El muchacho de ojos tristes
Capitulo Veinticinco: Una promesa
[Konny]
Estamos mi hermano y yo en medio de la sala de estar, él abrazándome y yo respondiéndole el abrazo. Lo he hecho al fin, le he confesado ese gran secreto que por tantos años le he ocultado o al menos la mayor parte de ese secreto. Y sin embargo… el peso de éste no disminuye.
-Siento no haber llegado a tiempo y el no haberlo interrumpido. ¡Perdón Konny! – me dice mi hermano cortando el abrazo.
Lo veo detenidamente. Puedo ver en sus ojos tristeza, angustia… culpa.
-Sino lo hubiera interrumpido, nuestros padres estarían vivos, tu no estarías sufriendo y… — comienza a llorar descontroladamente. Se cubre la cara con sus manos – pero si no lo hubiera interrumpido tú… ¿Qué se supone que debí haber hecho? – me pregunta viéndome suplicante.
Me muerdo el labio inferior. Lo atraigo hacia mí y lo abrazo fuertemente.
-Exactamente lo que has hecho – le respondo – Teddy… tú no tienes la culpa de nada ¿de acuerdo? Spencer es el único responsable. Su objetivo siempre fue el llegar a nosotros, nada hubiera cambiado por lo que hicieras o dejaras de hacer.
Mi hermano sigue llorando descontroladamente, se aferra más al abrazo. Me duele el verlo de esa manera. Jamás me cruzó por la mente el hecho que él se sintiera el responsable de la muerte de nuestros padres.
-No me odies hermano, por favor… —Me tenso en demasía al escuchar sus palabras – por favor…
Teddy continua llorando, al parecer mis palabras no han logrado liberarlo de esa culpa.
-No lo hago – le murmuro, sin cortar el abrazo.
De pronto, Teddy comienza hacer ruidos extraños, como si le faltara el aire.
-Tranquilo – le digo, mientras le acaricio suavemente la espalda, incitándolo así a respirar lentamente – tranquilo Teddy – mi hermano no parece querer tranquilizarse – No te odio y nunca lo haré ¿de acuerdo? Jamás lo haría, porque eres mi hermano y te quiero mucho.
Teddy se tranquiliza un poco, sin embargo no ha dejado de llorar. Nos mantenemos así por un largo rato, ambos abrazándonos, mientras sigo acariciando su espalda. Su llanto se convierte lentamente en sollozos y luego solo en hipidos.
Su respiración acompasada me indica que se ha quedado dormido sobre mí. Lentamente lo acomodo en el sillón donde se encontraba sentado. Lo observo dormir, mientras que con unas de mis manos seco el rastro de lágrimas que tiene sobre sus mejillas. No me imagino el cómo se sentiría si llegara a descubrir el motivo por el cual Spencer comenzó a abusar de mi. Teddy no debe de saberlo. Nunca.
*****
Bostezo por tercera vez frente al refrigerador. La noche anterior no pude conciliar el sueño y esta vez no fue por causas de las pesadillas, sino por Teddy. Me preocupa que mi hermano menor siga sintiéndose culpable por la muerte de mis padres.
-Buenos días – su voz me saca de mi ensimismamiento. Le regreso el saludo.
Rápidamente saco del refrigerador la fruta picada y el jugo de naranja. El desayuno está resultando ser una cosa espantosa. Y no precisamente por la comida, sino porque tanto mi hermano como yo nos hemos sumimos en un silencio aterrador. Normalmente, mi hermano es quien discute por mi falta de talento por hacer un buen desayuno, comida o cena, según sea el caso. Sin embargo esta vez, Teddy no dice nada.
Solo se escucha el sonido de los cubiertos…
-¿Qué haremos hoy? – Teddy me pregunta de pronto. Su voz suena un poco rasposa.
-¿Qué propones hacer? – le respondo, pues sinceramente no tengo nada planeado para este día.
-Podemos ver películas.
Cinco minutos después ambos nos dirigimos hacia la sala de estar, después de habernos traído un par de películas del estudio de la casa (ventajas de manejar un Cinema). Debo confesar que no le estoy prestando atención a las películas, me inquieta la idea de lo que sucederá al día siguiente con Sebastián. Sé que quedamos en ser solo amigos pero…
Es verdad, lo acepto. Amo a Sebastián. Sin embargo, no puedo arrastrarlo a mi mundo. No puedo dejar que mi mejor amigo se hunda en el pozo sin fondo en el cual me estoy hundiendo lentamente. Él merece ser feliz, quizás con Jack o con otra persona, cualquiera es mejor que yo.
Yo no valgo la pena, lo sé. También sé que no resistiré mucho y seguramente uno de estos días alguien me recordará lo poco que valgo y ese día… sé que será mi fin. Porque no podré soportar que alguien más deje su marca en mí. Si en estos momentos no me he derrumbado es por Teddy. Mi hermano me necesita. Si no fuera por él, yo ya me hubiera ido...
-Konny – la voz de mi hermano, nuevamente me saca de mi estupor - ¿estás enojado conmigo?
Parpadeo nervioso. Me doy cuenta que tanto mi hermano y yo estamos nuevamente en la cocina. Al parecer por puro instinto he estado caminando y haciendo cosas, en este caso la cena.
-¿Hice algo que te molestara? – me pregunta Teddy viéndome con sus ojos azules.
Me levanto de mi asiento y me dirijo hacia con él. Me inclino un poco para estar a su altura.
-No estoy enojado contigo – le respondo, mientras que con unas de mis manos le revuelvo su cabellera castaña, en otras circunstancias esta acción le hubiera molestado, sin embargo en estos momentos él me observa atentamente sin un indicio de enojo.
Con una de sus manos hace a un lado el flequillo de cabello, que cae en mi frente y parte de mis ojos, para tener contacto directo con mi mirada.
-¿De verdad? – insiste.
-De verdad – le confirmo. Él me abraza.
Cuando mi hermano se comporta de esta manera, mi odio hacia Spencer aumenta. Me duele ver a Teddy así de vulnerable, así de frágil, como si fuera un niño pequeño. Suele comportarse así, cuando sus inseguridades lo superan.
Definitivamente, Teddy no debe saber la razón por la cual Spencer comenzó a violarme.
*****
Debí de haberlo sabido, sin embargo, ingenuamente creí nuevamente en sus palabras. Spencer había hecho un viaje de negocios, normalmente éstos duraban de dos a tres días, este caso fue la excepción, duró tres semanas. Normalmente yo me quedaba a cargo de la casa y de mi hermano en su ausencia, esta vez fue el señor Cooper el que se quedó con nosotros.
-Necesito esos papeles de urgencia Konny, ¿podrías traérmelos? – me dijo Spencer, cuando estuvo de vuelta de su viaje. Él se encontraba en Lemus Cinema, en la que ahora es mi oficina.
Recuerdo que mí llegada hasta esa oficina la prolongué lo más que pude. No había visto a Spencer desde aquel día que se había despedido en mi habitación. Normalmente, sus despedidas eran “sutiles”, sus recibimientos no tanto.
Toqué, con cierto nerviosismo, aquella puerta que pronto sería testigo de un tormento más en mí.
-Adelante – se escuchó la voz de Spencer del otro lado. Mi corazón comenzó a latir demasiado fuerte por el miedo que me invadía poco a poco.
Entré a la oficina.
-Ponle seguro a la puerta – en cuanto dijo esas palabras, el pánico se apoderó de mí. Sabía lo que vendría a continuación. Spencer no necesitaba los malditos papeles, me quería a mí.
Se supone que Spencer hacia sus “recibimientos” estando en la casa, en mi habitación y en la noche. No en el Lemus Cinema, en su oficina y a medio día.
-Clara, no quiero llamadas ni visitas en las próximas dos horas – le ordenó a su secretaria por el teléfono, mientras me veía de manera lujuriosa.
Comencé a temblar. Aún seguía ahí parado junto a la puerta, abrazando fuertemente los papeles que me había pedido que le llevara.
Spencer se levantó de su silla y se encaminó hasta quedar del otro lado de su escritorio, en el cual se sentó.
-Ven aquí – me dijo.
-No…
Murmuré, mientras me aferraba aquella puerta. Seguramente mis temblores eran visibles para esos momentos, no lo sé, Spencer nunca dio señal de percatarse de ellos.
-Vamos Konny… — me llamó nuevamente, mientras se acariciaba su entrepierna.
-No… —Volví a murmurar, mientras una lágrima resbalaba por mi mejilla.
Spencer se levantó de su lugar y comenzó a caminar lentamente hacia conmigo. De pronto aquella oficina se me hizo aterradoramente más pequeña de lo normal. Jadeé en cuanto lo tuve a dos pasos de mí, dejé caer los papeles al piso mientras que sentía cómo mis pantalones se humedecían rápidamente.
-¿Te has orinado encima? – se burló de mí.
Él se reía, mientras que yo, lloraba.
-Konny… Konny… — me llamaba, mientras que con una de sus manos me acariciaba mis mejillas. Cerré los ojos fuertemente.
-Por favor… no… — le pedí. Siempre le suplicaba, pero nunca hacia caso de éstas.
-Te gustará, siempre te gusta – me decía mientras me desabrochaba el pantalón.
-No… ya no… — nuevamente le pedí.
En cuestión de segundos me vi contra el escritorio, Spencer atrás de mí, acariciándome, besándome… luego dentro de mí…
-No…
-¡NO! – grito y enseguida un duro golpe contra mi cara me hace llegar a la realidad.
Mi respiración es agitada, con mis ojos recorro el lugar, enseguida lo reconozco como mi habitación. Me sostengo de mis manos temblorosas, mientras trato de regular mi respiración. En cuestión de segundos me doy cuenta que estoy sudando copiosamente y que en realidad no solo me he orinado en el recuerdo. Esto me hace sentir realmente patético.
Me avergüenzo de mi mismo. Comienzo a llorar silenciosamente.
Unos golpes en mi puerta me hacen sobresaltar.
-¿Konny? – Teddy me llama del otro lado de la puerta - ¿estás bien? escuché un ruido…
Hago un esfuerzo sobrehumano para controlarme.
-¿Konny?
Me levanto y lentamente llego hasta la puerta. Con un rápido movimiento de mano, me seco las lágrimas. Doy un suspiro largo y pausado antes de abrir la puerta y asomar solo mi cabeza por el hueco de ésta.
-Estoy bien – le digo a mi hermano – me he caído de la cama, ese fue el ruido que has escuchado – le digo consiguiendo sonreír.
-Oh… entonces, vuelvo a la cama – me responde Teddy.
-De acuerdo. Siento haberte despertado – le digo, mientras le revuelvo su cabello.
-Deja – me dice sonriendo. Él vuelve a su habitación.
Cierro la puerta lentamente, me deslizo por ésta y comienzo a llorar nuevamente.
*****
La doctora Helen comienza a quitarme las puntadas de la frente (1), después de algunos movimientos me observa atentamente, desvío mi mirada lejos de la suya.
-Me agrada verte Konny – me dice – pero me gustaría que tus visitas no requieran de mis servicios médicos, sino todo lo contrario.
-Yo también lo espero – le respondo sonriendo.
-Cuídate mucho ¿de acuerdo? – me dice en son de despedida.
-Lo haré – le contesto. Me dirijo hacia el estacionamiento rápidamente para alcanzar hacer todos mis pendientes.
Me he levantado muy temprano este día. He llevado a Teddy al colegio y de paso he preguntado cómo van sus avances. Y parece que todo está en orden. Visité al señor Olsen para preguntar sobre el asunto de la Inspección de mi tutoría, pero el juez aún no le ha comunicado nada, pero eso no significa que no vaya autorizarlo. El venir aquí al hospital no estaba en mis planes, pero me quedaba de paso así que he aprovechado la ocasión.
Ahora solo me queda un solo sitio a dónde ir. La universidad. Hace casi un mes que no he asistido y probablemente tenga varias, si no es que todas, las materias reprobadas.
Dejo mi auto en el estacionamiento y me dispongo a ir a ver al coordinador de mi carrera, para investigar sobre mi situación académica. Mientras atravieso el campus, puedo sentirme observado. Algunas miradas se quedan demasiado tiempo encima de mí y eso me inquieta. Es como si de pronto todos los alumnos supieran mi gran secreto.
Llevo mi mano hacia el flequillo de mi cabello y lo hago más hacia abajo, tapando así más mis ojos. Eso me hace sentir un poco más seguro. Si no ven a través de ellos, no verán mi alma sucia.
Siento cómo una mano se cierra en mi brazo izquierdo y me hace voltear hacia su dueño. Jadeo de la impresión. Con un movimiento rápido me logro zafar del agarre, pero también me hace caer al suelo.
-¡Lo siento! – Me dice un chico moreno – no era mi intensión asustarte.
Parpadeo confuso ¿Quién demonios es? Me incorporo lentamente, sin dejar de verlo, a través de mi mata de cabello.
-¿Sabías que te he estado buscando desde hace semanas? – Me pregunta, mientras me lanza una mirada acusadora – no creí que fueras tu, estas diferente…
-Emh – sus palabras comienzan a inquietarme un poco – no lo tomes a mal, pero ¿Quién eres?
-¡Vaya! – Exclama con una sonrisa – soy Joe – me dice sonriendo aún, sin embargo con solo decir su nombre no me revela nada - ¿La clase de Marketing? – Me sugiere esperanzado – el profesor nos asignó como compañeros en un proyecto hace semanas, pero luego dejaste de ir a clases y prácticamente me abandonaste con el proyecto solo – se queja. Sus palabras me hacen recordar ese proyecto vagamente.
Un par de chicos que están sentados en una banca frente a nosotros se me quedan viendo.
-Lo siento – solo se me ocurre decirle.
Un grupo de chicas voltean a verme, una incluso me señala sin siquiera disimularlo.
-No importa – dice Joe, mientras se encoje de hombros – ya lo entregué, solo que no te incluí en él, no sabía que regresarías a clases…
-Está bien, no importa – le respondo – ya me las arreglaré. Tengo que irme – le digo cortando así la conversación, pues la miradas me están poniendo nervioso.
-¿Por qué estas vestido así? – me pregunta de pronto, logrando confundirme.
Volteo a verme casi por reflejo. Llevo puesto unos pantalones de mezclilla y una playera que me queda ligeramente más grande.
-¿Al caso estas ensayando en una obra y estas “en personaje”? – me dice en un tono burlón mientras ve ahora mi peinado.
Desvío mi mirada hacia el suelo, mientras comienzo a respirar agitadamente.
-Deberías de cambiarte, pareces un…
-Cállate – le exijo y él simplemente frunce el ceño. Me alejo de él.
¿Qué “porqué me visto así”, me pregunta el idiota? Para que nadie repare en mí, para que nadie tenga deseos de querer acercase a mí con la intensión de pasar un buen rato conmigo, para que nadie me diga que tengo lindos ojos y luego quiera dejar su maldita marca en mí.
¡Pero a él qué le importa porque me visto así!
Llego furioso a mi auto, entro en éste, cierro con demasiada violencia la puerta, después doy unos golpes en el volante.
*****
He llegado a al Lemus Cinema más temprano de lo esperado, después de aquel encuentro amargo con el tal ‘Joe’, decidí olvidar temporalmente los estudios.
Comienzo a revisar los pendientes del trabajo y al juzgar por las dos torres de carpetas que están frente a mí, me dicen que van hacer dos semanas muy cargadas de trabajo. De mi mochila saco otro puño de oficios los cuales requieren también algunas firmas tanto mía como de Sebastián.
Comienzo a leer un oficio en especial, el Consenso de Tutoría de mi hermano, que me dio esta mañana el señor Olsen. Es un oficio parecido al de la Renuncia de Tutoría, salvo que en éste nuevo, yo decido a quién ceder la tutoría de Teddy.
-¿Se puede saber qué haces aquí? – La voz de mi mejor amigo me hace sobresaltar, cierro rápidamente la carpeta que estaba leyendo – Deberías estar en la universidad, poniéndote al corriente con tus clases – me dice sentándose frente a mí.
Sebastián y mi hermano son los únicos que pueden entrar a mi oficina a la hora que sea y sin ser anunciados. A veces eso tiene ventajas… a veces no.
-Lo mismo digo de ti – le digo frunciendo el ceño – se supone que tu hora de entrada comienza dentro de dos horas más.
-Lo mio tiene justificación – me explica – te estoy cubriendo.
Sebastián pone sobre la mesa otra torre de oficios que piden a gritos ser firmados.
-Ya estoy aquí – le respondo – siento las molestias…
-No es ninguna Konny, somos socios, pero sobre todo amigos – me dice sonriendo.
-Si… — murmuro.
Debo confesar que comienzan a invadirme los nervios por lo que estoy a punto de hacer.
-Estos oficios los he revisado el fin de semana – le digo mientras se los enseño – son algunos contratos, permisos de trabajadores y esas cosas, solo falta tu firma – se los entrego.
-Esto le quita lo divertido al trabajo ¿sabes? – Me dice echándole un vistazo a las primeras hojas – somos los dueños, no deberíamos firmas cosas que sabemos que autorizamos y que ya han pasado – se queja mientras comienza a firmar las hojas – listo.
Me regresa los oficios. Sonrío levemente, espero que algún día me perdone por lo que acabo de hacer.
Observo las tres torres de carpeta y luego a Sebastián, él hace lo mismo.
-Dejemos el trabajo para después – me dice seriamente – hay algo de lo que quiero hablar contigo.
Trago saliva. Creo saber de lo que quiere hablar.
-Estoy preocupado por ti – me dice sin preámbulos.
-Estoy bien y…
-No lo estas y lo sabes – me interrumpe – y no lo digo por lo que ha ocurrido recientemente, eso solo lo ha empeorado.
Mi mejor amigo me observa a través de mi mata de cabello. Suspiro largamente.
-Tienes razón. No estoy bien, de hecho… estoy cansado – le confieso. Quizás sea el momento de decirle mis verdaderas intensiones – estoy realmente cansado de fingir que está todo bien, cuando no es así. Me cansé Sebastián. No sé por cuánto tiempo pueda aguantar, solo sé que un día de estos dormiré y ya no despertaré más.
-No hablas enserio ¿cierto? – me pregunta un poco molesto.
-Nunca había hablado tan enserio como hasta ahora – le declaro.
-¿Quién demonios eres? – Exclama alzando la voz – Porque tú no eres mi mejor amigo. El Konny que conozco no es un chico débil, ni mucho menos se da por vencido tan fácilmente.
-El Konny que tu conociste, murió hace tiempo, exactamente el día 20 de octubre, hace tres años, cinco meses, diez días. El Konny que ves frente a ti es todo lo que queda. Y está cansado de que le digan qué hacer.
-Konny…
-Tú no sabes nada Sebastián y te envidio por eso.
-¿Konny?
-Muy pronto no estaré más aquí y no sabes cuánto ansío ese momento.
-¡Basta Konny! – me pide.
-Es lo que yo me digo cada día, “basta”, ya no más. No mas pesadillas que me invadan noches tras noche, no más recuerdos que me atormente a cada rato, no más miradas de lástima hacia mí. ¡Ya basta de todo!
-No dejaré que hagas una tontería.
-No hará falta eso – le confieso – alguien vendrá y hará eso por mí. Me recordará lo poco que valgo, lo patético que soy…
-No hables más, me duele verte así – me dice mientras una lagrima resbala por su mejilla.
-No lo hagas, ya te lo había dicho, no valgo la pena. Eres libre de ser feliz y mereces serlo.
-No sin ti – me responde viéndome a los ojos – ¿me oyes? Tú vas a ser feliz y yo me encargaré de eso.
-Sebastián… — me muerdo el labio inferior, mientras lo veo a través de mi mata de cabello.
-Sé lo que me dijiste ese día (3) – me dice levantándose de su lugar – pero eso no me va hacer cambiar de opinión. Te amo – se pone frente a mi – y te esperaré todo el tiempo necesario.
Sorprendentemente me he quedado sin palabras. Veo a Sebastián frente a mí, tan cerca y yo sin poder hacer algo al respecto. Quisiera decirle que yo también lo amo, pero mis palabras se atoran en mi garganta.
-No lo hagas – logro murmurar – yo no duraré mucho… — mis lagrimas resbalan por mis mejillas.
-Lo harás – me asegura - ¿sabes por qué? Porque yo siempre estaré ahí contigo e iré a cualquier lugar que vayas, incluso si decides acabar con tu vida.
Entorno los ojos por la sorpresa.
-¿Sebastián?
Con su mano derecha, hace a un lado el flequillo de cabello que cae de mi frente, para poder verme directamente a los ojos.
-Si decides irte, yo también lo haré. Es una promesa Konny.
Aclaraciones:
(1)Como saben, el señor Cooper lo golpeó con un bat en la cabeza en el Capitulo 13: Aislado. Y pues requirió puntadas.
(2)La fecha que dice Konny, se refiere el día en que Spencer abusó de él por primera vez T_T
(3)Sebastián se refiere a la conversación que tuvo con Konny en el Capitulo 23: Enfrentando fantasmas.
__________________________________
No hay comentarios:
Publicar un comentario