puedo olvidarlo. ¡Nunca lo haré!
-¡Lo lamento, Mike! ¿De acuerdo? Lamento haberte hecho eso, no fue mi
intensión. Si pudiera… si tan solo pudiera borrar eso…
-Pero no puedes – salpicó.
-¿Qué más puedo hacer para… que me perdones?
Mike lo observó detenidamente. Luego visualizó una sonrisa maquiavélica.
Se acercó al rizado. Lo tomó del mentón, se observaron fijamente. Michael
comenzó a besarlo rudamente. Lo cierto era que después de la “infidelidad” por
parte de Ashton, ambos se mantuvieron alejados y a pesar de haberse
reconciliado no habían tenido nada de contacto íntimo, apenas y llegaban a los
besos. Siempre eran gritos, reclamos, reproches, dolor y más dolor…
Mike y Ashton continuaban besándose desesperadamente. No pensaban con
cordura, solo hacían caso a su instinto carnal. Por un lado, Mike aun quería
saber si era deseado por Ashton. Por el otro, Ashton deseaba que Mike por fin
lo perdonara.
-¿Te gusta lo que te hago? – Mike susurró al oído del rizado. Mientras
sus manos traviesas recorrían desde la espalda baja hasta los glúteos de
Ashton.
El aludido respondió en un gemido cuando sintió a Mike sentarlo en la
barrita y comenzar abrir su pantalón para poder acariciarle sobre la tela del
bóxer. Ashton desprendió rápidamente a Mike de toda prenda de su perfecto
torso.
El teñido lamió parte del cuello y comenzó a bajar entre besos y
mordiscos hasta llegar a los hombros…
-Dime… Penny te hacía sentir esto…
Ashton abrió los ojos de golpe. ¿Era una jodida broma? Alejó a Mike
bruscamente.
-¿Qué? – el ojiverde frunció el ceño.
El rizado acomodó sus prendas y se dirigió hacia la habitación sin decir
media palabra.
Mike siguió al rizado, lo ubicó cerca del escritorio se acercó a él por
la espalda. Lo abrazó.
-Michael…
-Shhh… - el teñido lo sujetó fuerte, comenzó a lamer su oreja.
-No, Michael. Basta – el de mirada hazel logró zafarse del agarre del
teñido.
-¿Acaso no buscabas mi perdón? – se quejó.
-Así no – dejó salir entre dientes.
-Pues no me vas a dejar con este maldito problema entre mis pantalones –
gruñó, señalando más que su evidente y atrapada erección.
-Hay una maldita ducha allá atrás y si eso no es suficiente tienes dos
manos que te pueden ayudar – rugió.
Eso no hizo más que enfurecer al teñido. Encaró al rizado, lo agarró de
los brazos y lo empujó hacia el suelo. Ashton parpadeó un par de veces antes de
caer en cuenta que estaba en el suelo y con Mike sobre él.
-Suéltame, Michael – ordenó, tratando de soltarse del agarre de su
novio, quien a cada momento estaba siendo invadido por la ira y el deseo.
-Lo siento, princesa, pero ahora me cumples – sonrió, atacando el cuello
del rizado.
-Basta… Michael… no… Mike… - pidió. Sus suplicas eran en vano, al teñido
parecía excitarle tener el control. Ashton entró en pánico cuando sintió a su
novio bajarle la prenda interior. Si Mike cruzaba esa línea todo acabaría…
Ashton hizo su último intento. Mordió el brazo izquierdo del teñido,
quien al sentir dolor se detuvo solo unos instantes. Lo miró furioso. Intercaló
mirada entre su brazo recién mordido y Ashton.
-Imbécil – gritó. El rizado lo empujó lejos de él.
-¡Estas demente! ¡¿Acaso pensabas violarme?! – un par de lágrimas
resbalaron por su mejilla enrojecida.
Solo entonces, Mike se percató de lo obvio. Observó a su novio, quien comenzó
a acomodar sus prendas mientras las lágrimas lo invadían a pesar que hacia el
intento de detenerlas.
-Ashton… yo…
-Déjame en paz, Michael – el rizado se encerró en la ducha.
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