miércoles, 14 de diciembre de 2011

Capitulo Veintitrés: Enfrentando fantasmas

El muchacho de ojos tristes



Capitulo Veintitrés: Enfrentando fantasmas


[Konny]

Mi hermano y Sebastián habían salido de la oficina del señor Olsen, dejándome a solas con él. Debo admitir que me sentí incomodo e inseguro, sin embargo, el tema del cual hablaría con el licenciado era de suma importancia y preferiría hablarlo sin que ambos estuvieran presentes.
El señor Olsen aun seguía sentado frente a mí tras el escritorio y yo del otro lado en la silla, la escena me recordó aquella ocasión cuando Spencer me violó por primera vez. Comencé a sentirme muy nervioso, decidí tranquilizarme respirando larga y pausadamente, pero era imposible.
-Konstantin – me llamó el licenciado – debo ser sincero contigo, sé lo que Spencer hacia contigo, por las pruebas medicas que me ha proporcionado la doctora Helen.
Tragué saliva y me tensé en demasía.
-Sé que es duro para ti hablar de este tema, pero es importante que estés enterado que tanto tu hermano como tu amigo también lo saben.
Me mordí el labio inferior.
-Tienes que acabar con tu sufrimiento – me dijo firmemente – debes hablar. Denuncia a Spencer y te prometo que jamás volverá hacer daño, ni a ti ni a tu hermano ni a nadie más.
-No puedo… — murmuré.
-Sé que es difícil, lo sé – me confesó – pero tienes que hacerlo, es hora de enfrentar a tus fantasmas y solo así podrás encontrar paz en ti.
-No creo poder hacerlo – volví a murmurar.
-Todo saldrá bien Konstantin – me animó, sin embargo sus palabras no me daban ese consuelo que él quería.
Nada saldría bien. Spencer me ha marcado y cualquier persona verá esa marca en mí. El señor Cooper la vio y él también quiso dejar la suya. Probablemente mas personas la vean y querrán hacer lo mismo. Y no sé si pueda soportar otra situación igual.
-¿Konstantin? – me llamó, mientras me ponía su mano en el hombro. Yo me sobresalté y al verlo frente a mi me levanté de la silla bruscamente – discúlpame – me pidió, mientras él también retrocedía – creí que habías quedado en shock.
Bajé la mirada, sabía que le estaba dando armas para poder atacarme, pero me era imposible hacer algo distinto.
-No te presionaré para que hables de lo que ocurrió con Spencer – habló nuevamente desde el otro lado del escritorio – pero sería conveniente hacerlo hoy mismo, ya que el tiempo transcurre y Spencer podría salir bajo fianza en unos cuantos días.
Alcé la mirada aterrado por lo recién escuchado. No podría permitir que Spencer se saliera con la suya. No de nuevo.
-Lo haré – le dije firmemente. Suspiré largamente, me volví a sentar en aquella silla.
-De acuerdo – me respondió el licenciado, sentándose él también.
Exhalé profundamente.
Era mejor hablar desde el comienzo e ir directo al grano, después de todo el licenciado ya sabía que Spencer abusaba de mí.
-La primera vez que Spencer me… me… — sin embargo, no podía decirlo, me costaba trabajo, se me hizo un nudo en la garganta el cual me impedía hablar.
-Tómate tu tiempo – me recomendó el señor Olsen. Asentí.
Debió de haber pasado mucho tiempo cuando volví a comenzar a hablar. Había bajado la mirada mientras relataba lo sucedido y no paré hasta haberme desahogado. Le hablé de la primera vez, de la segunda y hubiera seguido pero no pude. Terminé llorando...
-Yo… yo nunca quise ¿Por qué me hizo eso? ¿Por qué me decía que lo disfrutaba cuando no era así? – le pregunté angustiante al licenciado.
-Seguramente era su forma para mantenerte en silencio. De chantajearte. Nadie, absolutamente nadie disfruta el ser violado, Konstantin.
-Pero yo… — me mordí el labio inferior, mientras que recordaba aquellas ocasiones en las cuales yo gemía de placer por las caricias o por las penetraciones.
-Ese era tu cuerpo, Konstantin – me dijo el señor Olsen, como adivinando mis pensamientos – hay una gran diferencia en tus sentimientos y en los reflejos de tu cuerpo.
-Spencer…
-Spencer se aseguró que tu creyeras eso, no permitas que lo logre – hizo una pausa y luego continuó – Konstantin, no permitas que Spencer también te gane en esto.
Lloré y lloré.
El señor Olsen tenía razón, Spencer siempre se aseguraba de tener todo bajo su control, a través de sus chantajes y amenazas, de sus palabras crudas, de lo que fuera. Siempre quería dominar e imponer su autoridad. 
El señor Olsen me dejó llorar mientras me decía unas cuantas palabras. No sé exactamente cuanto tiempo hubo pasado, pero cuando por fin me tranquilicé ya estaba anocheciendo.
-Konstantin, agradezco la confianza que me has dado al contarme todo esto – me había dicho.
Yo me sentía avergonzado, jamás había hablado sobre este tema con nadie, siempre lo evité, traté de ocultarlo, de olvidarlo, de hacer como si nunca hubiera pasado…
-Te prometo que todo saldrá bien. Tienes mi palabra – me aseguró.
Y a pesar de todo, él tenía razón. Al haber contado mi secreto, era menos pesado. Solo faltaba contarlo a mi hermano y a mi amigo y entonces ya no pesaría nada. La cuestión era esta ¿se los diría? ¿Le diría a Sebastián que su padre me violaba una y otra vez? ¿Le diría a mi hermano que preferí sacrificarme yo para que él no pasara lo mismo?  

Sebastián ha venido por mí hasta la oficina del señor Olsen, tengo la ligera sospecha que Teddy tuvo algo que ver. Todo el transcurso hasta el estacionamiento lo hacemos en silencio, un pesado silencio.
Sé lo que tengo que hacer. Debo confesarle a mi mejor amigo que sé que su padre es mi ex tutor, pero al hacerlo, también tengo que confesarle sobre los abusos y no sé si pueda enfrentar a mis fantasmas dos veces en un mismo día, sin embargo debo hacerlo. Él lo sabe y mi hermano también. Y sé que esperan que yo se los diga, porque jamás me lo preguntarían directamente.
-Sebastián – le llamo o al menos una voz parecida a la mía es la que le ha hablado. Él voltea a verme. Yo desvío la mirada – ¿podemos hablar?
-Claro – se detiene.
Mi corazón comienza a palpitar demasiado fuerte, haciendo que mi respiración aumente. Alzo mi mirada hacia con él, pero luego la desvío. Me muerdo el labio inferior. Aprieto mis manos en un puño demasiado fuerte. Abro la boca, pero no sale sonido alguno de ésta.
No puedo hacerlo.
-Podemos ir a otro lugar, si quieres – me dice quedamente. Me limito a asentir con la cabeza.
Me debo de ver patético. Ni siquiera puedo iniciar una conversación. Es como si Spencer estuviera nuevamente en mi vida.
Subimos a mi auto. Sebastián conduce. Solo a medio camino, me doy cuenta que nos dirigimos a su departamento.

Comenzamos a subir las escaleras para llegar a su departamento que se encuentra en el tercer piso. En la puerta encontramos a una persona. Jack.
-¿Jack? – Pregunta Sebastián desconcertado - ¿Qué haces aquí?
-Me he preocupado, no has ido a clases – confiesa, luego voltea hacia conmigo – debí suponer la razón – en su voz he notado un poco de resentimiento.
-Estoy bien, gracias por preocuparte – le dice Sebastián – No quiero sonar desconsiderado, pero estaré ocupado – Jack se sonroja unos instantes. Puedo sentir su mirada furiosa en mí.
-No hay problema – gruñe Jack - ¿mañana nos vemos en clases?
-Seguro – afirma mi amigo.
-Hasta mañana – le sonríe a Sebastián ¿es mi imaginación o a Jack le gusta Sebastián? Eso explicaría el porqué no le caigo bien al chico.
Entramos al departamento de mi amigo.
Sebastián dice un “disculpa por el desorden”, quisiera decirle “no importa” o “descuida” o lo que sea, pero ningún sonido sale por mi boca, nuevamente. Me siento. Él hace lo mismo frente a mí. Puedo sentir su mirada y sin embargo no volteo a verlo. No podría verlo a los ojos… ¿y si a través de eso, él ve lo sucia que esta mi alma? Es lo más probable. Y duele.
-Konny… — me llama, pero yo sigo sin levantar la mirada, pero hago un movimiento con mi cabeza, señal que lo escucharé – perdón...
Alzó un poco mi cara, pero aún sin verlo a los ojos. Sebastián se acuclilla frente a mí sorprendiéndome en demasía, haciéndome retroceder en el sillón.
-Lo siento – me dice nuevamente, parpadeo nervioso – sé que ya sabes que mi padre es Spencer – me confiesa – yo… lo siento, no debió hacerte daño y… ¡Perdón!
Sebastián ha comenzado a sollozar. Me duele verlo así. Solo lo he visto de esa manera en una ocasión, cuando nuestros padres murieron.
-Tú no tienes porque pedir perdón, no hiciste nada – hablo por primera vez, tratando de calmarlo.
-Él es mi padre… — dice angustiado.
-No lo es, siempre lo has dicho – le recuerdo.
-No hay gran diferencia. Él te hizo daño y…
-Exacto, él… no tú – le aclaro. Él me mira a los ojos, sin embargo evito su mirada.
-¿Ves a él en mí, cierto? – Me pregunta de pronto, yo entorno los ojos – es por eso que… ¿mi mirada te da miedo? – jadeo quedito, mientras desvío mas mi mirada. ¿Cómo se dio cuenta de eso?
-No puedo evitarlo – le confieso – por más que yo quiera… no puedo – digo mientas una lagrima resbala por mi mejilla.
Un tortuoso silencio nos invade.
-¿Qué pasará con nosotros? – me pregunta angustiado, instantes después.
-Nada ha cambiado entre nosotros. Seremos amigos… como siempre – dejo salir, mientras me limpio las demás lágrimas que se empeñaron en salir.
-No siempre fuimos así…
Sé a lo que se refiere, tres años atrás intentamos iniciar una relación. Pero no se dio y fue por mí, me daba miedo iniciar algo que después podría terminar mal. Me daba miedo no solo perderlo a él como algo más sino también como amigo.
Sebastián siempre ha sido directo conmigo, me pidió ser su novio, sin embargo, yo estúpidamente, le pedí tiempo. Tiempo que ocuparía para poder prepararme y enfrentar a mis padres, para enfrentar al mundo. Sé que perdí mucho en eso. Ahora me arrepiento.
Al principio comenzamos a salir de vez en cuando a distintos lugares como buenos amigos, nos saludábamos de beso, no despedíamos de beso, pero solo eso. Sebastián quería formalizar nuestra relación el día que quería entrar a un bar con las identificaciones falsas, sabía que me lo iba a pedir y yo sabía lo que le respondería, sin embargo no se dio, ese día llegaron unos trabajadores sociales a darnos la noticia de la muerte de nuestros padres (1).
Después de ese día nos separamos, él se fue a la capital con su tía y yo con Spencer. Y todo se arruinó.
-Sebastián – le llamo – debes buscar a alguien que te quiera – “alguien como Jack, tal vez” quiero decir, pero un nudo en la garganta me impide decirlo.
-No necesito buscarlo, ya lo encontré – dice viéndome. Me muerdo el labio inferior, para ahogar un sollozo – eres tú, Konny. Nadie más.
-Yo no lo soy… al menos ya no soy ese Konny del cual te enamoraste hace tres años – le confieso – te mereces a alguien mejor, alguien que no esté sucio ni marcado.
-¿Qué?
-Alguien que no le tema a tu cercanía, alguien que no huya a tus besos, alguien que no le asusten tus caricias… a alguien que no le den ataques de pánico con solo mirarte…
-Konny…
-Mereces ser feliz, Sebastián – le digo sinceramente.
-Tú, también.
-Ya es tarde para mí…
-¡Claro que no!
-Ya estoy marcado, no soy interesante para nadie… estoy sucio – le confieso agachando la mirada.
Es hora de enfrentar nuevamente mis fantasmas.
-No eres nada de eso – niego con la cabeza, señal de desacuerdo – Konny mírame – me pide, pero no lo hago – Konny…
Sebastián busca mi mirada, pero yo la evito.
-Konny, por favor… - me tenso en demasía. Lentamente subo mi mirada hasta topar con la de él.
Trago saliva.
-No estás marcado, ni mucho menos sucio – me dice viéndome a los ojos.
-Lo estoy, desde el momento en que Spencer… —me detengo, sé que es cuestión de segundos para decir todo lo que he estado guardando. Todo aquello que no le he dicho a nadie, ni siquiera al señor Olsen – no valgo la pena.
-No digas eso Konny.
-Es la verdad – le confieso – y las personas lo saben, el señor Cooper lo sabía ¿Por qué crees que él también quiso…? – no puedo continuar. He comenzado a llorar. Me llevo las manos a mi cara.  
-Konny…
-Siempre habrá alguien que me recuerde lo que soy – le digo – y no estoy seguro de poder soportarlo. Cuando vi a Spencer y al señor Cooper planeando lo que me harían… entendí cómo es que me ven las personas, me ven como alguien a quien pueden usar y desechar, porque eso soy.
-No lo eres y nunca lo serás ¿entiendes? – enseguida reconozco la señal. Esa que nunca quise ver de él.
Me levanto y me alejo de Sebastián.
-No hagas eso…  - le reclamo, al reconocer su otra mirada.
-¿Qué?
-Verme con lastima – dejo salir enojado.
Quizás pueda soportar la mirada de lastima por parte de la doctora Helen o incluso del licenciado Olsen, pero la Sebastián o la de mi hermano, no puedo hacerlo.
-No lo hago – me dice acercándose a mí. Yo retrocedo.
-Tengo que irme – dejo salir bruscamente.
-No puedes irte – me dice avanzando hacia mi rápidamente e interponiéndose entre la puerta. Yo retrocedo hasta topar con la pared que está a mi lado. Puedo sentir mi respiración agitada – Lo siento, no quise… - me dice al percatarse que me he agitado.
Trato de regular mi respiración.
-Tengo que irme – vuelvo a repetir, mientras veo la puerta, que está justo atrás de él, ansiosamente.
-Estás alterado Konny, no puedes irte así.
-Sebastián, por favor – le suplico – solo olvida lo que te he dicho ¿de acuerdo?    
-¿Desde cuándo te has estado sintiendo así? – me pregunta. Puedo sentir nuevamente su mirada en mí, la cual he comenzado a evitar otra vez.
-Tengo que irme – vuelo a insistir.
¿Qué no entiende que no podría soportar nuevamente su mirada de lástima en mí? ¿Que su cercanía me aterraría si de pronto veo en sus ojos la mirada de Spencer?
-Konny… no te lo guardes. Solo dilo – insiste.
-No quiero. ¡Tengo que irme! - grito avanzando hacia con él, dispuesto atravesar la puerta, pero Sebastián vuelve a interponerse. Jadeo por la impotencia de no poder hacer nada al respecto - ¡SEBASTIAN! - le grito. Sin embargo, Sebastián no se mueve.
Me muerdo el labio inferior.
Creí que estaba preparado para enfrentarme a mi mejor amigo, pero me he equivocado, no lo estoy. Y sin embargo, ya no hay marcha atrás, he abierto una puerta que no se podrá abrir nuevamente y Sebastián lo sabe, es por eso que me ha pedido que confiese.
Cierro los ojos fuertemente. Es hora de enfrentar mis fantasmas esté preparado o no.
-Desde hace tres años… - murmuro.
-Sácalo Konny, no te lo guardes…
Eso mismo me dijo el licenciado Olsen horas atrás. Como si fuera tan fácil. Había estado ignorado estos sentimientos por mucho tiempo y sacarlo a la luz es algo muy doloroso. Y muy injusto ¿Por qué debería decirlos? El que se hace daño soy yo y no ellos. ¿Qué diferencia hay en decirlos y no?  Al sacarlos a la luz no harán diferencia. Ninguna. Seguiré siendo el mismo chico marcado que no vale la pena.
Y sin embargo, ahí está Sebastián, esperando que yo le dé una respuesta. No le ha bastado sentir un poco de lástima por mí. Quiere aumentarla. Si eso quiere, bien. ¿Qué más puedo perder? Nada. Ya perdí mi oportunidad de haber estado con él hace tres años. Y ahora, la volveré a perder.
-Desde que Spencer abusó de mí, desde ese día él me marcó como alguien que no vale la pena ¿sabes cómo lo hizo? Por chantaje, me dio a escoger entre mi hermano y yo, no podía permitir que Teddy pasara por eso, él tenía solo once años en ese tiempo. Y Spencer no  tenía ni tres meses con nuestra tutoría cuando comenzó con sus estúpidos chantajes…
Me deslizo por la pared con mi espalda hasta caer al piso.
-Tenía miedo, todo el tiempo tenía miedo, veía a Spencer en todas partes. A él no le importaba si lo descubrían mientras abusaba de mí, no a él le importaba más el abusar de mí ¡Dios! ¡Hasta en la cocina en pleno día! No me dejaba en paz un solo instante, me prohibía tener amigos, no me dejaba salir de la casa, se sentía mi dueño ¡y cómo culparlo! si yo le dije que me tomara, que me hiciera suyo… todo es mi culpa… yo se lo pedí… yo…
He comenzado a llorar. Duele, duele decir la verdad.
-Konny…
-Ya lo sabes – le digo viéndolo a los ojos. Esta vez no desvío la mirada, de todas formas ya sabe lo poco que valgo – eso querías saber ¿no? Saber que el Konny que alguna vez quisiste ya no existe más, que alguien más lo marcó como suyo porque él mismo se lo pidió.
-No… — murmura viéndome a los ojos – te lo pedí para que ya no te atormentes, tú no tienes la culpa.
Dejo salir una sonrisa burlona. Me levanto bruscamente secando mis lágrimas.
-Es mejor dejar de vernos – le suelto.
-¿Qué?
-Parece que le gustas a Jack – le informo, aunque probablemente ya lo sabe – deberías salir con él.
-Él no me importa, tú sí -  me afirma – yo te quiero a ti.
-Yo no – le suelto fríamente, sin importar el daño que le hago.
Es mejor así, alejarlo de mi, después de todo ¿Quién soy yo para retenerlo? Nadie. Solo una persona marcada por un idiota.
-No es verdad – me responde – no me mientas, sé lo que sientes por mí, así como también sé lo que intentas hacer. No funcionará. No lograras alejarme de ti.
-No sé de que hablas – suelto – es mejor que me vaya y olvidemos todo lo que ha ocurrido – veo la puerta ansiosamente, mientras me pregunto cuánto tardaré en llegar hasta allá.
Sebastián da un paso hacia conmigo, haciendo que yo retroceda uno. Topo con la pared nuevamente, mi amigo se acerca más a mí hasta estar frente a mí. Yo me estremezco al sentir su cercanía. Cierro los ojos al sentir su frente junto a la mía. Puedo sentir su respiración entrecortada ¿o es la mía?
Sus labios rozan los míos suavemente, para después comenzar un suave movimiento convirtiendo el roce en un suave beso. Sus labios tan cálidos rozan una y otra vez los míos. Se siente bien esta sensación.
Debo confesar que es el primer beso que nos damos de esta manera, en el pasado hubo varios besos apenas perceptibles a manera de saludos (2), que dejamos, o mejor dicho hice que Sebastián los dejara porque empecé a evitarlos.
Puedo sentir cómo Sebastián comienza a profundizar su beso y eso ha comenzado a asustarme, ya que a mi mente me vienen recuerdos de Spencer, de sus asquerosos besos. Comienzo a respirar mas agitadamente cuando siento la mano de Sebastián acariciar mi brazo.
Me tenso en demasía. Y Sebastián se da cuenta, ya que ha dejado de besarme y retirado su mano de mi brazo. Coloca su frente nuevamente sobre la mía.
-No te alejes de mí, por favor… — Me pide.
Quisiera decirle muchas cosas, pero no soy capaz de hacerlo. ¿Qué gano con decirle que espere a que yo esté listo? ¿Y si nunca estoy listo? ¿Para qué hacerle perder el tiempo conmigo? Es mejor que busque alguien más, alguien que si valga la pena.
-Tengo que irme – le susurro. Él se queda quieto unos segundos, después se hace un lado para que yo pase y salga de su departamento.
Y así lo hago. Me voy.

__________________________________


Capitulo Anterior                                              Capitulo Siguiente






No hay comentarios:

Publicar un comentario